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La Radio por dentro

Jorge Domínguez, un incansable de la radio

Jorge Domínguez, un incansable de la radio

Siempre lo veo andar apurado de un lado para otro en Radio Ciudad del Mar. Con esa misma prisa que caracteriza su paso ligero, Jorge Domínguez Morado acomete sus quehaceres periodísticos en la página Web de Radio Ciudad del Mar.

En él priman por encima de todo el entusiasmo, seriedad ante sus responsabilidades profesionales y un carácter afable. Por muy ocupado que esté, siempre tiene tiempo para atender, lo mismo a quienes le consultan alguna cuestión de trabajo como a otras personas que se le acercan a conversar de cualquier tema, por intrascendente que sea. No tengo la menor duda de que esa capacidad de atenderlo todo, o casi todo, a la vez, sin incumplir en nada, lo debe a su espíritu proactivo y a un sentido de la organización admirable.

Hace algún tiempo estuve de visita en su casa, y me recibió frente a su computadora, que es su arma de combate y compañera inseparable en la profesión. Quise robarle parte de su tiempo y él me lo permitió, aunque al percatarse de que mi intención era entrevistarlo, no ocultó la modestia, porque esa también forma parte de su personalidad. Al conversar conocí aspectos de su vida, desconocidos por mí hasta entonces, razones suficientes para que cuanto me dijo sea publicado.

- Jorge, sé que eres graduado de Periodismo, lo que nunca me has dicho en qué año.

Me gradué de Periodismo en la Universidad de La Habana en 1993.

- Eso quiere decir que este año cumples 20 años de haber culminado tu carrera, pero en ese entonces no habías comenzado a trabajar en Radio Ciudad del Mar.

Es que cuando comencé me ubicaron en las montañas, en el “Plan Turquino”, una experiencia maravillosa para mí porque estuve allí aproximadamente dos años para reflejar ese Plan de Desarrollo Integral.

- En 1993 cuando te graduaste, estábamos en pleno Periodo Especial, ¿qué significó para ti comenzar a trabajar en aquel momento?

Fue una etapa difícil, pero al mismo tiempo una ocasión de crecimiento profesional. Recuerda que entonces se redujeron las tiradas de los periódicos provinciales, y la Radio se convirtió en fuente esencial de información para los cubanos. Ahí estaba el reto para los periodistas de la Radio; me tocó a mí reflejar todo lo que estaban haciendo los montañeses en esa época.

- ¿Enviabas informaciones solamente para Radio Ciudad del Mar?

Yo tributaba para Radio Ciudad del Mar, Radio Rebelde, estaba colaborando con el programa “Alza Tres”, un espacio promovido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias en Radio Rebelde. Allí se reflejaba todo el quehacer el Ejército Juvenil del Trabajo, que tanto protagonismo ha tenido en las montañas del Escambray.

- Si bien recuerdo, por aquellos tiempos que estuviste en el Plan Turquino nació un nuevo periódico, dedicado precisamente al quehacer de la gente de la montaña…

Así es, coincidí con el surgimiento del periódico “El Montañés”, del diario “Cinco de Septiembre”. Fue una publicación que me permitió llevar también a la prensa escrita la vida en las montañas; aquello fue una nueva posibilidad que me ponía muy contento. Me sentía satisfecho cuando los montañeses ya no solo escuchaban sus noticias, sino que podían leerlas cuando el periódico llegaba a sus manos. Fue una época maravillosa aquellos dos años de servicio social en las montañas.

- Después de concluir tu servicio social en las montañas, ¿qué sucedió?

Pues en 1995 vine para trabajar en Radio Ciudad del Mar. Comencé a atender varios sectores, mucho más dedicado al trabajo reporteril. Después asumí por un tiempo la jefatura de información, hasta que en el año 2001 hablan conmigo para luego de pasar un curso de seis meses en la Escuela Superior del Partido “Ñico López”, atendiera la página Web de esta misma Emisora.

- ¿Cuándo comenzó a ser vista esta página Web?

En mayo de 2001, y desde ese tiempo estoy vinculado al periodismo digital, a todo el trabajo que en ese sentido ha hecho la radio en Cienfuegos, fue una experiencia maravillosa, fuimos de los primeros en el país, y la primera emisora provincial en transmitir en audio y tiempo real.

- Ya que hablas de eso, me acuerdo las competiciones en la bahía cienfueguera.

Eso fue una experiencia muy grande, fue cuando realizamos el sitio de la motonáutica. Y en la primera convocatoria que se hizo en el Festival Nacional de la Radio para premiar los mejores sitios Web del país, allí estuvo Radio Ciudad del Mar como la página más destacada. Eso también fue un motivo de inspiración para seguir trabajando y tener todos los resultados que hoy mostramos en la página y para mi experiencia como profesional.

- Sé que has cumplido misiones como corresponsal dentro y fuera de Cuba.

Sí, he cumplido algunas misiones. A todo periodista le gusta foguearse y medir sus potencialidades, verse en medio de coberturas importantes. Tuve esa oportunidad en la Cumbre de Países No Alineados, celebrada en La Habana en el 2006, desde donde transmitimos en directo para Internet, brindando apoyo a todo el Sistema de la Radio Cubana en el país. También asistí a una reunión cumbre paralela a los No Alineados. Y fuera del país ofrecí cobertura a las misiones médicas cubanas en Guatemala y Belice.

