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La Radio por dentro

Radio Progreso y Cinema del Aire

Radio Progreso y Cinema del Aire La Radio Cubana exhibe una historia tan amplia y diversa como exitosa. Es acertado afirmar que contamos con una radio que ha marcado y continúa marcando pautas en su quehacer. Las nuevas tecnologías son una ventaja al tiempo que un reto; cada avance en ciencia y tecnología resuelve muchos problemas mientras implica riesgos, entre ellos acudir a un facilismo que puede atentar con virtudes tales como la memoria sonora, realidades que los(as) radialistas no desconocen.
Al pasar revista a la radio que desde hace decenios se hace en Cuba, sus primeros atributos haa nuestros días son talento, creatividad y amor puestos por su gente en la cotidianidad.
Oteando en viejas revistas – que tanto revelan acerca de esto –encontré una del año 1947 entre cuyas informaciones aparece el anuncio de un programa producido y conducido por el Dr. Luis A. Vilardell Adán. Aquel anuncio me atrajo a tal extremo que en el año 2012 me comuniqué telefónicamente con Radio Progreso, emisora por donde se transmitía el espacio.
Fue grande mi asombro cuando, al preguntar a algunos, prácticamente nadie recordaba nada acerca de ese programa y de su conductor, a excepción del realizador Iván Pérez y la actriz Marta Velazco. Agradezco la gentileza de ambos al enviarme un recorte con una foto de Luis Vilardell, junto con una síntesis muy breve de su persona. Extravié la foto en una de esas tediosas reprogramaciones de software a la que nos obliga la realidad informática, hasta que felizmente pude escanear la foto del mencionado locutor desde la revista donde supe de aquel programa.
Pienso haberme recreado demasiado en introducciones, pues las consideré necesarias. Refiriéndome al programa en particular, se trató de “Cinema del aire”, patrocinado por “La Cadena Partagás del Aire”, y transmitido por CMBC y COBC Radio Progreso. Era una edad de oro para los cines mexicano y argentino; las salas cinematográficas de toda Cuba se atestaban de públicos que seguían los estrenos y, más aún, disfrutaban una y otra vez con aquellas películas donde tangos, rancheras, corridos, risas y lágrimas eran entonces una misma realidad.
¿Cómo era el Cinema del Aire? Pues su productor y conductor tenía como tarea grabar todos los diálogos y efectos sonoros de cada película, sintetizarlos e insertarles una narración que ubicara escenográficamente los hechos. Aquello no era otra cosa que adaptar a la radio una película, y transmitirla íntegramente. Fue un esfuerzo exitoso que, según testimonios de personas con quienes lo he comentado, mantuvo un amplio y firme rating de audiencia.
Cinema del Aire era transmitido semanalmente en los horarios de 3 de la tarde y 9 y media de la noche. El propósito logrado fue llevar el cine a la radio manteniendo la fidelidad del lenguaje cinematográfico, adaptándolo a los códigos de nuestro medio. Redactar estas líneas resulta fácil, pero imagino que para el colectivo de trabajo encabezado por el Dr. Luis A. Vilardell Adán no lo sería tanto como para mí contarlo.
Ver la película previamente, memorizar su argumento, grabar su banda sonora y confeccionar un discurso narrativo que sustituyera la escenografía visual, son trabajos dignos de encomio máxime en una época como la década de los 40s cuando las grabadoras de cinta magnetofónicas eran rudimentarias; muchas grabaciones se hacían con agujas sobre placas de acetato, y la señal radial adolecía de poca fidelidad y no pocos ruidos estáticos.
Me extendí en la introducción de modo intencional. Hoy contamos con nuevas tecnologías que son un reto. También lo es mantenerse a la altura de los pioneros de la Radio Cubana, quienes con tan poco hicieron tanto. Aceptemos el desafío.

Radio y Actualidad

Radio y Actualidad

Es complicado hablar de futuro cuando el presente – el hoy y el ahora –propone afrontar retos, vencer deficiencias y ocuparnos en la búsqueda de soluciones. Puede que a muchos no les parezca sensato asumir los desafíos de la radio con un espíritu demasiado futurista; sin embargo, opino que la radio debe ser asumida con visión de futuro, más allá de su pasado y afanes presentes.

Como medio de difusión y canal tecnológico venció la prueba del tiempo a pesar de otras invenciones seductoras. La respuesta a ello es el sostenimiento de una funcionalidad y sentido de ser: es un medio accesible; relativamente económico a la hora de generar sus productos; de largo alcance e inmediato. Con pocos recursos se hace radio y se puede acceder a una geografía lejana.

La televisión y la Internet también lo han conseguido a un mayor costo económico para quienes elaboran sus productos comunicativos y, más aún, para los públicos. Lamentablemente no todas las personas, independientemente del nivel de desarrollo local o regional, poseen computadoras o recursos para costearse el acceso doméstico a Internet. En cambio el ser humano más humilde, apartado e incluso marginado, puede tener un receptor de radio.

De otro lado somos testigos de la extinción de buena parte de las emisiones internacionales de onda corta, reducidas muchas veces por recortes económicos y otras por cálculos políticos – tengamos presente que la radio ha sido muchas veces un medio de penetración política y dominación económica por parte de países con mayor desarrollo – basados en intereses muy puntuales. Si en un “antes” se le aprovechó por potencias imperiales, hoy la dejan de lado por considerarla inapropiada para ciertos propósitos. De esa radio capaz de proyectarse desde un país hacia puntos distantes, hay también ejemplos como impulsoras de una cultura del conocimiento y solidaridad.

