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Radio, música y dramaturgia

Radio, música y dramaturgia

La música ocupa – con frecuencia - más del 70 por ciento de la programación radial en cualquier emisora del mundo.

Salvo excepciones muy contadas cuyo contenido lo justifica – v.gr. Radio Reloj en Cuba – la música constituye un componente esencial, no solo desde el punto de vista estético o recreativo, sino en función de los contenidos hablados; sirve en sí misma para completar la idea, crear atmósferas y hasta para inducir estados de ánimo en relación con cuanto se expresa mediante los sonidos articulados.

Es debatida la cuestión de si la música en función de la dramaturgia es exclusiva de los espacios dramatizados (radionovelas y cuentos) o si esa función también atañe a otros géneros como noticieros, incluso espacios destinados a la difusión musical.

Basta mencionar el término “dramaturgia” para inferir una relación directa con las radionovelas y cuentos, con los cuales su relación es directa; sin embargo, otros espacios en la radio precisan su muy particular “dramaturgia” – entendida, entre otros elementos, por las expresiones paralingüísticas y no verbales cuyo propósito radica en manifestar el punto de vista y hasta la personalidad y temperamento del emisor, y en la mayoría de los casos estimular un estado de opinión. Acerca de esto pudiéramos razonar con profundidad.

Resulta evidente el empleo de la música en la radio, algo que tal vez sea una experiencia heredada del cine. Hasta la actualidad inclusive, sabemos que una película sin música funcional puede volverse tediosa, a no ser que su contenido cautive excesivamente; esa es la excepción. Las películas de dibujos animados (incluyendo los cartones) son ejemplos típicos de cómo la música complementa a la acción. Todo lleva a concluir que la música en reiteradas ocasiones funciona como un actor o actriz más en la dramaturgia de cualquier factura cinematográfica y televisiva, así como radial.

En el intento de completar el objetivo de esta reflexión, merece reseñar la utilidad de la llamada música instrumental clásica como elemento dramatúrgico para sugerir atmósferas, ambientes y estados de ánimo en un producto de radio, lo mismo que se hace generalmente en el cine y la televisión.

En nuestro concepto particular la música llamada clásica – desde el Clasicismo, atravesando el Barroco, el Romanticismo y otros movimientos hasta el Nacionalismo Musical y manifestaciones de la música Contemporánea -proveen una herramienta útil a la hora de construir el edificio dramatúrgico de un programa de radio.

El secreto radica en conocer cuál emplearemos según el caso. Un ejemplo plausible es la música compuesta expresamente para un programa de radio, televisión (noticieros, mesas redondas, telenovelas) o para una película. Esa denominada música incidental por encargo involucra a los compositores de manera directa en la armazón total del espacio – recordemos “En silencio ha tenido que ser”, “Para empezar a vivir” y “La gran rebelión” – para lo cual el autor musical junto con la lectura interioriza el guión y sostiene encuentros directos con el director-realizador para conocer sus puntos de vista.

Aparte de esa música funcional que es puntual y lógicamente costosa desde el aspecto del presupuesto financiero, los directores-realizadores tienen a su alcance todo el acervo de la llamada música clásica – no necesaria y únicamente la compuesta durante el Clasicismo (s. XVIII y XIX) – sino antes y después, y que por su calidad resulta irrepetible, paradigmática y, de cierta manera, digna de imitar.

La utilidad de su uso se fundamenta en que esa música, casi siempre, posee un contenido dramático (sugiere atmósferas, estados de ánimo, incluso paisajes). En su tiempo buena parte de ella, compuesta por encargo – y siempre con una buena dosis de motivación inspiradora –resulta de incalculable valor desde el punto de vista dramatúrgico. Para ilustrar lo antes dicho, recordemos la Obertura 1812 de Tchaikovski la cual constituye una narración musical del gran combate entre rusos e invasores franceses, donde los primeros salieron victoriosos. Los tambores sugieren el estampido de los cañones y los acordes finales son un canto de victoria.

Dentro de la llamada música clásica hay movimientos de conciertos y sinfonías– y fragmentos de ellos –de asombroso valor, los cuales encajan perfectamente como elementos dramatúrgicos para cualquier época. Muchas oberturas, por ejemplo, que en principio son el preámbulo de una obra operística, han devenido obras en sí mismas y tratan historias de la literatura universal.

Es recomendable el uso de esa categoría de obras musicales – siempre que sea posible - por su atemporalidad, dada por esa misma condición de clásica y paradigmática. Toca al director-realizador conocer en detalle el momento histórico de la obra musical y su posible o no compatibilidad con el de la factura radial en sí.

Muchas veces se deja la tarea en manos del musicalizador, quien debe de ser, ante todo, un conocedor de la música que se emplea; en cambio, no soy partidario de que toda la responsabilidad en ese sentido recaiga en ellos.

Resulta más saludable cuando el mismo director-realizador sugiere o se agencia la música - o fragmentos - adecuados. Cierto que para hacerlo se precisa contar con suficiente cultura musical que en un radialista ¡se supone! exista; si no fuese así, en tal caso debe procurarse lo antes posible.

