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Julián tendrá siempre 30 años

20130906005421-1378235644julian-orestes-chaviano-gonzalez.jpgAquel jueves 5 de septiembre de 1957 aún no despuntaba el Sol cuando Julián, vestido con su uniforme de marinero se disponía a partir para Cayo Loco, en lo que parecía ser otra jornada rutinaria.Se despidió de su esposa y fue a la cuna donde dormía su pequeña hija, próxima a cumplir los tres años, se inclinó hacia ella, besó su frentecita y mucho llamó la atención de su joven pareja que cuando él se disponía a salir regresó y volvió a mirar con ternura a su niña. Luego abrió la puerta de su pequeño apartamento de Punta Cotica, sin imaginar o tal vez presintiendo que no regresaría más.Julián Orestes Chaviano González nació el 28 de enero de 1927 en una casita de Barajagua, zona rural próxima al municipio de Cumanayagua, en la antigua provincia de Las Villas. El más joven de varios hermanos se trasladó poco después a Cienfuegos, lugar donde sus padres decidieron marchar buscando mejores oportunidades económicas. Creció en una vivienda aledaña a la Calzada de Dolores, y tuvo que limpiar zapatos y vender periódicos para sobrevivir, pues la orfandad lo sorprendió muy temprano.Como tantos jóvenes de su época que no encontraban trabajo, decidió incorporarse a la Marina de Guerra varios años antes del fatídico cuartelazo batistiano de 1952. Como su generación entendió lo ilegal y brutal del hecho, pero al igual que muchos compañeros de armas, al menos circunstancialmente, tuvo que permanecer en silencio.El 5 de septiembre de 1957, al salir de su apartamentico y dejar en él a su esposa y su pequeña hija, Julián, con 30 años cumplidos entró en la historia de la Patria para incorporar su nombre a la lista de sus héroes y mártires.Desde entonces solo se supo de él, de un furtivo encuentro en el anochecer de la gesta de marinos y civiles cienfuegueros, cuando mientras patrullaban el capitán de la Cruz Roja Roberto Fortún Fargas y el también miembro de dicho cuerpo Alfonso Sust Valdespino, se oyó desde la cama de un camión una voz que gritó: “Alfonsito, dile a mi hermano Oscar que estoy vivo y que me hicieron prisionero”.El amigo trató de conversar más con Julián, pero la soldadesca batistiana se lo impidió. Horas más tarde, después de la medianoche, el mismo camión con varios revolucionarios prisioneros puso rumbo a la antigua Jefatura de Policía ubicada entonces en el edificio el Ayuntamiento (sede hoy del Poder Popular Provincial), frente al emblemático Parque Martí.Momentos después allí mismo se escuchó un ensordecedor ruido de ametralladoras. Los miembros de la Cruz Roja intentaron penetrar, pero los esbirros del Tercio Táctico de Matanzas se lo impidieron.Julián y varios de sus compañeros revolucionarios miembros del Movimiento 26 de Julio cayeron asesinados alevosamente. El luto se apoderó de casi todos los hogares cienfuegueros porque el dolor por tanta sangre derramada fue más que razón de duelo hasta para quienes no perdieron ningún familiar.El pueblo de Cienfuegos escribió aquel día una página gloriosa; muchos de sus más valerosos hijos entregaron su preciosa sangre para acrecentar el color rojo que rodea la estrella solitaria de nuestra enseña nacional.Los mártires no perdieron sus vidas: la ofrendaron a la Patria. Desde aquel día Julián Orestes Chaviano González tiene para siempre 30 años.
Jueves, 05 de Septiembre de 2013 18:54. Autor: Alfonso Cadalzo Ruiz #. Cienfuegos de mis amores

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