La radio dirigida al exterior se sustenta en el trabajo de traductores, departamentos por áreas geográficas lo que implica un costo más elevado que las radios comunitarias, locales y nacionales. Es cierto que la onda corta se halla en franca desventaja frente a los sonidos digitales de la frecuencia modulada; resulta alentador, en cambio, que mundialmente se trabaje en pro de una radio digital de largo alcance capaz de suplir la onda corta, proporcionando un sonido de mejor calidad.

Al atender otro aspecto de la realidad, la radio enfrenta nuevos retos a partir de un mayor compromiso con su época, con todo cuanto difunde y cómo es capaz de hacerlo. No se debe perder la perspectiva de que una emisora de radio es una institución espejo de los valores de sus lugares de origen; por tanto debe manifestarse como expresión objetiva de su realidad social. Jamás debe de supeditarse lo comunitario, local, nacional y regional en aras de una supuesta universalidad que, lejos de serlo, relega lo mejor del patrimonio sonoro.

La radio tiene frente a sí ese y muchos desafíos. El primero radica en manifestarse como un medio de su tiempo a la par que consolida, amplía y fortalece sus vínculos con su público para que éste asuma una verdadera condición de coprotagonista.

Confío en que la lectura sirva a los propósitos de quienes aman y reconocen la vigencia del discurso radial, sus posibilidades y límites. La radio de nuestro tiempo heredó un quehacer meritorio al cual dio continuidad y aportes novedosos. Ello no significa que debamos abogar por una radio vieja “al estilo” viejo; para lo cual no basta con cambiar el discurso y hablar de cosas nuevas. Hace falta reconocer que muchos formatos y géneros requieren ser modificados unos, y desechados otros. La radio sobrevive, pero debe adaptarse a nuevas realidades.

No olvidemos que la radio, como todo, cumple una misión en cada etapa. En la radio capitalista y en su fase monopolista predominó una programación que hoy pudiéramos denominar “kitsch”; su época posibilitó una radio dramatiza lacrimógena y en ocasiones simplista que, por el conocimiento de la audiencia posibilitó a muchos anunciantes posicionarse en el mercado.

Los tiempos ya son diferentes y no es el mismo público, cuya cultura general merece productos radiales que siendo atractivos resulten cualitativamente superiores – no digo mejores – simplemente en correspondencia con la realidad actual, en este mundo de los reproductores de audio portátiles, la Internet y la televisión digital. El sostenimiento de géneros y productos pasados de moda es, además de un anacronismo, una carga demasiado pesada para una radio que necesita invertir sus presupuestos de la mejor manera. Imitar a la radio de ayer al pie de la letra – fuere en forma o en contenido – será la mejor manera de traicionarla.

Otra necesidad de la radio actual es contar con una crítica especializada; la televisión y el cine la tienen, no así la radio, al menos de modo palpable que se haga sentir. Por lo general son las propias radioemisoras las encargadas de enfocar su quehacer autocríticamente. Aunque valga reconocer el mérito, esa clase de crítica desde adentro no basta. La mayoría de las veces adolece de objetividad por fundamentarse en sus propios criterios y en el gusto o aceptación parcial de la radioaudiencia; es decir, los que escriben, llaman por teléfono, responden las frías preguntas de una encuesta, o de algún modo participan, principalmente en programas dedicados a saludar y complacer peticiones musicales, sin dejar de contar con las simpatías o apatías personales.

En resumen, su padecimiento – quiérase o no – sería la carencia de objetividad. La crítica saludable debe llegar desde afuera, realizada por un personal especializado sin que por ello se desestimen las sugerencias del público. Hay que no confundir gusto con calidad, que ojalá sí coincidan.

Prefiero que lo expresado aquí provoque opiniones encontradas que conduzcan a un debate sincero en lugar de indiferencia. De ser así, ya es ganancia.

Radio, música y dramaturgia

Radio, música y dramaturgia

La música ocupa – con frecuencia - más del 70 por ciento de la programación radial en cualquier emisora del mundo.

Salvo excepciones muy contadas cuyo contenido lo justifica – v.gr. Radio Reloj en Cuba – la música constituye un componente esencial, no solo desde el punto de vista estético o recreativo, sino en función de los contenidos hablados; sirve en sí misma para completar la idea, crear atmósferas y hasta para inducir estados de ánimo en relación con cuanto se expresa mediante los sonidos articulados.

Es debatida la cuestión de si la música en función de la dramaturgia es exclusiva de los espacios dramatizados (radionovelas y cuentos) o si esa función también atañe a otros géneros como noticieros, incluso espacios destinados a la difusión musical.

Basta mencionar el término “dramaturgia” para inferir una relación directa con las radionovelas y cuentos, con los cuales su relación es directa; sin embargo, otros espacios en la radio precisan su muy particular “dramaturgia” – entendida, entre otros elementos, por las expresiones paralingüísticas y no verbales cuyo propósito radica en manifestar el punto de vista y hasta la personalidad y temperamento del emisor, y en la mayoría de los casos estimular un estado de opinión. Acerca de esto pudiéramos razonar con profundidad.