Estando en Guatemala participé de la cobertura informativa a la Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada a nivel de ministros de relaciones exteriores. En el 2012 trabajé con la Radio Cubana en la cobertura a la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, con amplia presencia en las Redes Sociales, un campo mediático donde hay una guerra de pensamientos fuerte, y debemos estar muy bien preparados, superarnos para hacer un periodismo de mucha calidad. Hoy no podemos obviar el escenario mediático actual, no tenemos los cañones tecnológicos de los más poderosos, pero podemos apelar a nuestro talento para lanzar nuestras balas, que son las ideas y que lleguen con efectividad a esos blancos que tanto daño nos hacen desde fuera de nuestro archipiélago.

- Ya llevas buen tiempo trabajando en la Internet, ¿cómo ves el reto de los periodistas cubanos ante las nuevas tecnologías?

No hay dudas de que el periodismo digital llegó para quedarse. Es presente y futuro en el campo de las comunicaciones. Es un reto que nos obliga a prepararnos todos los días, a no descuidar cada detalle de la superación. Considero que hay que insertarse en la Internet, en las Redes Sociales. Ese es el primer paso que debemos dar todos los periodistas, que nuestros nombres se vean en la red de redes. También crecer en interactividad, no lanzar mensajes por mensajes, sino lograr que lleguen con efectividad, que tengan posicionamiento en los buscadores internacionales, que nos lean, nos escuchen, que nos vean, eso es importante.

- Eso implica estudiar mucho…

Sí, por ahí va el reto que tenemos los periodistas, mucha superación y apelar a nuestro talento para ser efectivos y exitosos.

- Además de trabajar como editor del sitio Web de Radio Ciudad del Mar, ¿realizas otra labor en los medios?

Sí, también soy colaborador de Radio Taíno, como su corresponsal en Cienfuegos. Aquí en Radio Ciudad del Mar laboro en un programa los viernes a las 7:15 de la noche, “Con Palabra Propia”, un espacio estilo panel donde debatimos temas de la actualidad provincial, nacional y extranjera. Eso me saca un poquito del periodismo digital y me lleva también a la Radio, que es un medio fascinante.

- De hecho la Radio según acabas de decirme, te fascina.

Sin la menor duda. Es un medio fascinante del que no puedo prescindir. Mi profesión está ligada a la Radio. No me reconozco de otra manera.

Rogelio Castillo, radialista de pura cepa

Rogelio Castillo, radialista de pura cepa

Sagua la Grande es tierra fecunda de buenos radialistas. La explicación no la tengo, pero sí las evidencias. Rogelio Castillo Moreno es una de esas evidencias.
Rogelio y yo hemos coincidido en varios eventos. Recuerdo que uno de ellos fue en Caibarién, cuando esa preciosa ciudad, llamada La Villa Blanca, fue sede del Festival Nacional de la Radio.
En otra ocasión conversamos en La Habana, a raíz de un encuentro de radialistas que se dedicaban a escribir sobre la infancia. Y desde hace mucho, mencionar el nombre de este abnegado hombre de la Radio Cubana, es lo mismo que decir “Pañoleta Azul”, programa que por muchos años escribió y dirigió entregando su talento a la más bella edad, y volcando en su obra el niño que vive en él.
De procedencia humilde, Rogelio es de esa gente virtuosa que ha crecido con su propio esfuerzo. Al triunfo de la Revolución fue miliciano, alfabetizador, participó en la Lucha Contra Bandidos en el Escambray, en el centro de la Isla, y en un momento de su juventud matriculó en la Escuela de Cadetes de Aviación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Trabajó en la hemeroteca de la Biblioteca de su pueblo natal, fue instructor de teatro y cuenta entre los fundadores de los Talleres Literarios. La mayor parte de su formación, afirma él mismo, fue autodidacta, y un día, cuando el entonces Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) convocó a un curso para escritores de Radio y Televisión, Rogelio encontró que había descubierto su verdadera vocación. Sin ser trabajador de la Radio, comenzó a escribir libretos para la programación infantil de Radio Progreso.
El ansiado momento de convertirse en un profesional de este medio llegó en 1970, fue cuando empezó a laborar en CMHW y así comenzó a volcar su talento y su pasión de radialista en el espacio “Canta, Ríe y Cuenta”, que vino a ser el embrión del actual “Pañoleta Azul”, con más de cuatro décadas continuas de permanencia en el aire. Le siguieron espacios de su creación dedicados a infantes y adolescentes, como “Chirrín Chirrán”, “Burbujas”, “Pioneril de Verano”, “Hola Futuro”, “Historias Maravillosas”, “Noticiero Juvenil” y “Rompiendo la Tarde”.
Rogelio recuerda con gratitud a muchos colegas que le dieron su apoyo, entre ellos Willy Leyva y Fernando Sáenz, quienes en sus palabras “se arriesgaron a montarse en el barco de sus sueños”. Expresa que a muchos más les debe gratitud por sus consejos, sus talentos y el ánimo de trabajar juntos, codo con codo, entre quienes figuran los inolvidables compañeros Luis Agesta, Cangas, Franklin Reynoso, Augusto Rodríguez Díaz, Rolando Rodríguez Frene, y también a su propia esposa Teresita Riverón, que ha sido y sigue siendo su compañera de aventuras radiales en todos estos años.
Hace poco le pregunté a Rogelio cuál ha sido el mayor reto en su quehacer radial, y sin mucho pensarlo afirmó que “luchar contra la mediocridad y no perder el amor y la fantasía a través de los años; darle a cada programa un sello distintivo”.
La Radio no es cosa fácil, mucho menos cuando hay que acometerla en tiempos difíciles, como en aquellos años en que las instalaciones de CMHW estuvieron seriamente dañadas tras el paso de un huracán por la ciudad de Santa Clara. Fue decisión y voluntad del colectivo hacer que “Pañoleta Azul” continuara al aire en aquellas condiciones tan desfavorables, al extremo de que siguió transmitiéndose en vivo para llevar alegría a niñas y niños en medio de las dificultades climatológicas.
A Rogelio Castillo le persigue siempre una preocupación como radialista, y es no hacerse entender por sus colectivos, así como no aprovechar al máximo el talento de los artistas para lograr una realización con excelencia.
Además de escritor, dramaturgo, actor, director de programas de radio, y hasta periodista, este hombre que dedica su vida al medio con pasión desbordada y dando todo de sí, es miembro del Consejo Artístico de la emisora provincial CMHW desde su fundación hasta la actualidad, al tiempo que en colaboración con la Radio Cubana ha integrado los Tribunales de Evaluación provinciales, territoriales y nacionales. Preocupado por garantizar el relevo, es fundador del Círculo de Interés de Radio en Villa Clara.
Superior que las palabras es el testimonio de un curriculum avalado por más de 60 Premios Nacionales y Menciones, incluyendo varios Grandes Premios en Festivales de la Radio, a los que se suman distinciones y reconocimientos por sus resultados en diversos frentes de la cultura.
Finalmente le pregunté cuál es para él, en resumen, la divisa fundamental de un buen radialista, a lo que respondió: “trabajar en cualquier momento y lugar con amor, sinceridad, honestidad y responsabilidad”. Conocedor de este hombre radio, me corresponde afirmar que esa es exactamente la imagen de Rogelio Castillo Moreno, ser humano entregado a su medio y, muy en particular, a la programación infantil y juvenil.

