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Camilo, la humanidad de su grandeza

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Es una tendencia natural de todo ser humano mitificar a sus héroes. Las dimensiones de su pensamiento, integridad, coraje y entrega sin límites a los ideales que les impulsaron a exponer sus vidas, son razones para que les veneremos con esa mirada respetuosa y agradecida, para considerarles seres más allá de la condición espacio-temporal a que la existencia material nos limita.

Sin embargo, forma parte de la salud histórica de los pueblos que concibamos a los héroes y mártires, su paso por la existencia y sus motivos de entrega, en el contexto humano latente en cualquier persona, por espontánea y sencilla que parezca, o realmente sea.

Camilo Cienfuegos, el expedicionario del Granma; inseparable y leal a Fidel; aguerrido, disciplinado, de carácter noble y afable, dado a las bromas en el momento oportuno; el hombre de una sonrisa destilante de cubanía inmensa y generosidad sin límites fue, desde la grandeza en que lo recordamos, un ser humano como cualquiera de nosotros. 

Aquel joven hijo de padre y madre emigrados españoles, nació y creció jugando pelota, corriendo, empinando papalotes y estudiando con el ansia de aprender, en la barriada habanera de Lawton. A la edad de 16 años las injusticias de la Cuba de entonces lo impulsaron a la lucha política contra el latrocinio seudorrepublicano y poco después fue a México donde conoció a Fidel, Raúl, el Che y todos aquellos jóvenes con quienes compartió la lucha redentora.

Su historia la conocemos; aun más, la veneramos y nos demuestra cómo entre nosotros, inclusive entre personas cuyos nombres desconocemos, existe un Camilo que trabaja en un taller o en una cooperativa agrícola; es médico en nuestros hospitales y en misiones en otros pueblos, y viste con orgullo el uniforme de soldado de la Patria.

Por eso y mucho más Camilo está en todas partes.Razones más que suficientes para que una de nuestras instituciones forjadoras de soldados revolucionarios lleve el honroso nombre de Escuela Militar “Camilo Cienfuegos”. Allí se forman nuestros “Camilitos”, y cada uno de ellos deviene réplica del “Señor de la Vanguardia” como con merecimiento lo recordamos.

Camilo se manifiesta cada día en la sencillez de nuestra gente; en la manera como un deportista, un joven dado a las bromas, hombre o mujer, ama, trabaja y se supera, y que tocante a la Patria se alista implacable al combate contra el enemigo que intente agredirla; porque esos jóvenes aman a la Patria como se ama a una madre; como en su momento lo hizo Camilo en el Granma, la Sierra Maestra y al frente de la Columna 2 “Antonio Maceo” en la invasión de oriente a occidente.

Jóvenes y quienes no lo son tanto por su edad; lo mismo hombres que mujeres; con un celular al cinto o ante una computadora abriendo más horizontes a su saber; en una pista de baile; en el aula, el surco, el taller, la escuela al campo, hospitales, en el quehacer artístico y la trinchera. En esa humanidad sencilla de haceres cotidianos el hombre de las mil anécdotas pervive y se multiplica a diario.

Así seguirá siempre, acompañándonos de la manera más hermosa de perpetuarlo en la memoria y afanes de cada minuto. Camilo sigue junto a nosotros, siempre inmortal. Así nos acompaña en la humanidad de su grandeza.

Domingo, 28 de Octubre de 2018 14:33. Autor: Alfonso Cadalzo Ruiz #. Pensando en letra de molde

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