Resulta evidente el empleo de la música en la radio, algo que tal vez sea una experiencia heredada del cine. Hasta la actualidad inclusive, sabemos que una película sin música funcional puede volverse tediosa, a no ser que su contenido cautive excesivamente; esa es la excepción. Las películas de dibujos animados (incluyendo los cartones) son ejemplos típicos de cómo la música complementa a la acción. Todo lleva a concluir que la música en reiteradas ocasiones funciona como un actor o actriz más en la dramaturgia de cualquier factura cinematográfica y televisiva, así como radial.

En el intento de completar el objetivo de esta reflexión, merece reseñar la utilidad de la llamada música instrumental clásica como elemento dramatúrgico para sugerir atmósferas, ambientes y estados de ánimo en un producto de radio, lo mismo que se hace generalmente en el cine y la televisión.

En nuestro concepto particular la música llamada clásica – desde el Clasicismo, atravesando el Barroco, el Romanticismo y otros movimientos hasta el Nacionalismo Musical y manifestaciones de la música Contemporánea -proveen una herramienta útil a la hora de construir el edificio dramatúrgico de un programa de radio.

El secreto radica en conocer cuál emplearemos según el caso. Un ejemplo plausible es la música compuesta expresamente para un programa de radio, televisión (noticieros, mesas redondas, telenovelas) o para una película. Esa denominada música incidental por encargo involucra a los compositores de manera directa en la armazón total del espacio – recordemos “En silencio ha tenido que ser”, “Para empezar a vivir” y “La gran rebelión” – para lo cual el autor musical junto con la lectura interioriza el guión y sostiene encuentros directos con el director-realizador para conocer sus puntos de vista.

Aparte de esa música funcional que es puntual y lógicamente costosa desde el aspecto del presupuesto financiero, los directores-realizadores tienen a su alcance todo el acervo de la llamada música clásica – no necesaria y únicamente la compuesta durante el Clasicismo (s. XVIII y XIX) – sino antes y después, y que por su calidad resulta irrepetible, paradigmática y, de cierta manera, digna de imitar.

La utilidad de su uso se fundamenta en que esa música, casi siempre, posee un contenido dramático (sugiere atmósferas, estados de ánimo, incluso paisajes). En su tiempo buena parte de ella, compuesta por encargo – y siempre con una buena dosis de motivación inspiradora –resulta de incalculable valor desde el punto de vista dramatúrgico. Para ilustrar lo antes dicho, recordemos la Obertura 1812 de Tchaikovski la cual constituye una narración musical del gran combate entre rusos e invasores franceses, donde los primeros salieron victoriosos. Los tambores sugieren el estampido de los cañones y los acordes finales son un canto de victoria.

Dentro de la llamada música clásica hay movimientos de conciertos y sinfonías– y fragmentos de ellos –de asombroso valor, los cuales encajan perfectamente como elementos dramatúrgicos para cualquier época. Muchas oberturas, por ejemplo, que en principio son el preámbulo de una obra operística, han devenido obras en sí mismas y tratan historias de la literatura universal.

Es recomendable el uso de esa categoría de obras musicales – siempre que sea posible - por su atemporalidad, dada por esa misma condición de clásica y paradigmática. Toca al director-realizador conocer en detalle el momento histórico de la obra musical y su posible o no compatibilidad con el de la factura radial en sí.

Muchas veces se deja la tarea en manos del musicalizador, quien debe de ser, ante todo, un conocedor de la música que se emplea; en cambio, no soy partidario de que toda la responsabilidad en ese sentido recaiga en ellos.

Resulta más saludable cuando el mismo director-realizador sugiere o se agencia la música - o fragmentos - adecuados. Cierto que para hacerlo se precisa contar con suficiente cultura musical que en un radialista ¡se supone! exista; si no fuese así, en tal caso debe procurarse lo antes posible.

La quinta vértebra del mensaje radial

La quinta vértebra del mensaje radial

El medio radial cuenta, a saber, con cuatro elementos básicos para construir sus mensajes: voz, música, efectos sonoros y silencio. Ello no es otra cosa que un sistema basado en la estructura y poder comunicativo de los signos inherentes al medio. A través de los signos lingüísticos y sonoros se estructuran los mensajes, es decir, las ideas emitidas al público. Las herramientas o elementos del mensaje radial poseen en el orden elemental una función denotativa; visto únicamente de esa manera el mensaje carecería de vida, lo que equivale a inferir que sería carente de emociones. Para ello precisa de la función connotativa como reflejo adicional de lo “que dice el emisor” acerca de la idea; su “relación” con la idea misma. En la medida que la función connotativa sea correctamente codificada a través del mensaje, su decodificación será directamente proporcional.

En la función connotativa quedan implícitos la personalidad, estado de ánimo, punto de vista y temperamento de quienes emiten la idea. Lo denotativo y lo connotativo son factores complementarios e interdependientes para completar el sentido de los mensajes y su efectividad; en dicha simbiosis funcional se articulan objetividad y subjetividad; conocimiento y afecto expresados acerca de la idea.