 

 

 

 

 

 

Mireya Ojeda, al ritmo de la vida

Mireya Ojeda, al ritmo de la vida

Nos conocimos hace mucho tiempo, en los años setenta cuando, más jóvenes de lo que aún somos, soñábamos con las bondades de una edad de rosa pródiga. Ya Mireya volcaba en sus quehaceres periodísticos esa pasión y entrega que hoy siguen caracterizándola, y quien escribe, vivía soñando un futuro de vida plena en la Radio; pues siendo estudiante, colaboraba voluntariamente en el medio.

A cada rato coincidíamos en actividades y celebraciones. Así fue como tuve la dicha de conocer la mujer que siempre ha combinado armónicamente el entusiasmo y la profesionalidad. De ahí que ahora asumo con muchísimo gusto la posibilidad de conversar con Mireya, en calidad de entrevistador.

Los inicios de Mireya en el periodismo

“Empecé como corresponsal voluntaria del periódico Vanguardia en la antigua provincia de Las Villas. Recuerdo que el Movimiento de Corresponsales Voluntarios fue algo muy fuerte a finales de la década de los sesenta. Después me incorporé en 1970 al movimiento del periódico Juventud Rebelde, órgano que en aquel tiempo adiestraba a sus periodistas, pues era una época en que había pocos en el país y los medios de comunicación masiva funcionaban casi completamente con personal que no era graduado. Ya existía entonces una Escuela de Corresponsales en La Habana.

“Luego continué superándome y al tiempo logré licenciarme en Filología en la Universidad Central de Las Villas. Me mantuve como corresponsal de Juventud Rebelde alrededor de diez años. Trabajé en varios lugares de la antigua provincia de Las Villas, atendía las seis regiones del centro de Cuba. Luego de un tiempo en La Habana, cuando se creó el periódico Cinco de Septiembre en la provincia de Cienfuegos, por interés del Partido Comunista en la provincia, comencé a enviar informaciones desde aquí para los Medios nacionales.

“Éramos pocos los corresponsales de las provincias que enviábamos noticias para los Medios nacionales. Entonces nos compartimos el trabajo porque llegó un momento que me ocupaba de enviar yo misma las informaciones para todos los medios del país, ya no solamente la prensa escrita, sino también para Radio Habana Cuba, Radio Rebelde, Radio Reloj, Radio Progreso …”.

De periodista de prensa escrita a periodista radial

“Sinceramente nunca lo soñé, no pensé llegar a convertirme en periodista de la Radio.

“A finales de los años ochenta me pidieron que me quedara tributando desde un solo medio y desde entonces decidí que fuera Radio Rebelde. Luego que comencé me gustó mucho y te digo sinceramente que hoy no creo que pueda trabajar en otro lugar que no sea este.

“Radio Rebelde es una emisora como dice su slogan ‘al ritmo de la vida’, uno hace la mayor parte de los trabajos en vivo, al momento se escuchan, tenemos esa gran ventaja. Es que la inmediatez y la realidad del momento una lo vive a plenitud.

