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La Radio por dentro

La locución: imagen de la Radio

La locución: imagen de la Radio

Este primero de diciembre celebramos una vez más en Cuba el Día del Locutor. En cada una de estas ocasiones escribo algo acerca de la fecha por tener la convicción de que estos profesionales de la palabra son acreedores de un elogio que nunca alcanza la altura de lo que merecen. Esta vez no pretendo seguir los caminos trillados del elogio ni de la complacencia "efemeridicista" - ¡vaya con ese neologismo! - que lamentablemente muchas veces se torna para nosotros en vocablo hueco que contrario a adjudicarle a cada hecho o conmemoración su genuina trascendencia tiende a tornarse retórica diletante y aburrida.

A la luz de cierta experiencia vivida, aunque convencido de que no la suficiente, prefiero reflexionar acerca de la función de la locución en cualquier sociedad - no solo la nuestra - como coadyuvante en la formación de valores a la par que difusora de informaciones de todo género.

En primer lugar, las locutoras y los locutores - respetando la válidad cortesía de género - constituyen paradigmas de toda sociedad; significa que son puntos de referencia en cuanto a modos y modas, motivación para el análisis y catalizadores para el ejercicio sano de la inteligencia. Al menos así resulta en la mayoría de los casos, salvo aquellos donde la profesión u oficio (ambos términos plenos de dignidad) se ciñe a la superficialidad y búsqueda de protagonismos enajenantes.

Si repasamos la historia de la Radio en cualquier parte del mundo, caeremos en la cuenta de que el medio nació en primera instancia con un micrófono, un transmisor y una voz. En sus orígenes la Radio desconocía la existencia de productores o directores de programas, guionistas, realizadores de sonido o de la criollísima invención del asesor. En las primeras transmisiones el único componente humano era el locutor o la locutora que hacía las funciones de operador de audio. Aplaudiendo el desarrollo y la complejidad del medio, fue que gradualmente aparecieron los demás actores. En un primer paso los locutores respiraron profundo con la aparición de los operadores de audio, quienes evolutivamente complejizaron su quehacer, muchos de ellos, hasta convertirse en realizadores de sonido, seres de talento capaces de hacer maravillas con los efectos sonoros, la música y el silencio.

Los locutores fueron los primeros guionistas; llevaban el guion en su mente, y la cotidianidad les proveyó cada vez más las herramientas para buscar y encontrar formas de expresión comprensibles para un mayor número de personas. Fueron, a la vez, productores musicales: ellos mismos confeccionaban las listas de música con balance de géneros y amplio conocimiento de intérpretes y autores. Jamás han sido infalibles, es cierto, pero son numerosos los ejemplos de quienes llegaron a ser, y son, personalidades de la radiodifusión.

En cualquier estación de radio, son las locutores y locutores quienes le adjudican un rostro humano. Aclaro que no he sido ni soy locutor, y por ello me siento en una condición más cómoda para expresarme de este modo. A todos los demás radialistas se les respeta y admira, pero son los profesionales de la palabra, con la cotidianidad de sus voces, los de mayor reconocimiento social. Pudiera decir que los locutores son la punta del iceberg en cada medio de comunicación; son la parte visible, y por ello los más socialmente admirados.

Paradójicamente, en cualquier país del mundo - incluyendo al nuestro - son también los menos retribuidos en el orden monetario, y lo digo no por un encriptado culto al dinero, sino porque el grado en que se aporta a una función, sea cual fuere, debe traducirse en una retribución justa y equilibrada. La calidad y la excelencia debieran reflejarse, además, en la retribución. Negarlo sería caer en concepciones aberrantes. Ese aspecto deberá ir siempre en correspondencia con el nivel profesional, la complejidad de lo que se hace, así como de los valores y la imagen social proyectada.

Es un quehacer donde se juntan el talento, la fisiología y el arte.

Hoy que nuestro país demuestra su auténtica e irreversible naturaleza revolucionaria, cuando junto con la valentía y firmeza de nuestra más alta dirección nos disponemos a poner cada cosa en su justo lugar, considero que nuestras locutoras y locutores deben ser tenidos en cuenta como prioridad cardinal para un reconocimiento material a la misma altura del que moralmente reciben.

Estas compañeras y compañeros que a cada instante son voz de la Patria, del Pueblo y de su Revolución, justamente lo merecen.

¡Muchas Felicidades en su Día!