Las ideas expresadas mediante el sonido articulado – las palabras – son incompletas si carecen del factor paralingüístico. La paralingüística se concibe como un subcomponente de la palabra articulada; los mensajes carecen de sentido sin su presencia. En la radio es imprescindible, ya que la transmisión de ideas a través de mensajes sonoros carece del elemento visual y reduce la posibilidad de que los receptores capten los elementos del lenguaje no verbal. Es en este caso el subcomponente paralingüístico el destinado a “comunicar”, “hacer saber” la intencionalidad de la idea devenida mensaje.

Diálogos; matices del lenguaje acorde a la geocultura de origen; profesión de quien comunica; estatus familiar; edad; nivel de instrucción y posición social, se reflejan mediante un lenguaje específico complementado con el carácter, modo de pensar y aceptar cuanto le rodea; ello no de manera mecánica, sino filtrado a través de la experiencia personal, el temperamento y la psicología. Por ningún concepto, alguno de estos elementos goza de carácter suplementario – que significaría sustituir o excluir – sino complementario por su función enriquecedora y de completamiento de la esencia y finalidad de cada mensaje.

Lo paralingüístico contempla varios elementos que lo definen, los cuales van desde el timbre de la voz, su volumen e intensidad; la rapidez con que se comunica el mensaje; el tono de voz y entonación, incluyendo el énfasis silábico así aspectos tales como la fluidez, alegría o tristeza y el ritmo respiratorio con que se emite cada mensaje.

Cuando el subcomponente paralingüístico se evidencia de modo claro y preciso, la intencionalidad del mensaje es percibida con exactitud. Es importante saber cómo controlar y construir debidamente lo paralingüístico, puesto que de alguna forma siempre se revelará; cualquier error o inexactitud al construirlo puede distorsionar la naturaleza y propósito de lo que se comunica. Desconocer su utilidad y posibilidades conlleva interpretaciones equivocadas de los mensajes.

Otro subcomponente de lo paralingüístico radica en lo pragmalingüístico – inherente a la filosofía del lenguaje y la psicolingüística - , que estudia el contexto en el cual el mensaje se emite, concebido como situación comunicativa y conocimiento común de los hablantes. Aquí regresamos a los códigos, cuya aceptación común es condición imprescindible para que el mensaje se entienda con efectividad óptima.

De lo antes dicho concluimos que las herramientas básicas del mensaje radial no son tan sencillas como pudieran parecer. Una aplicación fría y mecánica, donde la denotación no se complemente con la connotación – “lo que se dice” con “lo que se siente” acerca de lo dicho – despojaría al mensaje de su verdadera finalidad. De ahí que lo “paralingüístico” pueda considerarse como una quinta vértebra (elemento o herramienta) para la construcción de un mensaje radial efectivo.

Roberto Busto: Todo por la Radio

Roberto Busto: Todo por la Radio

Lo percibo como un hombre serio y con elevado sentido de sus responsabilidades. Recuerdo conocerlo desde mediados de los 60s cuando Cienfuegos aún pertenecía a la provincia de Las Villas. Lo conocí como una de tantas personas que unían a su trabajo la responsabilidad (no remunerada) de escribir y conducir programas de radio. Fueron tiempos difíciles y, tal vez por eso hermosos. La gente no daba, sino que se daba sin esperar ni desear nada a cambio; y no es que esperar o desear una retribución sea ausencia de virtud, todo lo contrario, sino que el momento histórico no dejaba tiempo ni lugar para pensar en la recompensa: estábamos construyendo la mayor recompensa para todos, un futuro mejor. Es por esta y muchas razones que experimento pesar cuando tan poco o nada se dice que personas que tanto dieron por amor y sentido del deber. Uno de ellos es Roberto Busto Jiménez (20-5-1938); licenciado en Educación en la especialidad de Ciencias Sociales e Historia, fundador de los Comités de Defensa de la Revolución, Alfabetizador, Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba en la región de Cienfuegos a mitad de los 60s y quien llegó a ser también Presidente de la Unión de Historiadores en Cienfuegos. Pero lo que ocupa estas líneas es la labor que desempeñó como radialista. Su historia en nuestro medio se remonta al año 1957, cuando producía y conducía el programa “¡Ah pero usted no lo sabía!” en Radio Popular, de lunes a sábado a las 5 de la tarde con media hora de duración. Luego en 1962 se inició en labores como corresponsal voluntario del sector de la Educación para el Noticiero de la entonces emisora Radio Tiempo. Su condición de joven revolucionario le hizo comentarista ocasional con editoriales para el programa que entonces tenían las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI); participó como comentarista en el Noticiero Deportivo. Roberto Busto fue alumno de la Escuela de Locutores “Miguel Buendía” que funcionó en Cienfuegos durante los primeros años del triunfo de la Revolución, en la cual compartió con compañeros suyos de la talla de Juan Varela Pérez, fundador de la iniciativa y uno de sus profesores. En sus inquietudes como radialista, escribió y condujo el programa “Pregunte Usted”, con marcado propósito de difusión cultural. El espacio tenía media hora de duración de lunes a sábado, primero, y luego de lunes a viernes en el horario de la tarde a las 5, y se mantuvo al aire hasta 1970 cuando junto con la Escuela Técnica Industrial “Cinco de Septiembre” de la cual fue profesor, marchó a la zafra. Hace pocos días, conversando con él, me comentaba que daba muchas notas de carácter científico y cultural, así como curiosidades de la naturaleza; intercalaba música cuyos títulos se anunciaban al final del espacio. Los domingos, día en que la mayoría de las personas descansamos, él iba a la emisora a las 3 de la tarde para conducir el programa “Telescopio Mundial”, que duraba media hora y estaba dedicado a informar acerca de la actualidad, entonces se hizo una convocatoria para escuchar propuestas para un nuevo nombre. En aquella época Radio Tiempo, y luego Radio Ciudad del Mar, no contaban con estudios de grabación ni edición. Los programas especiales que requerían grabación había que hacerlos después de las 12 de la medianoche, cuando la planta cesaba sus transmisiones. Había que grabar y editar simultáneamente de principio a fin; si alguien se equivocaba o se cometía algún error en la edición “in situ”, era necesario empezar desde el inicio. Fue en tales condiciones que escribió y dirigió dramatizados especiales acerca del 13 de Marzo, la Revolución de Octubre y otros, donde el elenco estaba formado por los 12 trabajadores que tenía la emisora en plantilla, quienes se ocupaban de las trasmisiones durante 18 horas diarias, cubriendo los espacios noticiosos y de variedades. Roberto Busto es parte de un nutrido grupo de radialistas voluntarios que en su momento dieron el paso al frente y alternaron sus responsabilidades diarias con sus desinteresadas colaboraciones. Un grupo al que pueden sumarse muchos nombres más, algunos de ellos lamentablemente olvidados. Por lo que este profesional realizó con modestia, me di a la tarea de localizarlo. En nuestra plática le hice algunas preguntas que respondió con firmeza y convicción.