“Mi condición de periodista me hace sentir orgullosa; antes de ser periodista fui maestra popular por aquel entonces, y hoy me quedo con el Periodismo, donde he tenido experiencias muy bonitas.

“Me acuerdo que Fidel, a principios de la década de los setenta visitaba Cienfuegos hasta cuatro veces al mes. Tengo recuerdos inolvidables de Fidel, era muy fácil, muy asequible conversar con el Comandante en Jefe, nada más que acercarse y entrevistarlo, así tan fácil como estamos conversando tú yo ahora”.

A la vuelta de casi 20 años de la Corresponsalía de Radio Rebelde en Cienfuegos

“Antes trabajábamos desde la casa, reportábamos por vía telefónica, pero Radio Rebelde creó las condiciones en todo el país, cada provincia tiene su Corresponsalía. Lo que pareció un sueño al principio ahora es realidad, tenemos computadoras y conexión a Internet, entre otros recursos que facilitan la transmisión y el trabajo en sentido general. Tenemos en cada Corresponsalía un operador que se ocupa de toda la realización del audio.

“Te reitero, no me reconozco, no me entiendo sin ser periodista de la Radio Cubana, y en especial de Radio Rebelde”.

Obras poéticas en la Radio Cubana

Obras poéticas en la Radio Cubana

Hace poco me referí al abuso de las metáforas verbales en la Radio. Escribir acerca del tema me exige dedicar unas líneas a los programas dedicados a difundir las obras poéticas.

Es tradición en la Radio Cubana, lo mismo en emisoras nacionales, provinciales y municipales, contar con espacios de esa característica, muy en consonancia con nuestra esencia martiana y latinoamericana, pues en el Apóstol tenemos una de las figuras cumbres del movimiento modernista en la poesía de habla hispana, quien acerca del género escribió...

“¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara”. (1)

Fieles a ese precepto del Héroe Nacional, y a la idiosincrasia afectiva y sentimental de cubanas y cubanos, en la Radio están presentes los programas cuyo contenido imbrica coherentemente poemas y canciones. Los he escuchado en horarios diversos, y lo creo posible porque para la poesía no es necesario un momento en particular, aunque entre sus manifestaciones cuenta la llamada poesía “de amor” o “amatoria”, propicia para altas horas de la noche.

Sin haber hecho Radio – en vida de Martí todavía no había nacido este medio, y si hubiera existido no dudo en afirmar la importancia que le hubiera dado – con la visión que le caracterizó expresó en “Flores del destierro: “La noche es propicia / Amiga de los versos…” (2). Poesía que apela al corazón, pero también aquella con textos que conducen a la reflexión social y filosófica.

Los espacios radiales consagrados a la poesía son propuestas comunicativas especializadas. Es cierto que difunden obras de diversos autores, pero su realización no resulta tan simple como pudiera parecer. Necesitan un nivel de realización que muchas veces se ignora o, simplemente, se evade. Todo comienza por la selección y el balance de las obras de cada emisión, atendiendo a escritores, épocas, formatos, estilos y movimientos que representan, lo mismo que su lenguaje, para no pecar de arcaísmos.

Otro aspecto a considerar es la utilización de los fondos musicales (en los casos de poesías que los requieran); no es lo mismo, digamos, en la llamada poesía “amatoria”, un poema para enamorar, de renuncia, despecho, separación, desamor, etc. Cada uno pide un tratamiento musical de fondo distinto y, en algunos casos, el fondo musical está de más. Alerto en este aspecto en cuanto al empleo de fondos musicales demasiado “melosos” y conocidos; su presencia aparta al radioyente del mensaje poético – que sería lo principal – y lo enajena cuando sigue esa melodía que le atrae como un flautista de Hamelin, atentando contra la función y el objetivo del programa.

Un detalle a tener en consideración en cuanto a los fondos musicales consiste en la instrumentación: debemos evitar las estridencias y los instrumentos de viento, priorizar las cuerdas (piano, violín, guitarras) y en último caso, si de vientos se trata, acudir al saxo soprano. Las estridencias sonoras no son buenas amigas de la poesía para acompañarla; esto a excepción de la poesía antillana – genialidad expresiva legada en su declamación por el excepcional Luis Carbonell, donde la percusión es complemento de la obra poética.

Lo otro, tan importante como la música, consiste en la interpretación de la poesía. En Radio la poesía no se teatraliza, no se actúa ni se declama: sí se interpreta. Ser locutor no es condición “sine qua non” para ser un buen intérprete de poesías. En este oficio, ocurre lo mismo que con el comunicador y el animador; no se hace: ¡nace!

Utilizar un locutor, por muy excelente timbre vocal que tenga, no es suficiente, necesita fuerza y talento interpretativos, eso que en cubano llamamos “bomba” cuando nos referimos a la interiorización, a la apropiación, a meter en los poros la esencia de lo dicho. En tal sentido urge que la poesía sea bien interpretada con la dicción y entonación precisas. Un locutor o locutora que se respete y tenga en alta estima, si no reúne los requisitos para “decir” bien la poesía, no deberá ceder a la seducción de un protagonismo aparente que puede dejarle en situación desventurada.