CMHW: Machado González y la Radio que ama

CMHW: Machado González y la Radio que ama

En CMHW la Reina Radial del Centro todos conocen, respetan y admiran a Machado González; sentimientos igualmente manifestados por el público que desde hace décadas escucha los programas que ha dirigido y varios que todavía escribe.
Tal vez pocos sepan – entre el auditorio – que se llama Mauricio José, aunque le queda artísticamente bien haberse dado a conocer por sus apellidos.
Mauricio José Machado González es un profesional de la Radio Cubana que ama su labor; tanto, al extremo de que luego de su jubilación sigue colaborando de diversas maneras con la radioemisora que tanto ama.
Lo conocí personalmente a mediados de los 80s cuando iniciándome como director de programas en la plantilla de Radio Ciudad del Mar visité CMHW a sugerencia de Fabio Bosch Jr para solicitar su ayuda en varios temas instrumentales para mis espacios.
Le hablé por teléfono y tan pronto llegué a Santa Clara ya estaban listas varias cintas con las piezas. Desde aquel momento me percaté de que unido a su vocación por el medio radial también prevalece un carácter amistoso, solidario y de servicio. Este radialista admirable desconoce el egoísmo.
Para él, como para la mayoría de los buenos radialistas, la llegada a este medio no resultó cosa fácil. Nacido el 22 de septiembre de 1939 en el municipio de La Esperanza, antes de poder convertirse en plantilla de CMHW laboró como Auxiliar de Contabilidad en su pueblo natal y, posteriormente en las oficinas de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) del municipio de Cruces. Luego en Santa Clara las esferas Ideológica y de Organización de la misma entidad campesina, esa vez a nivel provincial.
Desde 1961 empezó a colaborar en la Radio como locutor y productor de programas, en aquellos tiempos en la CMHK de Cruces. Fueron aquellos años siempre bien recordados por quienes los vivieron, cuando hacer Radio era una pasión despojada del menor afán monetario.
Actualmente su labor en la Radio acumula poco más de medio siglo, tiempo dedicado a labores en la locución, producción, dirección y la escritura de guiones. Una vez fue designado Subdirector Provincial de Programación, Divulgación y Música en el Sistema Provincial de la Radio en Villa Clara.
Me ha comentado que desde los años 50s le nació la vocación hacia la Radio, entonces cuando era solamente un oyente habitual; aquel interés, pronto convertido en pasión, lo llevó a visitar varias emisoras en Santa Clara, donde realizó sus pininos. De aquellos tiempos recuerda la Radio Base – como llamamos en Cuba a servicios de radio no transmitidos, sino reproducidos por sistemas de amplificación - de su municipio natal (La Esperanza).
Como hombre que suma a sus virtudes la gratitud, siempre recuerda y menciona nombres de radialistas que le dieron la mano en sus comienzos; así rememora a Orlando Pérez González en la Radio Base de La Esperanza y a Fabio Bosch García, destacado locutor y director de programas de CMHK en Cruces y posteriormente en la propia CMHW.
No todo en su vida radial ha sido color de rosa. Como muchos ha padecido la incomprensión de algunos directivos que en determinados momentos – los menos, por suerte, según afirma – no entendieron sus proyectos o algunos temas en discusión.
De amor sin medida por su profesión entre lo que más le preocupa cuentan la coherencia y disciplina que deben reinar en cada colectivo de programa. Está convencido de que resulta imposible alcanzar una buena realización, independientemente del talento de sus miembros.
Su estilo de trabajo se ha caracterizado por la exigencia constante y el propósito de aprender algo nuevo cada día para así mejorar su condición empírica inicial.
Muchos años tuvo a su cargo el guion y la dirección del programa "Mañanitas Mexicanas", así como "De Nuestra América", y otros especializados en la música cubana. Quise conocer sus motivaciones acerca de estos géneros de programas, y me respondió textualmente:
- Yo creo que esto se debe a un concepto de identidad cultural, nosotros somos un gran pueblo del Bravo a la Patagonia y me parece que ese sentido que nos identifica a todos como latinoamericanos se ha impregnado en el caso mío en la difusión de esta música, de sus costumbres, de sus valores, su geografía, su historia, y realmente yo me he sentido muy bien haciendo este tipo de programas en los cuales he alcanzado cierta especialización. En el caso de la música cubana, un espacio que nosotros creamos llamado "La isla de la música" en el cual se destacan nuestros ricos valores, géneros desde el Son, el Danzón, el Bolero, el Cha Cha Cha, el Mambo y los ritmos más contemporáneos, todo esto con entrevistas a intérpretes y autores, y a todo el que tuviera que decir algo en relación con la música cubana.
Machado González es también un formador de nuevas generaciones de radialistas, profesión para la que se debe contar con ciertas cualidades. Y confirma en este diálogo con el Portal de la Radio Cubana:
- Yo pienso que en primer término, la vocación, el interés por superarse y el talento, son indispensables para ser un radialista. Deben desarrollarse a tono con los tiempos que vivimos y nunca creerse que se las saben todas. Siempre se puede aprender algo más en un medio tan rico y tan diverso como este. No podemos seguir haciendo la misma Radio de los 50s y décadas posteriores, eso sí: aprovechar los elementos positivos e incorporar los novedosos para hacer un producto consecuente con nuestro tiempo.
En relación con la importancia del guion en la radio expresó:
- Considero que el guión es fundamental, defiendo el concepto de guión, pero a la hora de hacer un guión trabajo primero con la música y a partir de ella vienen las ideas para hacer el guion, trabajar con el guión que debe de ser comunicativo, no denso, tener la agilidad necesaria y despertar el interés en los oyentes, ya sea con un solo locutor o mediante el diálogo de locutores entre sí y con el público. Y siempre hay que buscar el punto de interés para que siempre pueda ser audible.
Este profesional de primera línea ha participado como profesor en cuatro cursos con más de 50 alumnos quienes hoy se desempeñan como directores de programas de radio en emisoras de Villa Clara.
Mauricio José Machado González ha recibido reconocimientos a su virtud profesional, entre ellos "Artista Distinguido de la Cultura", "Medalla Raúl Gómez García", "Sello 85 Aniversario de la Radio Cubana", "Premio Rolando Rodríguez Frenes por la Obra de la Vida" y un Reconocimiento de la Asociación Cubana de Derechos de Autores Musicales por la difusión en la Radio de la música cubana. Un aval más que suficiente para afirmar cuanto ama a la Radio Cubana y le ha entregado este eminente radialista de la central provincia de Villa Clara.