- ¿Qué le motivó a hacer radio en su juventud?

La radio y el periodismo me gustaron desde niño. A veces en la escuela hacíamos periodiquitos y los repartíamos, desde la primaria. Me recuerdo que los demás muchachos siempre los buscaban para leer, pues poníamos cosas simpáticas. De mayor me gustó colaborar en los distintos medios.

- Al paso del tiempo y a la luz de aquellas experiencias como radialista, y ahora como radioyente, ¿qué consejo o sugerencia tiene para las nuevas generaciones que como usted un día, hoy se dedican a la radio?

Lo primero que les sugiero es estudiar mucho, leer mucho. A veces escucho improvisaciones tanto en radio como en televisión, y se ve que en algunos casos hay desconocimiento del tema que se está tratando. Para hacer una entrevista no quiere decir que uno domine el tema al ciento por ciento, pero por lo menos que pueda dialogar con el entrevistado, algo parecido a lo que hace Taladrid, quien es un buen ejemplo de cómo se debe realizar una entrevista porque se nota que tiene conocimiento del tema que se está tratando. Hay veces que un periodista está entrevistando y cuando se le da una respuesta por el entrevistado ya no sigue porque no hay por donde seguir trabajando. Veo mucha improvisación; antes todo el mundo era locutor, ahora es locutor, animador, presentador, una serie de adjetivos que se le han dado a esa profesión, hay uno que grita en un cabaret, otro que habla en un teatro y cada uno en su medio, pero hay algunos que gritan en la radio, y no se debe gritar en la radio. Veo que actualmente muchos artistas ahora los ponen a animar programas, y en algunos casos se ven mal y forzados. Ese es un problema que pude resolverse.

- Cuénteme algo en relación con el cambio del nombre de la emisora de Radio Tiempo a Radio Ciudad del Mar, un tema muy controversial y tengo entendido que usted tomó parte en esta decisión. ¿Cómo fue esa historia? Radio Tiempo era una cadena independiente que nunca se constituyó como cadena. Había cinco emisoras de Radio Tiempo, que eran de los hermanos Vázquez: Sancti Spiritus, Caibarién, Sagua la Grande, Santa Clara y Cienfuegos, pero nunca se pusieron en cadena, sí había un propósito futuro para establecer una cadena a escala nacional. Unos años después del triunfo de la Revolución se planteó el cambio de nombre. En aquellos días yo estaba en La Habana pasando un curso y venía en avión para Cienfuegos, y al llegar vi un letrero que decía “Cienfuegos, la linda ciudad del mar”, puesto por el entonces INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística), y aquello se me quedó en la mente y luego hice la propuesta, aunque mi propuesta era solamente “Ciudad del Mar”, no “Radio Ciudad del Mar”. Si iba a mantenerse el estilo de dar la hora con frecuencia, sencillamente decir: Ciudad del Mar, tal hora, por ejemplo, no Radio Ciudad del Mar. A mí eso me lo han criticado porque dicen que es un nombre muy largo, pero por ejemplo, existen “Radio Llanura de Colón”, “Radio Ciudad de La Habana”; antiguamente “Radio Cordón de La Habana”, “Radio Cadena Agramonte” tiene más sílabas. Ciudad del Mar, ¿cuántas sílabas tiene? Ahora, sí empiezas a poner “Radio Ciudad del Mar, desde la Perla del Sur, si haces una identificación grande, entonces cambia, pero al pueblo le gusta el nombre ese, pues ha pegado, el pueblo lo ha hecho suyo. - ¿Cómo define a la radio en sentido general? La radio es el medio ideal. Si la comparamos con la televisión, no todo el mundo tiene, nosotros en Cuba sí, pero en muchas partes del mundo no todos tienen un televisor ni la señal llega a todas partes. Quisiera que me dijeran, por ejemplo, en una cabaña en Guatemala, qué televisor puede haber donde la gente no tiene ni para comer. La radio sí llega a cualquier lugar, un equipo receptor es muy barato, lleva a las montañas, a la selva, a cualquier lugar con un par de pilas, es un medio barato y da información, educación. Hay experiencias de la función de la radio en la alfabetización, empleada por nosotros los cubanos en distintos lugares. En cuanto a los medios más modernos, como la Internet, las nuevas tecnologías, son muy costosas, eso no llega a todos. La que llega hasta el último rincón y hasta el más pobrecito, es la radio. 