Para concluir, la poesía debe estar en consonancia con los códigos radiales. Hay muy buena poesía para ser leída, sin embargo, no reúne los requisitos para ser radiada. Esto es una verdad de Perogrullo. Con Martí coincido cuando escribió: “La poesía es durable cuando es obra de todos. Tan autores son de ella los que la comprenden como los que la hacen”. (3)

Puede que otro tema a tratar sea la música que sigue a cada poema, pero referirse al asunto conlleva el riesgo de sentar esquemas, y hacerlo no sería saludable; más bien conculcaría la creatividad propia de cada cual. El dogmatismo en los cánones radiales puede ser tan nocivo como la banalidad. Lo valedero es la búsqueda de lo novedoso y lícito en la programación radial dedicada a la poesía. ¡Continuemos en esa búsqueda!

(1) “El poeta Walt Whitman”, El Partido Liberal, México, 1887; La Nación, Buenos Aires, 26 de junio de 1887.
(2) “Flores del destierro”, versos, (fragmento).
(3) “The Sun”, Nueva York, Nueva York, 26 de noviembre de 1880.

¿Lenguaje radial vs. Lenguaje poético?

¿Lenguaje radial vs. Lenguaje poético?

Lo que voy a comentar, como cuanto escribo, es siempre a título personal. En reiteradas ocasiones al escuchar la Radio, percibo una sincera intención de embellecer el lenguaje con el uso de metáforas verbales. Esto no me parece mal aunque, en ocasiones, se reduce la diferencia entre el uso y el abuso de figuras poéticas en nuestro medio.

No niego que el lenguaje figurado y otros galanteos idiomáticos, en momentos especiales, desempeñen un rol y cumplan el buen propósito. Al mismo tiempo reconozco que a veces, lejos de cumplir su intención, provocan el efecto contrario. ¿Es que el lenguaje radial está reñido con el poético? ¡Claro que no! La Radio, medio de información y comunicación, en su quehacer reclama formas elegantes, ¡y hasta poéticas!, para hacer llegar su mensaje con efectividad. Sí me opongo al abuso de los rebuscamientos metafóricos que se apartan de la principal característica de la Radio: ser directa, libre de ambigüedades e inteligible para todos los auditorios.
 
Es verdad que hay muchos programas en la Radio dedicados a la poesía, ¡pero eso es harina de otro costal! y merece un comentario futuro, pues difundir la poesía – la buena poesía, que da plenitud al ser humano – ha sido, es y será válida en cualquier momento, siempre y cuando, en cada medio, cumpla con los requisitos y códigos propios.
 
En muchos programas puede ser válido el lenguaje verbal metafórico, sobre todo en aquellos cuyo objetivo descansa en la forja y reafirmación de valores, sentimientos y afectos. Los contenidos radiales, tanto como la poesía, deben llevar implícita la impronta del crecimiento humano, y la metáfora verbal, entre otros recursos, constituye uno de los esenciales.
 
Lo que con toda sinceridad no considero apropiado es el abuso excesivo de lo metafórico en el orden verbal, de vocablos y expresiones, en programas de participación, revistas informativas o meramente musicales.
 
Renunciar a lo excesivamente metafórico no priva a la Radio de su sentido poético. A partir de sus propios códigos y su propia esencia, lo poético en la Radio se da intrínsecamente en el cumplimiento de esa peculiar característica que la identifica y hace accesible a todos los públicos: el lenguaje directo, la sintaxis sencilla, sin ambigüedades ni interpretaciones confusas para quienes la escuchan. Mientras más directo, sencillo en estructura e inteligible sea la construcción del lenguaje radial, más poético y entendible será. Eso es lo que cuenta. 
 
Sobran las metáforas verbales, parteras por antonomasia del kitsch. Si construimos nuestras propias metáforas combinando las herramientas y códigos radiales, podremos convencernos de que no existe contradicción alguna entre lenguaje radial y poesía.
 
Crece la Radio poética mientras más lo haga en contenido y esencia. Reafirmo lo dicho recordando a José Martí cuando dijo: “Hay que vindicar: poesía es esencia. La forma le añade, mas no podría construirla…”. (1)
 
(1)   Cuadernos de apuntes, 1881, p. 175)

Lázaro Doubet: "Si me dan a escoger me quedo siempre en la radio"

Lázaro Doubet: "Si me dan a escoger me quedo siempre en la radio"

Lázaro Doubet Jiménez es el corresponsal de Radio Reloj en Cienfuegos. Lázaro empezó por donde comienza la mayoría de los buenos profesionales: desde lo más sencillo, aparentemente, pero en verdad desde lo básico y elemental. Dio sus primeros pasos en el periodismo como corresponsal voluntario, y de muy joven.

- Primero fui corresponsal para la Radio cuando trabajaba en la Unión de Jóvenes Comunistas de la región de Cienfuegos – pues todavía no era provincia – y recuerdo que había un programa llamado "Escuela y Juventud". Aquello fue por el año 1974 y me mantuve alrededor de tres años. Al mismo tiempo enviaba informaciones para el periódico "Vanguardia", en Santa Clara.

En 1977 se trasladó a la Capital para estudiar en la Escuela Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas. Un año más tarde ingresó como alumno de la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana por Curso Dirigido, graduándose en 1983.