Los colectivos radiales y su comunicación interna

Los colectivos radiales y su comunicación interna

Desde hace años se insiste en la realización eficaz de las reuniones de los Colectivos de Programas de Radio. Cierto que muchas veces me molesta la exigencia de los superiores en cuanto a su realización, y esto por dos razones: el colectivo de cada programa de Radio es, ante todo, interés de sus miembros; la otra, que no se trata de darle "cumplimiento" a una tarea, de" aclichetar" un propósito que tiende a volverse manido y hasta aburre.
En fin, ese "cumplimiento" que lamentablemente a veces se torna en un "cumplo y miento".
Los colectivos de programas de Radio no deben hacerse de manera fría, como si se quisiera salir del paso, levantar un acta con logros y deficiencias y luego entregarla para que muchas veces quienes las reciben ni las lean.
El colectivo de programas es – o debe de ser – interés capital de todas aquellas personas que de una u otra forma participan en la realización; desde guionistas, realizadores técnicos, locutores, asesores y directores de programas. Si a sus miembros – o alguno de ellos – no les motiva hacer un colectivo para analizar el trabajo concluido y las pautas para lo venidero, entonces algo funciona mal. ¿Dónde? ¿A qué nivel? Vale la pena averiguarlo.
La comunicación interna es un factor de primer orden para que todo fluya debidamente en cualquier entidad, y de ello no están exentos los programas de radio individualmente, la programación en general y todas las dependencias de las radioemisoras.
En primer lugar el colectivo de programa – ya lo expresé – es un medio de comunicación interna. Si esa comunicación fluye debidamente, el producto radial será óptimo. Lo otro es que debe realizarse con espíritu crítico y constructivo, al decir en cubano "a camisa quitá’" para reconocer con sinceridad las deficiencias y proponer vías de solución.
Ahora bien: los Consejos de Programación, ¿por qué no dedicarlos a razonar los resultados de cada colectivo de programa? Si en conjunto de modo ampliado se analizan los puntos favorables y en especial los lados "flacos" del trabajo diario, entonces las reuniones, además de ser productivas, estimularán a quienes participen en ellas.
Los encuentros del colectivo – llamémosles así para desterrar el manido "reunionismo" – no son otra cosa que contactos operativos y prácticos, sin ambages y de objetividad específica para evaluar lo alcanzado y proyectar lo nuevo; siempre llevando a letra escrita cuanto se señala y todo lo acordado. No fiarse jamás a la memoria. Luego llevar todos los puntos de vista y posibles soluciones al Consejo de Programación para deliberar entre todos. Siempre van a aparecer nuevas y mejores soluciones.
Tanto el Colectivo de Programa como el Consejo de Programación constituyen encuentros de trabajo, no foros para teorizaciones ni presunciones individuales; aspectos ambos, más que aburridos, malsanos. Ahí toca también el necesario cambio de mentalidad convocado por la dirección de nuestro país.

Publicado por el mismo autor en www.radiocubana.cu

La radio y sus públicos

La radio y sus públicos

En el mundo de la Radio, cada vez que ponemos una idea en marcha pensamos en dos elementos clave: el "qué" y el "cómo". Ambos son inherentes a todo proceso creacional, independientemente de los muy discutidos puntos de vista sobre si la radio es - o no – un producto artísticamente elaborado.

Tras las respuestas a dichas interrogantes se impone caer en la cuenta de cuál va a ser el destinatario, es decir, el público al que dirigimos el producto radial, llámese programa (incluyendo los noticiarios) o mensaje publicitario.