Al redactar este trabajo me preguntaba si Roberto Busto es, acaso un radialista olvidado. Pienso que, en todo caso, poco mencionado. Estoy convencido de que mucha gente escuchó sus programas en los años 60s y lo recuerda; sí creo que para salvar la memoria histórica de nuestra radio, al tiempo de reconocer lo que tantos como él hicieron, es noble tarea buscar a esta gente, algunos de ellos aún vivos, para hacer justicia reconociendo lo que una vez con absoluto desinterés aportaron al medio y al bien de nuestra sociedad.

Música y Radio: Vocaciones de Leyda Lombard

Música y Radio: Vocaciones de Leyda Lombard

Leyda Lombard García es un nombre conocido para quienes frecuentamos la sintonía de CMBF Radio Musical Nacional. Lo que tal vez no sepan muchos es que Leyda no concibe su quehacer en la radio necesariamente como un trabajo, sino como complemento importante de su vida. No extraña eso a quienes estén informados de que Leyda es una excelente guitarrista concertante; un ser humano que posee enorme caudal de conocimientos relacionados con el más universal de los lenguajes.
Ella formó parte de la primera graduación del Instituto Superior de Arte (ISA) de Cuba, que cursó estudios de guitarra de 1978 a 1981. Junto a su vocación musical combinó la pedagógica, ya que impartió clases de superación a músicos profesionales empíricos entre 1973 y 1974, antes de su ingreso al ISA. Una vez graduada recorrió la isla como ejecutante de la guitarra, labor que estuvo realizando hasta 1984.
El año 2006 también resultó feliz para ella en el aspecto profesional: fue cuando se integró a la valiosa nómina de personalidades que hacen posible la salida al aire de CMBF. Para ella ha sido oportunidad de contactar en directo con la música que tanto ama y ha cultivado. Una calurosa tarde cuando la visité en la emisora me confesó que en su caso, en el mundo de la guitarra solista, si no se toma cuidado puede perderse la dimensión de la música como un fenómeno total. Por eso ahora, desde su quehacer como radialista todo lo concibe distinto. Esta admirable mujer escribe y dirige radio; conversa muy a menudo con la maestra Laura Inclán Narbona, se hablan por teléfono y dialogan acerca de su labor en el medio.
Desde el año 2009 Leyda tiene a su cargo el programa “Festival CMBF” que sale al aire de lunes a viernes a las 8:30 de la noche, con retransmisión a las 4 de la tarde del siguiente día y en la madrugada. Es un programa que se graba y edita previamente con el apoyo decisivo del realizador Luis Marchán, quien con su experiencia la motiva al deseo de entrenarse en dicha labor. Para su satisfacción, “Festival CMBF” es uno de los espacios con mayor audiencia junto con el del maestro Vázquez Millares, dedicado al género de la zarzuela.
Apasionada de la música de concierto desde la edad de 16 años, Leyda reconoce la encomiable labor de CMBF como emisora de la Radio Cubana dedicada a la ampliación del horizonte cultural. En su opinión no es posible una mayor masificación de la audiencia de esta emisora, que cumple su cometido. La masificación del buen gusto estético no puede lograrse únicamente a partir de la radio. Opina que resulta necesario un trabajo desde las escuelas de enseñanza general, donde debiera existir una asignatura que revele a los jóvenes otras facetas de la música, entre ellas la de esta categoría.
Encontrarse con Leyda y ocupar el tiempo que generosamente concede a conversar de todo lo relacionado con su vocación, es siempre ocasión que vale aprovechar. Sus amplios conocimientos, a los que agrega un carácter amable, son motivaciones valederas para establecer el diálogo ameno con esta formidable radialista que pone toda el alma en su labor.