- Había regresado a Cienfuegos y empecé a trabajar en el periódico "Cinco de Septiembre", fui uno de sus fundadores. Me mantuve ahí durante cinco años, y después otros cinco como corresponsal del periódico "Juventud Rebelde". Al comienzo del período especial volví para el "Cinco de Septiembre", donde permanecí hasta 1990 que empecé a trabajar como corresponsal de "Radio Reloj".

Varios años en la llamada prensa escrita significaron un nuevo reto para Lázaro Doubet; entonces tuvo que enfrentarse al cambio de un lenguaje para ser leído por otro para ser escuchado.

- En un primer momento no estaba adaptado, pues me había acostumbrado a trabajar para la prensa plana, tuve que irme adaptando a la prensa radial. De aquellos tiempos guardo muy buenos recuerdos de Maria Salomé Campanioni quien me ayudó mucho en eso, así me entrené a conformar las cuartillas para Radio Reloj en función del minuto, un lenguaje que tiene que ser sintetizado, directo, de cuatro párrafos con un total de 16 líneas. Imagínate resumir un hecho en un minuto. Reconozco que trabajar así se convierte para uno en otra gran escuela, además, es un trabajo muy estimulante.

Lázaro recuerda con satisfacción el colectivo con el cual le tocó trabajar en Radio Reloj.

- Ahora han entrado muchos jóvenes y eso es bueno porque el relevo está garantizado. Cuando comencé en Radio Reloj había muchas personas que llevaban años allí, algunos de edad avanzada. Los había fundadores y otros que llevaban tiempo. De ellos recibí mucho apoyo. Me acuerdo de alguien que fue todo un ejemplo como periodista, Juan Emilio Friguls, quien ayudaba a los más jóvenes y nos daba consejos y nos estimulaba. Había otro compañero de apellido Bellechasse que fue fundador del movimiento de corresponsales, llevaba muchos años en "Radio Reloj" y nos impartía seminarios. También varios locutores que trabajaron allí desde antes del triunfo de la Revolución.

Unos cuantos años en Radio Reloj hacen pensar, en cuanto a preferencia, a un profesional que ha vivido las peculiaridades, tanto de la prensa plana como la radial.

- Si me dan a escoger me quedo siempre en la Radio. Soy parte de mi colectivo, es un trabajo que me gusta y por eso me siento estimulado, es algo que ya domino, además, no me agrada estar cambiando de trabajo, y si a eso le sumas lo realizado que me siento, estos 21 años han significado mucho para mí, al extremo de preferir a la Radio, y a "Radio Reloj" mucho más.

Ser corresponsal de Radio Reloj en una provincia es, más que trabajar, un estilo de vida.

- Todos los corresponsales de los distintos medios somos informados de las actividades que tendrán lugar en la provincia durante la semana y los temas. La emisora nacional también nos sugiere temáticas para cada semana y para el mes en cada sector, eso incluye la vida económica, la cultura, la sociedad, y entre todo eso uno va definiendo los géneros a trabajar para cada ocasión. Aunque la emisora es eminentemente informativa, tiene varias secciones como el caso de la sección ENFOQUE de los sábados, dedicado cada vez a un tema diferente que puede ser abordado mediante distintos géneros, como reportajes y entrevistas, una información comentada, por ejemplo.

Y gusta mucho la REVISTA SEMANAL.

- La REVISTA SEMANAL sale los domingos y ahí podemos utilizar cualquier género, desde la crónica, lo mismo que reportajes y entrevistas. Ahí se incluyen notas de curiosidades. A la población le gusta mucho tanto ENFOQUE de los sábados, y la REVISTA SEMANAL de los domingos. Todo eso estimula mucho, sobre todo al saber de su amplia audiencia. ¿Quién no sintoniza "Radio Reloj" todos los días?

Cada periodista tiene predilección por un género en particular. Lázaro Doubet no es la excepción, por eso tiene el suyo.

- En primer lugar me gusta la entrevista, es un género muy humano, y no es que los demás no lo sean, pero uno contacta en directo con el interlocutor.

Quienes lo conocemos personalmente, muy a menudo lo vemos en su quehacer de todos los días. La mayor parte de sus radioyentes solamente lo conocen a través de su labor, y no hay duda en afirmar que todos, sin excepción, lo admiran y respetan por el rigor de su actividad profesional. Es un mérito de Lázaro Doubet que brota de su amor al radioperiodismo y del orgullo por ser parte de un colectivo arraigado a la mejor herencia profesional e histórica de nuestro país.