En verdad todo esto – las claves y el conocimiento del destinatario – constituyen procesos simultáneos que únicamente se mencionan por separado como recurso de abstracción para su estudio. Son procesos interdependientes.

Es muy importante conocer el destinatario (o los destinatarios), pues a partir de ese presupuesto se toman en cuenta aspectos como el ritmo de desarrollo del espacio, los tonos de las voces a emplear, su dramaturgia, el tratamiento de fondos musicales – si lo amerita –, así como las producciones musicales mismas, si es que el proyecto concibe la difusión de tales.

Todo lo anterior es válido para lograr coherencia y unidad radial en correspondencia con el proyecto del programa, pero... ¿existe algo más a considerar? Me parece que sí.

El destinatario del programa es, desde el punto de vista corporativo, el público objetivo: el consumidor. Es lo que se denomina en la ciencia organizacional el "target". Un estudio previo y con el mayor rigor científico – en profundidad y sin improvisaciones – puede darnos exactamente esa información como recurso para implementar la acción subsiguiente.

Quizá algunos se molesten con esto que reflexiono, pero a ciencia cierta la puesta en marcha de un proyecto radiofónico constituye, además del desarrollo de una inquietud creativa, el empleo de recursos materiales y humanos que siempre debieran significar inversión, y jamás gasto.

No se trata de llamar a imponer un "economicismo" en la Radio que, lejos de optimizar pudiera tender al simplismo y la mediocridad sacrificando cualquier proyecto loable en aras del "no gastar". El "economicismo" es aberrante; lo válido es el análisis de la viabilidad económica en función del cumplimiento de cada objetivo.

Regresando al tema del "target" o público objetivo, siempre debemos poner luz larga en nuestra relación con el público general; los niveles de realización necesitan que ese público general sea tomado en cuenta. ¿Por qué? Porque siempre se nos escuchará por un público increíblemente más amplio que aquel al cual nos dirigimos en particular.

Si el programa – desde el guion hasta el último detalle – posee atractivo y buen gusto, con certeza ampliaremos el espectro de nuestra radioaudiencia. Además, el público general puede convertirse en un excelente agente de difusión de nuestro producto radial en sectores del "target" que desconocen la existencia de un espacio destinado a ellos. Viene a ser, si la comparación es lícita, nuestra gestión de "marketing" radial.

Es lamentable que en muchas ocasiones se sacrifique – mejor dicho, se ignore de plano – al público general en aras de restringir la realización a un público objetivo.

Apelando a factores psicológicos, no ignoremos que individuos de públicos que no tomamos en cuenta pueden interesarse en nuestros productos radiales. De la misma manera que a gente joven le fascina lo "retro", existen grupos de edades a quienes les interesa lo novedoso, incluso la llamada "new age".

¿Qué hacer entonces? Crear y hacer Radio, estudiar los públicos y sobre todo elaborar programas y mensajes de calidad creciente en función de los intereses y necesidades del mayor número de destinatarios. Tener en cuenta los públicos objetivos – destinatarios específicos – sin olvidar que cuando un programa sale al aire puede recibir aceptación o rechazo por cualquier público, sea o no al que destinamos nuestro quehacer.

Radio CMBF en Ángel Vázquez Millares

Radio CMBF en Ángel Vázquez Millares

Dialogar con el Maestro Ángel Vázquez Millares es una experiencia interesante. Fuimos presentados en una calurosa tarde del año 2012 durante una visita realizada por quien escribe a CMBF Radio Musical Nacional, emisora emblemática de la Radio Cubana.

Vázquez Millares, además de los programas que conduce plenos en didactismo y buen gusto, posee una copiosa historia para contar acerca de sus quehaceres en el ámbito radiofónico. De voz, timbre y entonación inconfundibles por su seguridad al expresarse y más que probados conocimientos musicales, me parece poco dedicarle solamente estas líneas, labor de ampliación para la cual invito a colegas avezados en la investigación. Vázquez Millares es el profesional del día a día, de la cotidianidad, con criterios firmes, desprendido al mismo tiempo de ínfulas protagónicas, como ocurre con los artistas en verdad geniales.

Conversar con él me parece una manera de felicitarlo a él mismo y a todas las personalidades que han dejado su impronta en CMBF, precisamente en este año de su aniversario 65 de fundada.

Ángel Vázquez Millares inició su vida en la radio a la edad de 18 años, en 1956, debutando en la emisora Radio Capital Artalejo ubicada en el edificio "Atlantic", donde actualmente está la sede del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC); la radioemisora ocupaba un local de escasas dimensiones.

