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Simóm Bolívar y Hugo Chávez, luces de la integración latinoamericana

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En ocasiones la historia muestra coincidencias caprichosas. Así resulta la proximidad de fechas que unen a seres humanos semejantes en ideas, aunque en épocas distintas. Los tiempos no cuentan; lo valedero es el motivo inspirador de cada momento y su entrega absoluta. 

De Simón Bolívar escribió José Martí: “En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella; ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño y la tiranía descabezada a los pies!” (1)

 El continuador de su causa, Hugo Rafael Chávez Frías, se identifica con Bolívar en el ímpetu incansable con que pensó, decidió y actuó como continuador de su causa: la liberación definitiva de todos los pueblos latinoamericanos y su integración, concebida como liberación de cuanto yugo externo e interno les amordace, así como el reencuentro a partir de un origen y cultura comunes. Ambos entendieron que una América Latina dividida y fragmentada, jamás podrá ser una región de seres humanos libres, al tiempo que imposible la  reivindicación social, el desarrollo económico y la integración regional – entendida ésta como la complementariedad económica y cultural asentada en la mutua ayuda solidaria.

 Bolívar pensó y se entregó a luchar por una América Latina independiente y unida; Chávez pensó y se entregó por el mismo ideal en una nueva realidad histórica. Bolívar empleó las ideas y la espada; Chávez también las ideas, demostrando la posibilidad de una transformación emancipadora pacífica, sin que ello denotara renunciar al campo de batalla en caso de que fuese necesario.

 Con el nacimiento de Chávez, Bolívar reinició su andar por nuestras tierras latinoamericanas y caribeñas. La irrupción de Chávez en la historia venezolana y latinoamericana fue una sacudida definitiva a la conciencia de todo un continente; estremecimiento que durante el siglo XX tuvo precursores de la talla de Augusto César Sandino en Nicaragua; movimientos emancipadores en diversas partes de la región, y la existencia de Cuba bajo la guía de Fidel y Raúl como faro inspirador de libertad. La Revolución Cubana ha sido punto de partida en el reinicio de esta batalla por la independencia; las dos Declaraciones de La Habana y los encuentros de la OSPAAL (2) constituyen expresiones de los principios independentistas e integradores para una parte irredenta del mundo.

 Aquí están para siempre Bolívar y Chávez; en estas jornadas con los posibles altibajos de todo devenir histórico, pero inexorablemente en indetenible andar de presente y futuro.

 Como expresé al comienzo, en ocasiones la historia muestra coincidencias caprichosas. El hecho de que Simón Bolívar naciera el 24 de julio de 1783, y Hugo Rafael Chávez Frías el 28 de julio de 1954 nos hace pensar que la cercanía de los natalicios – 4 días, aunque a la distancia de 171 años – indica la coincidencia de ideales concebidos hoy en nuevas circunstancias históricas. Ambos son luces de nuestra integración, la de esta humanidad que echó a andar y no se detendrá jamás. 

(1) José Martí, Obras Completas, 1953, Vol. II, pp. 72-73-74

(2) Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), 12 de enero de 1966 que nace a partir de la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana, contra la ya acechante globalización del neoliberalismo capitalista, y en pro de una integración de los países subdesarrollados.  

Miércoles, 23 de Julio de 2014 21:40. Autor: Alfonso Cadalzo Ruiz #. Actualidad

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