Día del locutor: Damas y Caballeros del micrófono

Día del locutor: Damas y Caballeros del micrófono

Todos los años el primero de diciembre celebramos el Día del Locutor, ocasión propicia para reconocer el trabajo de hombres y mujeres que un día tras otro, frente a los micrófonos de nuestros medios de comunicación, llevan al pueblo noticias, informaciones de toda índole, esparcimiento y cultura.
Son las voces que en muchas ocasiones durante las veinticuatro horas del día se mantienen como anfitriones de sus radioyentes; son las personas que a diario son recibidas en nuestros hogares como parte de la familia o un miembro más de los colectivos laborales.
La profesión de locutor o locutora – no soy nada adicto a emplear los dos términos, pues el idioma tiene género y no sexo – nació con la Radio. Sin Radio no habría locutores, que mucho después engrosaron los elencos de la Televisión.
Al paso de tanto tiempo transcurrido, podemos afirmar que sin locutores no habría Radio.
Cierto es también que desde la segunda mitad del siglo XX y con fuerza en el actual, ha irrumpido la profesión de comunicador, esas personas que con profundo conocimiento del tema a tratar, sumado al don de gentes, son capaces de hacer efectivo un mensaje, contagiar la radioaudiencia con sus vivencias y hacerla partícipe de sus ideas, si no apoyándolas al menos suscitando el debate y la polémica, factores que proveen de salud a toda sociedad por el mero hecho de comprometer a todos – y todas – en la discusión y toma de decisiones.
Luego de la digresión – necesaria – sigo refiriéndome a la profesión de los locutores, entendida esta como la de personas capacitadas vocal e intelectualmente para difundir los mensajes. Se trata de los locutores “de academia”, “colegiados”, como se desee mejor llamarles, y a ellos los agasajamos hoy.
En la historia de la Radio abundan ejemplos que valen mencionarse; tantos, que prefiero no mencionar siquiera uno para no pecar de omisiones. Lo importante, lo que cuenta, es que en un día como este sentimos la satisfacción de haber contado y contar con personas consagradas a este quehacer, y que lo han hecho y hacen con plena dedicación, elegancia y compromiso. Ellas y ellos son en toda la extensión de la palabra: Damas y Caballeros del micrófono.
El tiempo transcurre y siempre hay relevos, quienes honrando a sus predecesores, mayoritariamente siguen su ejemplo – sin imitaciones, porque esas sí funestas – exhibiendo y practicando las cualidades esenciales de  la profesión. Los locutores son personalidades de la cultura, figuras de importancia social, y basta la visita de uno de ellos a cualquier actividad pública para notar el afecto y la admiración que les profesan los demás. Eso no es un mérito adquirido por espontaneidad, ni por el título académico, y mucho menos hereditario. Es un mérito que se obtiene y gana desde la consagración al trabajo.
Un locutor – una locutora – es ante todo un ser humano de su tiempo, consecuente con su época y estrechamente comprometido con la sociedad. El traje de locutor no es de los que se dejan a un lado al salir del Estudio de transmisión. Se es locutor dentro y fuera de la emisora. Se sigue pensando, hablando y actuando igual que en el trabajo en el hogar, entre sus seres más queridos y en el vecindario.
La locución es, además, un compromiso a plenitud con la superación cultural; los mejores locutores no esperan la convocatoria de un curso, ellos lo procuran de alguna manera, en primer lugar porque son aliados de la lectura y del contacto con personas de todos los oficios, profesiones y estratos sociales. Recuerdo que siendo muy joven veía a un viejo locutor, en sus turnos de cabina, siempre con un libro a mano; me decía que no se perdonaría el mes en que no leyera, por lo menos, un buen libro.
Ejemplo como el mencionado constituye modelo de conducta para los profesionales de la palabra. Esa categoría de locutores son capaces de entablar un diálogo con cualquier persona; poseen un vocabulario rico y gozan de elocuencia sin límites.
El mundo de hoy admira junto a una voz agradable de dicción y entonación impecable, mente y corazón que vibren y latan al unísono de cuanto se expresa. Es lo que se llama “tener bomba” en el mejor cubano.
Ahora que celebramos otra vez el Día del Locutor vale hacerlo como siempre, evocando a quienes precedieron a la actual generación, tanto como satisfechos por los que hoy cumplen esa misión social. Vale igualmente señalar que la locución, como toda actividad de nuestros medios, constituye más que un medio de vida un modo de vida, con la plenitud que aporta el servicio para el bien común.