De allí empezó a trabajar en Radio García Serra, emisora con un local de igualmente reducido espacio, que estuvo instalada en Prado 260. En ambas estaciones realizó programas de música especializada. De sus primeros tiempos en la estación propiedad de Arturo Artalejo me comentó que allá tuvo un programa titulado "Crítica musical con la manga al codo", con media hora de duración en el cual hacía críticas de los espectáculos del género presentados entonces en La Habana a cargo de Pro Arte Musical y la Filarmónica de La Habana.

En 1959 pasó a trabajar en Radio García Segura, donde presentaba óperas y zarzuelas en un programa patrocinado por la cerveza Polar. Se trataba de programas que no tenían guion, sino puramente vivenciales, donde incluía fragmentos musicales. Al mismo tiempo fue crítico de la Sociedad de Música de Cámara. Según él, allá mismo, en Radio García Segura, Pedro Machado Castillo tuvo un espacio para difundir la música sinfónica.

Obvio que la afición hacia la crítica musical no le llegó de buenas a primeras; es un interés que comenzó a inquietarle desde que la niñez. Hijo de un español amante de la zarzuela, con quien iba a las funciones en el Teatro Martí, el Teatro Nacional (hoy Teatro García Lorca) y al Teatro Principal de la Comedia, situado al lado del Hotel Sevilla en el parqueo. Aquella inclinación musical estuvo completada con las escuchas de la radio en casa, sobre todo de los cuplés, de los cuales recuerda intérpretes tan brillantes como Conchita Piquer e Imperio Argentina. En medio de semejante ambiente, casualmente oyó sinfonías y empezó a perseguirlas.

En 1948 Goar Mestre fundó CMBF. Menciona, al referirse a radioemisoras difusoras de cultura, la CM2, del Ministerio de Educación, bien poco mencionad, en su opinión personal.

De los grandes acontecimientos de CMBF, el Mtro. Vázquez Millares recuerda que en 1969 se estrenó el espacio titulado "Movimiento Sinfonía" dedicado a la Orquesta Sinfónica Nacional, programa que tuvo a su cargo. De modo simultáneo conducía en Radio Progreso, de lunes a viernes entre las 5 y media y 6 de la tarde el espacio "Maestros de la Música", que salía al aire los domingos con una hora de duración. Para ese entonces él ya escribía los guiones mientras que el destacado locutor López Gómez se ocupaba de la conducción.

Actualmente Ángel Vázquez Millares tiene a su cago un programa de media hora dedicado a la ópera cuya primera salida al aire es a las 10 de la noche con retransmisión al día siguiente a las 5 de la tarde. Los domingos, también en CMBF, transmite una obra operística completa a las 2 de la tarde en su reconocido espacio "Teatro de la Ópera". Cada domingo a las 9 de la noche podemos conocer y disfrutar de su espacio "Zarzuelas y Operetas", sin dejar de mencionar "Palco en la Ópera" a través del Canal Educativo.

En nuestra oportuna y algo extensa plática reveló que durante 3 o 4 años cursó estudios de piano, empresa de la cual desistió al convencerse de que no sería jamás pianista. En cuanto a otros estudios recuerda los de Historia de la Música y Estética, entre otros.

Me atrajo la curiosidad cuando le oí decir de sus primeros programas de crítica musical que carecían de guion, como él mismo afirmó: "plenamente vivenciales". Al insistirle en la pregunta me dijo que "el guion no se hacía antes, nadie pedía guion para pagar. El guion se ha convertido en vale de cobro". Acto seguido expresó que "hay quien necesita el guion, y no le parece lógico que a todos se les exija el guion, necesite o no; que si no hay guion, entonces hay quienes consideran que el programa no se hizo; algo así como el problema en el papel, como el tren de lavado (antigua lavandería) de los chinos: "papelito jabla lengua".

Más adelante le pregunté por el trabajo de los asesores de programas, a lo cual me respondió que "el asesor se usa cuando hace falta. No entiende que sea asesorado por quien no entiende de lo que él habla. Botellas radiales – así califica esos casos – y afirma que cada cual debe tener ética para saber si puede o no desempeñar un cargo.

Para un profesional que lleva 57 años en la Radio, cabe preguntarle qué constituye para él este medio, a lo que me respondió de manera tácita:

-Mi vida. Gracias a la Radio sé música clásica.

Pienso, y tal muchos coincidan conmigo, en que se puede coincidir o en parte o en todos los puntos de vista de este radialista de trayectoria excepcional y respetable; aunque sin la menor duda y desde su propia óptica, son opiniones sustentadas en una experiencia y competencia que nadie o pocos serían capaces de cuestionar. El Mtro. Ángel Vázquez Millares es una autoridad en el ámbito del quehacer y la crítica musical de la Radio Cubana.

