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La Puerta de Alcalá..¡ahí está!

La Puerta de Alcalá..¡ahí está!

Hace varios años oí por primera vez "La Puerta de Alcalá" canción grabada por Ana Belén y Víctor Manuel, de los autores Bernardo Fuster y Luis Mendo que desde entonces cuenta entre mis favoritas. En fecha reciente, mi prima Ana Mercedes y su esposo Fernando estuvieron allí, ante el monumento que inspiró a los compositores; imagino que mi prima y su esposo posaran sus manos encima de alguna de las columnas, pues hacerlo habría sido casi palpar la historia y, más que eso encontrarse con presente, pasado y futuro, porque ¡ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá!
Erguida en la Plaza de la Independencia es un edificio de caprichosa belleza y ciertamente famoso, no solo para los españoles sino en otros confines. Ella, como la Puerta del Sol, próxima a la entrada al Metro de Madrid, ha sido mudo testigo de la historia hispana desde hace siglos, sus repercusiones en el Viejo Continente y, ¿por qué no?, para el resto del mundo al oeste del Atlántico.
Ratificó mi prima lo que ya conocía, que “…es uno de los símbolos de la ciudad de Madrid, es muy parecida a un arco de triunfo romano, pero se le llama así porque fue una de las cinco antiguas puertas reales que daban acceso a la ciudad.  La puerta permitía la entrada a aquellos viajeros que entraban antiguamente a la población desde Francia, Cataluña y Aragón.” Todo un ceremonial para saberse dentro del perímetro citadino. Antiguamente las ciudades europeas – muchas de ellas – estaban amuralladas y, tal vez para no perder la costumbre, se les construyeron esas puertas como para que la gente, en lugar de entrar como en algunas viviendas por la cocina o a tavés de un pasillo lateral, siempre siempre lo hiciese  por su entrada principal. ¿Ritual? ¿Solemnidad? ¿Razones de seguridad? ¿Lógica medieval con cierto recato neuro-compulsivo? ¡Vaya usted a saber!
Su diseño y construcción datan de 1776, encomendados al arquitecto italiano Francesco Sabatini a solicitud del monarca Carlos III, cuyo nombre aparece inscrito en parte superior del majestuoso monumento. Sabatini llevó a cabo unas cuantas encomiendas de la corona hispana, por eso es nada extraño hallar su huella en muchas edificaciones madrileñas que llegaron a nuestros días.
Hubo una Puerta hecha de ladrillos, aunque no precisamente donde está la de nuestros días, erigida en fecha tan lejana como 1599 para dar la bienvenida a la princesa Margarita de Austria, esposa de Felipe III.
En cuanto a su nombre… bueno, eso se debió a estar exactamente frente al camino que conduce a la ciudad de Alcalá de Henares, dato que consulté en una Enciclopedia.
Los españoles se habían inspirado en una anterior iniciativa italiana manifiesta en el Fontanone del Janicolo de Giacomo della Porta, y Napoleón Bonaparte no quiso quedarse atrás; por eso en 1806 mandó construir el Arco de Triunfo de París para sus entradas triunfales a la capital gala.
Lo que no supieron Napoleón ni Carlos III ni Felipe III es que sus magnificentes puertas y arcos, aparte de haberse prestado - sin conciencia, claro está - a sus ambulatorias quimeras de fanfarria y poder, ya no pertenecen a aquellos tiempo y de cierta manera los trascienden como testigos silenciosos de conflictos generacionales acontecidos en diversas épocas de la historia europea.
Un buen día los jóvenes tomaron la iniciativa. Lo hicieron impetuosamente en los convulsos años 60s – y lo han hecho y harán siempre como portadores de la inconformidad y el aire renovador  – para convencer de cómo se olvidó la Puerta de Alcalá de sus vetustos progenitores. Como una vez se irguió símbolo de la truncada República Española, aplastada por el fascismo, también se colmó de una juventud cansada de historias pasmadas y harta de pingües ensoñaciones, para gritar junto con ellos mientras los decadentes y desinflados histriones de la rimbomba se agolpaban asustados - aunque agresivos - como cofradía convocada por el diablo…
“…Todos los tiranos se abrazan como hermanos / exhibiendo a la gente sus calvas indecentes… /… doscientos estudiantes / inician la revuelta, son los años 60. / Y ahí está, ahí está, la Puerta de Alcalá / Ahí está, ahí está / viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá...”
Hay cosas aparentemente viejas que se hacen nuevas. La puerta de Alcalá es una de ellas, por eso… ¡ahí está viendo pasar el tiempo! ¡Ahí está!

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