El radioescritor y sus fuentes

El radioescritor y sus fuentes

Al invocar el término radioescritor(a) lo hago en el propósito de incluir tanto a quienes escriben espacios de diversos géneros para este medio como a los periodistas. En resumidas cuentas, sea cual fuere el propósito del oficio radial, vale atenernos a las normas propias de su lenguaje, no importa que se trate de una noticia o cualquier otro género de información.
Por cierto, las observaciones que siguen me parecen igualmente válidas para el periodismo impreso, tanto como para el oficio general de escribir.
Si de fuentes se trata podemos enumerarlas como: documentales y vivenciales. Dentro de las fuentes vivenciales cuentan las que podemos definir como fuentes testimoniales (vivencias de los otros), y en cada caso deben primar el buen olfato y la perspicacia del radioescritor: buen olfato para identificar lo importante e interesante; perspicacia que implica discernimiento y agudeza para determinar, de entre lo importante e interesante, lo que es más exactamente cierto; aun más, incluso dentro de la certeza y la verdad, aquello que encaja dentro de lo que pudiéramos definir como objetividad. No necesariamente imparcialidad, pues de hecho es dubitable su existencia; la noticia más objetiva, inclusive, carece en el mejor sentido de la categoría de “imparcial”.
Basta mover la pirámide de la noticia para dar mayor relevancia a uno u otro aspecto del hecho noticioso. No ser imparcial no significa renunciar a la verdad, sino ofrecerla con un enfoque determinado consciente o subconscientemente. Hasta la imparcialidad es signo de parcialidad, si nos dispusiéramos a adentrarnos más en su propósito. Prefiramos, pues, ser objetivos al decir la verdad, y con eso tendremos razones de satisfacción.
Las fuentes documentales son aquellas que en soporte escrito o audiovisual sirven para que consultemos acerca de antecedentes, consecuencias y hechos mismos. Un radioescritor inteligente – y nada tonto – acude a diversas fuentes a la hora de investigar, tanto distantes como opuestas en sus enfoques. De ahí podrá, cotejando, hallar lo que se acerque más al hecho o explicación objetiva que sirva de base a su análisis.
Un riesgo – peor aún, peligro – de los radioescritores consiste en consultar solo una o dos fuentes documentales; máxime si no son totalmente dignas de crédito. Existen libros que pudiéramos descalificar en su condición de “fuentes”, pero el riesgo crece al momento de consultar en Internet. No todas las páginas Web ni todas las enciclopedias son confiables. El primer antídoto contra esa adversidad es, en primer lugar, el nivel de información y cultura general propios del radioescritor. 
Las fuentes vivenciales, como lo sugiere el término, refieren la experiencia personal del radioescritor; nada tan saludable y objetivo como “contar lo que uno ha visto y experimentado”, a pesar de que entre una persona y otra existan diversos niveles de percepción, condicionados estos por factores que pueden conocerse en un buen texto de Comunicación. Tampoco es posible que esperemos a experimentar en nosotros mismos todo de cuanto vayamos a escribir, pero sí es necesario tener un conocimiento pleno acerca de ello. 
Las fuentes vivenciales cuentan con otra categoría no menos importante, y ya mencionada; me refiero a las testimoniales, lo cual – lo expresé y reitero -  significa la experiencia personal vivida por otros. Los que dan testimonio de cuanto han visto (en relación con un hecho o experiencia) también narran la historia a partir de su percepción personal, formada desde condicionamientos socio-psicológicos individuales, grupales y sociales.
En el caso de las fuentes testimoniales, si el radioescritor da por sentada la veracidad de cualquiera de ellas sin previa verificación, se aventura a la inexactitud. Un radioescritor que se respete, si cuenta con una sola fuente testimonial – verifíquela o no – al menos debe mencionarla o hacer la referencia que le libere de dar crédito categórico acerca de algo que no le conste personalmente.
Todo lo anterior parece “verdades de Perogrullo”, pero… ¿somos tan consecuentes al extremo de cumplirlo siempre? Incluso más: al referirnos a contenidos de fuentes documentales, ¿conocemos, interpretamos todo cuanto dan a conocer?
En mi intento por completar el propósito de esta reflexión, existe una tercera fuente sin la cual las anteriores serían insuficientes. Me refiero a la “imaginación” del radioescritor. ¿Cuántas veces escuchamos algo o nos llega a las manos un libro que a pesar de abundar en información nos aburre? Son numerosos los textos que huelen a “ropa vieja” (no me refiero a la carne deshebrada y bien sazonada) y que al leerlos aparentan ser más un largo y aburrido informe administrativo que una obra fruto de la creatividad humana. Muchas veces, en el peor de los casos, se nos presentan como una secuencia de hechos y datos que embotan hasta el cansancio.
Por eso la imaginación es a la documentación, la vivencia y el testimonio lo que la buena sazón a las comidas. Igualmente asevero que - a diferencia de la documentación, la vivencia y el testimonio -  la imaginación creativa no se adquiere en cursos, diplomados, universidades ni talleres. Es un don muy personal que puede o no cultivarse, pero no se obtiene mediante fórmulas para “aprender” a escribir.
Solamente la imaginación – más rica si es vivencial – provee el mejor de los ingredientes consustanciales a la creatividad: el interés humano. Más que ocuparse en la verborrea academicista, la apelación a referentes teóricos, citas de fulanos o menganos – ineludibles ocasionalmente – el radioescritor deberá ante todo poner a su narración músculo, nervio, venas, sangre y ¡mucho corazón!, para así echarla a andar y que hable por sí misma. Eso se llama creatividad y vale el intento, si la tenemos, de aprovecharla en todo su potencial.