Lázaro Aguiar, radialista de buen humor

Lázaro Aguiar, radialista de buen humor

Está por contarse la primera vez que haya visto serio o enojado a Lázaro Aguiar Hernández y no por ello, como a todo ser humano, le asaltan una que otra preocupación o conflicto por resolver. Lo cierto es que durante cuatro décadas compartiendo y departiendo en nuestro quehacer radial, Lázaro siempre ha sabido poner el toque propenso a la sonrisa ante cualquier problema por serio éste sea; eso sí, asumiendo en la práctica toda la seriedad que cada momento ha reclamado. Una de las razones por las cuales este radialista cienfueguero nacido en el municipio de Palmira, es un ser apreciado y querido sin excepción por todos sus compañeros y compañeras.
Al buen humor se le añade talento, pues además de realizador – ya jubilado – laboró en muchas ocasiones como director de programas, siendo poseedor de un prodigioso oído musical y memoria auditiva. No en vano fue durante muchos años el realizador de programas tan complicados como El Guateque Campesino, Con los Grandes de la Música y la programación dramatizada de Radio Ciudad del Mar. No hay director que deje de afirmar que en cuestiones de lograr un buen producto radial, ha habido que contar con él.
Su historia en la Radio Cubana se remonta a 1969 cuando, egresado del Servicio Militar, comenzó a trabajar en la otrora emisora regional Radio Tiempo, de Prado y San Carlos. Desde el diario práctico fueron afinándose su talento artístico y sensibilidad creadora; por eso Lázaro no se conformó con su puesto de trabajo: el amor por la Radio lo impulsó a seguir profundizando en conocimientos. Ya en 1979 se le dio como tarea durante un año fungir como subdirector general y jefe de transmisión de la emisora. Este radialista, fundador del Sindicato de Trabajadores de la Cultura, fue evaluado como director de programas de radio. Por su experiencia resultó uno de los miembros de la Comisión de Evaluación Artística para la Radio en las provincias centrales, incluyendo a Ciego de Ávila.
Laureado en festivales de la Radio Cubana, una de esas ocasiones en 1992, se convirtió en el primer realizador de sonidos de Radio Ciudad del Mar en obtener un Gran Premio y un Primer Premio en el Festival Nacional de la Radio.
Lázaro Aguiar es un artista revolucionario de talla completa; combatiente internacionalista en Angola de 1986 a 1988; merecedor de la Distinción “Raúl Gómez García” de la Cultura Cubana; Sello 80 Aniversario de la Radio Cubana; Orden 25 Años del Poder Popular y Micrófono de la Radio.
Hace unos días, durante una de nuestras frecuentes conversaciones se me ocurrió preguntarle qué representa la Radio para él. No lo pensó para responderme que “toda una vida”.
También apelé a su experiencia de más de cuarenta años para conocer su punto de vista sobre lo que le falta a nuestra Radio.
-    Mayor conocimiento de sus directores sobre los horarios, composición cultural de la radioaudiencia y conocer, al menos elementalmente, el factor demográfico, así como tener en cuenta al adulto mayor por sumar un sector importante de los radioyentes.
Lázaro, quien tuvo el privilegio de transitar por una Radio con grabadoras semiprofesionales, luego las STM-200 y STM-600K a pista completa, los nacientes CD y la actual digitalización, es un profesional con suficiente autoridad para opinar con certeza acerca de las ventajas y posibles desventajas de las nuevas tecnologías.
-    Ventaja: Un sonido más limpio. Desventaja: Música en fonoteca que no se aprovecha por estar en cinta y acudirse al facilismo.
Lázaro defiende a ultranza el valor indiscutible de la Radio por ser un medio difícil y creativo, ya que todo hay que lograrlo mediante los sonidos.
Coincidirán conmigo en que este realizador cienfueguero hoy jubilado, pero que continúa sintiendo y pensando como radialista, aunque siempre de buen humor, posee criterios artísticos tan sólidos como serios.