La Radio y sus fuentes: de la necesidad al hecho

La Radio y sus fuentes: de la necesidad al hecho

Todas las radioemisoras del mundo de alguna manera incluyen espacios de contenido; desde las noticias hasta los clásicos programas ilustrativos. Entre las principales inquietudes de los guionistas y realizadores en general, cuenta la de actualizar a sus públicos de acontecimientos, conocimientos y actualidad. Es tarea de quienes escriben para este medio la re-creación de toda esa clase de informaciones, con el propósito de hacerlas radiables – entiéndase “aptas para su emisión a través de la Radio” – de acuerdo con las características del mismo.
Todo eso es legítimo, sin dudas, pero un riesgo que corremos hasta en los espacios musicales consiste en caer en cierta categoría de “plagio”, inconsciente e ingenuo tal vez, que al tiempo de poner en tela de juicio la ética del realizador puede llevarlo a una situación difícil de comprobarse la no autenticidad de lo expresado, incluso su caducidad.
Vayamos a los programas de carácter cultural, histórico o científico. Salvo excepciones, los contenidos de muchos espacios no son, necesariamente, fruto de investigaciones propias. Es lógico que así sea, a excepción de espacios escritos y/o conducidos por especialistas en alguna materia, quienes a su vez se apoyan en otros colegas suyos. Pongo el simple ejemplo de un programa dedicado a comentar sobre Astronomía. Es iluso pensar que para hacerlo el guionista tenga obligatoriamente que agenciarse un telescopio, mirar al cielo, hacer descubrimientos o llegar a conjeturas para luego escribir su guión y darlos a conocer a la radioaudiencia.
Hay quienes arremeten contra algunos realizadores por apoyarse en la Internet para llenar los contenidos de sus espacios. Considero injusta esa embestida cuando hoy por hoy la Internet es fuente primordial de conocimientos, siempre y cuando nos acompañen las herramientas del discernimiento, la investigación y el cotejo de fuentes diversas. Antes, digamos en la década de los 70 y 80 las fuentes principales eran las publicaciones impresas, y a nadie se le ocurrió entonces proscribir ese apoyo.
Hasta ahí todo va bien. El quid de la cuestión consiste en la mala costumbre – no sugiero mala intención – de quienes aprovechando las fuentes, sean cuales fueren, no las citan. Digamos que fue descubierto un nuevo satélite natural en Marte – ejemplo hipotético – y lo dio a conocer una institución de Astrofísica X. Es lícito informarlo, hasta dedicarle un programa más amplio, pero es más que necesario, ¡obligatorio!, citar la fuente de la cual obtuvimos la información. De lo contrario parecería que esa novedad es fruto de investigaciones del realizador o de la entidad para la cual trabaja. ¡Craso error!
Los guionistas, realizadores y los redactores de las salas de prensa tenemos el deber y obligación de citar siempre y ¡siempre!, las fuentes de las cuales nos nutrimos para la confección de programas, boletines y noticieros. ¿Cuántas veces por ese desliz no se les ha quitado crédito a algunas radioemisoras?
Se da el caso de que un día se interrumpirá el abasto de agua en una ciudad. La entidad responsable lo informa verbalmente o por escrito a la Radio, pero a la hora de redactar no se le cita. Si finalmente no se da la interrupción, lo más fácil es que los radioyentes tilden a la radioemisora de imprecisa y poco seria. En este otro aspecto es la emisora en su conjunto la que puede perder credibilidad; por ello toda información proveniente de instituciones y organismos debe de tener como condición “sine qua non” ser enviada por escrito y debidamente firmada para acreditarla a su fuente de origen.
La sutil copia no se circunscribe a espacios especializados, pues en programas musicales se cometen errores parecidos. Digamos que se afirma que la pieza “Aquellos ojos verdes”, su música fue compuesta en Nueva York por Nilo Menéndez, inspirado en la belleza de los ojos de la también cubana Conchita Utrera, y que Adolfo, hermano de Conchita, escribió la letra. De acuerdo, pero… ¿dónde está la fuente original que lo acredita? Ah, entonces fue que lo dijo fulano, el locutor de tal radioemisora. Me da la impresión de verlos con telescopios, microscopios y quién sabe cuántos recursos más, indagando en esas historias. Y está bien que se haga, pero por favor, que se diga la fuente original.
Los dramatizados, por su parte, no escapan a este riesgo, no dado por la ausencia de fuentes a citar – hacen falta - sino por los propios vocablos y contenidos, muchas veces fuera del contexto cultural del supuesto autor original, su fraseología y otros aspectos conceptuales. El idioma castellano tiene sus usos regionales y por ello – si quien adapta no es un “maestro” en su delito – se hace fácil detectar la mancha. Reconozco que detectar copias o más que eso plagios en este género es tarea más que difícil, propia de peritos.
En el caso de los dramatizados figuran también los facilismos en la copia de hechos históricos.
Hay espacios de estos dedicados a acontecimientos más que conocidos en que, si no es necesario mencionar al aire la fuente, debiera ser de obligatoriedad anotarla en el guión para que los asesores puedan documentarse y precisar cualquier detalle o, por lo menos, conocer de dónde sale lo que se escribe.
Existen otros programas basados en la vida real que se dramatizan a partir de investigaciones más actuales. En estos casos, aunque el guión sea original, considero obligatorio mencionar las fuentes investigadoras que sirven de base al libreto. Aunque éste sea original – con los toques de ficción que requiere – la labor investigativa de los demás debe ser respetada y dada a conocer públicamente y si lo amerita, que dicha fuente original sea debidamente retribuida.
Conozco el caso en prensa plana de un cronista que escribió acerca de una personalidad de las letras y le atribuye una anécdota, de la cual se enteró el cronista  por un testigo del hecho. No tuvo siquiera la delicadeza de referirse a que… “según tal persona, quien lo conoció, en tal año, ocurrió…”. Nadie más conocía de aquello, salvo el testigo presencial y el cronista a quien se lo dijo mucho tiempo después de acontecido. Lamento que un profesional caiga en tales errores de omisión, quizá solamente por ganar en protagonismo hacia sus lectores o radioescuchas.
No a todo hay que citarle fuente porque de lo contrario la Radio llegaría a ser entonces una aburrida letanía; aunque para hacerlo si se requiere, abundan recursos. No creo tampoco en la necesidad de citar fuentes - ¿¡cuántas hay!? – para decir una vez más que Colón llegó a estas tierras el 12 de octubre de 1492. No se trata de ir desde lo sublime hasta lo ridículo.
Apelo únicamente a dar el crédito merecido y legítimo a las fuentes. Eso es una cuestión de ética, respeto propio y salvaguarda de la credibilidad. La Radio y sus fuentes deben consolidar una relación armónica, siempre sobre la base de su reconocimiento, porque está claro que sin las fuentes, la radio no subsiste, omitirlas significa desacreditar el proceso de creación y ello ningún radialista que se respete lo debe aprobar.