Participación e inclusión en la radio

Participación e inclusión en la radio

Acabo de leer los dos valiosos artículos de la colega Ana Teresa Badía sobre la participación en la radio. Se trata de una valoración exhaustiva de lo que puede y debe ser este medio tan maravilloso por su inmediatez y riqueza de recursos.
Comienza con una reflexión de cómo el teléfono fue una de las principales vías para popularizar la participación de la audiencia radial; sumemos al teléfono las innumerables cartas y telegramas, aunque estos nunca con la dinámica del primero.
La era digital y el aporte del llamado periodismo ciudadano a través de las redes sociales constituye un desafío a las formas tradicionales de información, periodismo y radiofonía; avance que lamentablemente ha provocado drásticas reducciones presupuestarias en las transmisiones de onda corta que unían a seres de latitudes distantes.
En un mundo digitalizado, incluyendo los países con elevado nivel de desarrollo, el acceso a Internet  continúa siendo inasequible para centenares de millones de personas que por razones obvias no pueden sacrificar el estrecho presupuesto alimentario para dedicarlo a la Red de Redes. Se trata de una paradoja mundial del desarrollo, cuando la mayor parte de las riquezas va a manos de unos pocos.
Los menos favorecidos económicamente podían enterarse –  aunque parcialmente - del mundo que les rodea gracias a la radio de onda corta. Hoy viven más enajenadosque antes, mientras los soñadores de la digitalización se enternecen encima de una nube mágica acolchonada de ilusiones.
La radio, por naturaleza, es participativa, afirman los más encumbrados estudiosos del medio.La radio, por naturaleza, es participativa, afirman los más encumbrados estudiosos del medio.La radio, por naturaleza, es participativa. Así fue en sus inicios, pese a las limitaciones tecnológicas inherentes a la época de su surgimiento; hasta que la publicidad comercial y la profesionalización de sus ejecutores, poco a poco, desdeñaron lo medular de esa esencia en nombre de la complejidad. La radio primada fue también esencialmente comunitaria, diseñada para  satisfacer inquietudes y necesidades locales.
Nuestra radio desde hace buen tiempo – y ahora más – trabaja por recobrar, ampliar y fortalecer su naturaleza participativa. Sin embargo, reconozco que es una laboral tiempo que encomiable, sumamente complicada. No inalcanzable, pero sí difícil y de progreso gradual.
El carácter participativo que requiere nuestra radio depende, en primer lugar, de un cambio de mentalidad de sus actores internos y externos. Sabemos que la radio por décadas ha sido merecedora de un reconocimiento y respeto tales, al extremo de que resulta incómodo para muchos emitir cuestionamientos acerca de ella, y para otros – desde dentro - aceptarlos.
Algunos públicos se acostumbraron a admitir que algo es cierto e infalible porque se dice a través de la radio, y muchas veces ha sido así. Esto no deja de ser acicate como reflejo del elevado nivel profesional logrado, pero al mismo tiempo ejerce efectos de cierto modo paralizantes en cuanto a la posibilidad de probar a insertarse en el debate difiriendo del criterio emitido por el medio.
Algo más por vencer es el sentido de verticalidad que ha caracterizado muchas veces al mensaje radial y, por extensión, de la información suministrada a los públicos. Durante mucho tiempo, desde que la radio asumió carácter comercial y luego de orientadora político-social, se establecieron – primero - relacionesanunciante-consumidor y luego sujeto-objeto; esto, en algunos casos, coyunturalmente necesario por la realidad histórica, pero evidentemente con la tendencia a enquistarse e impedir nuevas fases de desarrollo.
El radialista llegó a sentirse alfarero, al tiempo que el público sintió – y admitió cómodamente y de buena gana – ser la arcilla. El papel de la radio educadora, orientadora, informadora y depositaria de la verdad social, política, histórica y económica de una época, de cierta manera ha puesto involuntariamente valladares a una manifestación plena del componente participativo. 
Esos obstáculos no se superan de la noche a la mañana.
Es importante el cambio de mentalidad de todos los radialistas y del público, al tiempo de caer en la cuenta de que una participación plena y activa a la cual se tiene legítimo derecho y es deber ciudadano, deviene posible y necesaria sin que por ello se transgreda en lo más mínimo la dignidad que implica el ejercicio de la profesión. 
Es premisa modificar el estilo de pensamiento que asume que el medio “se las sabe todas”; que “somos los más y mejor informados” y que el aporte de los públicos externos solo es lícito mediante una más que otra tímida y muy pensada opinión, solicitar algún favorito, o el desgastado agradecimiento “por la buena labor que están realizando”.
Cierto es que la radio ha ganado su prestigio en buena parte por sus cualidades y virtudes ya mencionadas, lo que no implica que los actores que están del otro lado del radiorreceptor también posean “su propia sabiduría”, “su visión de la verdad”, “su criterio propio”  - tampoco infalible - sin someterse a la espera de que el locutor o el productor dé el visto bueno de si sus planteamientos, sean o no válidos, o en el peor de los casos merecedores de una desacreditación pública o desatención intencional.
Contamos con la suficiente capacidad creadora para revertir la verticalidad, no solamente de la radio, sino de los demás Medios de Difusión Masiva y hacerlos más participativos en la dimensión que con excelente agudeza apunta Ana Teresa. Nuestra dinámica social cuenta con las posibilidades y los resortes suficientes para que ello sea viable.
Tal vez haya que reinventar muchas cosas en la radio; renovar paradigmas o, siendo más exactos, ponerlos en su justo lugar. Lo participativo a la radio le corresponde por naturaleza; pero el cambio real comienza por las neuronas de todos: radialistas y públicos, en el reconocimiento de su condición y derecho de actores en condiciones de igualdad y respeto.