Radio, identidad e imagen

Radio, identidad e imagen

Desde hace décadas en el mundo empresarial existen los proyectos corporativos de identidad; una serie de elementos visuales, sonoros, racionales y emocionales basados en forma y contenido que tienden a la creación de imágenes corporativas. La identidad consiste en cómo una institución se ve a sí misma y se proyecta ante su público. La imagen es cómo cada persona del llamado Público Objetivo entiende, concibe, percibe, siente a la institución; en qué medida se identifica con ella, la acepta o la rechaza. Todas las instituciones, lucrativas o no, confeccionan – al menos debieran hacerlo – su Manual de Identidad Corporativa. Esto no es asunto privativo del sector empresarial – creador y/o comercializador de bienes y servicios – sino inherente a toda entidad, de la cual la Radio no es una excepción. En los Manuales Corporativos se definen aspectos identitarios como símbolo, logotipo, tipografía, colores y otros aspectos que se hacen presentes en anuncios, membretes y documentos, y en el caso de la Radio todo ello se tiene en cuenta, pero ¿posee cada una de nuestras radioemisoras su Manual de Identidad? Me atrevería a enfatizar lo necesario de que hasta cada programa, como parte de su ficha técnica, cuente con aspectos que se correspondan con lo que pudiéramos definir de mini-manual. En la correlación sinérgica entre cada programa y la programación en su conjunto debe manifestarse la unidad que identifica a cada emisora. Si no se atiende este aspecto de importantísimo valor, corremos el riesgo de que, en una misma radioemisora cada programa, independientemente de su Público Objetivo (en este caso Destinatario), transite por un rumbo distinto a los demás espacios, en cuanto a su identidad de conjunto. No se trata de “uniformar” los programas; mucho menos de “unicidad”, sino de proveerles una identidad propia que vaya a tono con la identidad total de la emisora que los transmite, sin que cada espacio se despoje de su encanto, ese valor espiritual no cuantificable que lo hace único y le adjudica personalidad dentro de la propia emisora y en comparación con otros de su mismo propósito en emisoras diferentes. Me atrevo a decir que emisoras nacionales como Radio Progreso, Radio Rebelde, Radio Enciclopedia y CMBF Radio Musical Nacional poseen una identidad corporativa definida, incuestionable. Si tienen o no un Manual no lo sé, pero sí gozan de esa identidad. No importa el programa ni cual sea su destinatario, pero es fácil inferir y diferenciar cuando un programa dedicado, digamos, a los jóvenes se origina en Radio Progreso o en Radio Rebelde, por mencionar un caso. La identidad corporativa en la Radio se proyecta a través de sus modos de locución y de su estilo de realización. Es la forma de manifestar unidad radial dentro de cada programa y “unidad de identidad”, personalidad total de la emisora. Es cuando cada parte engrana perfectamente en el todo. Es tarea compleja. Para alcanzar y consolidar una Identidad se precisa trabajar en común y con la finalidad de que todos aporten, entiendan, acepten y sientan suyo el objetivo propuesto. En esa circunstancia jamás podrá descuidarse la comunicación interna abierta, franca, de diálogo, interactuante dentro de las radioemisoras; su cultura organizacional endógena basada ante todo en el flujo abierto, objetivo, no sectario, sí integrador de todos los talentos y factores que de alguna manera intervienen en el resultado final. Y como elemento clave para evaluar si se anda por buen camino: las investigaciones sociales, llevadas a cabo con profundidad científica, sin superficialidad y acudiendo al mayor espectro posible del Público Objetivo. No saber o intencionalmente no acudir a los foros de cada Público Objetivo en particular puede devenir en placer autocomplaciente, pero nunca a favor de la verdad concreta y oportuna que puede marcar las pautas del perfeccionamiento a corto o mediano plazo. Los resultados de las investigaciones sociales, los muestreos de audiencia certeros y sinceros mostrarán la Imagen Corporativa de la radioemisora. Dejarán ver si lo que se pretende ser es lo que en realidad interpreta la mayoría del Público Objetivo. Estemos igualmente avisados de que a la hora de la investigación social, de los muestreos de audiencia, aunque nos dirijamos a los enclaves donde suponemos está la mayor parte del Público Objetivo, encontraremos entes de un Público General que también escucha y es capaz de aportar criterios valiosos. No es asunto de “tomar el rábano por las hojas”, “botar el sofá” o cantarnos loas de autocomplacencia. El trabajo consciente y consecuente por acercar los criterios de la Identidad a los de la Imagen, posibilitará el logro de mayor unidad radial dentro de cada programa y en el conjunto de la programación. Tarea difícil al tiempo que importante y necesaria a esta hora en que la Radio Cubana se propone un perfeccionamiento que la lleve a niveles superiores en todo su quehacer.

La Radio en Zenaida Beltrán

La Radio en Zenaida Beltrán

Zenaida Beltrán González es una de esas mujeres que gracias a su talento cautivan al conversar. Hace mucho nos conocemos y afortunadamente esta amistad se cimentó a partir de nuestra relación de trabajo en Radio Ciudad del Mar.
Ha sido una suerte para mí conocer a esta dama de la Radio, quien con modestia que nadie pone en duda ha dejado una impronta en este medio, principalmente en el ámbito de la difusión musical.
Directores de programa, locutores, asesores y realizadores de sonido han aprovechado ese caudal que Zenaida regala sin escatimar. Ella es una convencida de que el saber compartido es un saber multiplicado.
Radialista nata comenzó sus quehaceres en la Radio Cubana en la década de los años setentas, al desempeñarse entonces como locutora y escritora de programas de géneros tan diversos como los infantiles, especializados y de variedades. Aquel fue su primer capítulo, pues tiempo más tarde se consagró a concluir sus estudios de Licenciatura en Educación Musical, para así dedicarse durante varios años a la docencia.
Contagiada desde la primera vez, y sin poder prescindir de la pasión que provoca la Radio en quienes la viven, en 1996 regresó a Radio Ciudad del Mar como Especialista de Música. Recuerdo con cariño aquellos tiempos en que nos impartía Apreciación Musical, y que más de una vez nos sentábamos a platicar acerca de la calidad en la música, tanto en la composición como en sus contenidos, sendos aspectos en los que la profesora Zenaida siempre se muestra exigente.
De eso conversamos largamente una mañana de agosto de 2012 cuando la visité en su hogar. Éramos tres participando de aquella tertulia, pues entre nosotros estaba un amigo inseparable, diría yo que familia para ella: su piano. Recordábamos cuando ella realizaba funciones como Asesora de Programas Musicales, y tanto que aprendimos de sus experiencias. También evocamos septiembre de 1996 cuando nos visitó el productor de radio mexicano Héctor Baruqui, y entonces Zenaida con su habitual entusiasmo formó parte de aquellos programas de una hora durante tres días consecutivos, junto con el inolvidable locutor Sergio Farray, nuestro operador del máster Tomás Sarría Díaz “El Charro” y un servidor.  Fue la primera ocasión que mi programa “México y sus Canciones” recibió un invitado del hermano país. A la sazón, Zenaida era la asesora del programa y juntos establecimos, con el grabador Roberto Ulloa y el editor Jorge Luis Piñeiro un grupo de trabajo, cuyo sello distintivo fueron el espíritu de colaboración y el compañerismo.
Ya en aquellos tiempos Zenaida Beltrán escribía el guion del programa “Con los Grandes de la Música”, mientras yo fungía como su director. Zenaida sonrió al recordarme que el talentoso Lázaro Aguiar era nuestro realizador de sonidos – más tarde Vicentico Arjona – y en la locución, por mucho tiempo, el decano de la Radio en Cienfuegos Humberto Albanés.
Un día, a finales de 1997, me presenté en la subdirección de Programación y le dije a Yasmina Friero, quien entonces estaba al frente de la misma, que era de la opinión de que Zenaida, además de escribir el guión de”Con los Grandes de la Música”, también se hiciera cargo de la dirección. A Yasmina le llamó la atención mi sugerencia, cómo era posible que yo “renunciara” a la dirección de ese programa. Seguro de mi decisión le dije que por los conocimientos musicales de Zenaida, y convencido de su capacidad para dirigir programas, era de la opinión de que la unidad radial total del espacio sería posible con su presencia en ambas funciones. No me equivoqué.
“Con los Grandes de la Música”, retomado por mí en el guión y la dirección a partir del año 2007, tuvo grandes escritores, entre ellos personalidades relevantes de la talla de Ricardo Llaguno y Rogelio Leal. También lo escribieron Carlos Alfonso y Danilo Iglesias. El programa tuvo un antecedente del cual comentaré en otra ocasión, pero lo cierto es que siempre ha estado vestido de gala en cuanto a los talentos que lo han hecho posible durante décadas.
Con Zenaida el programa se vistió aún más de gloria. “Con los Grandes de la Música” fue premiado en casi todas las ediciones del Festival Nacional de la Radio Cubana, incluyendo Grandes Premios. Sin dudas, el papel desempeñado por Zenaida fue decisivo en tal sentido. Tanto amor manifiesta ella por la Radio que, después de jubilada, siguió escribiendo y dirigiendo el espacio durante aproximadamente diez años, siempre con la misma dedicación y sumando lauros a nuestra Radio Ciudad del Mar. A la par de este quehacer, labor exigente de por sí, abrazó nuevamente la docencia en instituciones de nuestra provincia como la Escuela de Música “Manuel Saumell”, la Escuela de Instructores de Arte, la Escuela de Arte “Benny Moré” y otras. Eso fue un acontecimiento feliz, ya que muchos alumnos, hoy graduados, se nutrieron de su abundante experiencia.
Llegó un momento en que, a pesar de ese amor por la Radio, Zenaida tuvo que dejar de escribir y dirigir “Con los Grandes de la Música”; fue cuando tuve la satisfacción de heredarlo, de retomarlo como cuando lo dirigí en 1995, esta vez también como escritor. Recuerdo que le dije: “Zenaida, lo haré con mucho amor, pero el día que decidas regresar voy a sentir tanta alegría al devolvértelo como ahora que lo tengo a mi cargo”. Y es que cada vez que lo escribo y lo dirijo, siento la pertenencia natural de este programa a esta mujer conocedora, laboriosa y sencilla.
Ya concluía mi visita cuando la miré fijamente y le pregunté: “Zenaida, y si te pidieran ahora, ya menos atareada con la docencia, que regreses a la Radio, ¿qué decidirías? Ella, con sus ojos brillosos por las lágrimas que afloraban no demoró en responder: “Si me invitan para que regrese a la Radio, seguro que volvería”.