La quinta vértebra del mensaje radial

La quinta vértebra del mensaje radial

El medio radial cuenta, a saber, con cuatro elementos básicos para construir sus mensajes: voz, música, efectos sonoros y silencio. Ello no es otra cosa que un sistema basado en la estructura y poder comunicativo de los signos inherentes al medio. A través de los signos lingüísticos y sonoros se estructuran los mensajes, es decir, las ideas emitidas al público. Las herramientas o elementos del mensaje radial poseen en el orden elemental una función denotativa; visto únicamente de esa manera el mensaje carecería de vida, lo que equivale a inferir que sería carente de emociones. Para ello precisa de la función connotativa como reflejo adicional de lo “que dice el emisor” acerca de la idea; su “relación” con la idea misma. En la medida que la función connotativa sea correctamente codificada a través del mensaje, su decodificación será directamente proporcional.

En la función connotativa quedan implícitos la personalidad, estado de ánimo, punto de vista y temperamento de quienes emiten la idea. Lo denotativo y lo connotativo son factores complementarios e interdependientes para completar el sentido de los mensajes y su efectividad; en dicha simbiosis funcional se articulan objetividad y subjetividad; conocimiento y afecto expresados acerca de la idea.

Las ideas expresadas mediante el sonido articulado – las palabras – son incompletas si carecen del factor paralingüístico. La paralingüística se concibe como un subcomponente de la palabra articulada; los mensajes carecen de sentido sin su presencia. En la radio es imprescindible, ya que la transmisión de ideas a través de mensajes sonoros carece del elemento visual y reduce la posibilidad de que los receptores capten los elementos del lenguaje no verbal. Es en este caso el subcomponente paralingüístico el destinado a “comunicar”, “hacer saber” la intencionalidad de la idea devenida mensaje.

Diálogos; matices del lenguaje acorde a la geocultura de origen; profesión de quien comunica; estatus familiar; edad; nivel de instrucción y posición social, se reflejan mediante un lenguaje específico complementado con el carácter, modo de pensar y aceptar cuanto le rodea; ello no de manera mecánica, sino filtrado a través de la experiencia personal, el temperamento y la psicología. Por ningún concepto, alguno de estos elementos goza de carácter suplementario – que significaría sustituir o excluir – sino complementario por su función enriquecedora y de completamiento de la esencia y finalidad de cada mensaje.

Lo paralingüístico contempla varios elementos que lo definen, los cuales van desde el timbre de la voz, su volumen e intensidad; la rapidez con que se comunica el mensaje; el tono de voz y entonación, incluyendo el énfasis silábico así aspectos tales como la fluidez, alegría o tristeza y el ritmo respiratorio con que se emite cada mensaje.

Cuando el subcomponente paralingüístico se evidencia de modo claro y preciso, la intencionalidad del mensaje es percibida con exactitud. Es importante saber cómo controlar y construir debidamente lo paralingüístico, puesto que de alguna forma siempre se revelará; cualquier error o inexactitud al construirlo puede distorsionar la naturaleza y propósito de lo que se comunica. Desconocer su utilidad y posibilidades conlleva interpretaciones equivocadas de los mensajes.

Otro subcomponente de lo paralingüístico radica en lo pragmalingüístico – inherente a la filosofía del lenguaje y la psicolingüística - , que estudia el contexto en el cual el mensaje se emite, concebido como situación comunicativa y conocimiento común de los hablantes. Aquí regresamos a los códigos, cuya aceptación común es condición imprescindible para que el mensaje se entienda con efectividad óptima.

De lo antes dicho concluimos que las herramientas básicas del mensaje radial no son tan sencillas como pudieran parecer. Una aplicación fría y mecánica, donde la denotación no se complemente con la connotación – “lo que se dice” con “lo que se siente” acerca de lo dicho – despojaría al mensaje de su verdadera finalidad. De ahí que lo “paralingüístico” pueda considerarse como una quinta vértebra (elemento o herramienta) para la construcción de un mensaje radial efectivo.

Roberto Busto: Todo por la Radio

Roberto Busto: Todo por la Radio

Lo percibo como un hombre serio y con elevado sentido de sus responsabilidades. Recuerdo conocerlo desde mediados de los 60s cuando Cienfuegos aún pertenecía a la provincia de Las Villas. Lo conocí como una de tantas personas que unían a su trabajo la responsabilidad (no remunerada) de escribir y conducir programas de radio. Fueron tiempos difíciles y, tal vez por eso hermosos. La gente no daba, sino que se daba sin esperar ni desear nada a cambio; y no es que esperar o desear una retribución sea ausencia de virtud, todo lo contrario, sino que el momento histórico no dejaba tiempo ni lugar para pensar en la recompensa: estábamos construyendo la mayor recompensa para todos, un futuro mejor. Es por esta y muchas razones que experimento pesar cuando tan poco o nada se dice que personas que tanto dieron por amor y sentido del deber. Uno de ellos es Roberto Busto Jiménez (20-5-1938); licenciado en Educación en la especialidad de Ciencias Sociales e Historia, fundador de los Comités de Defensa de la Revolución, Alfabetizador, Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba en la región de Cienfuegos a mitad de los 60s y quien llegó a ser también Presidente de la Unión de Historiadores en Cienfuegos. Pero lo que ocupa estas líneas es la labor que desempeñó como radialista. Su historia en nuestro medio se remonta al año 1957, cuando producía y conducía el programa “¡Ah pero usted no lo sabía!” en Radio Popular, de lunes a sábado a las 5 de la tarde con media hora de duración. Luego en 1962 se inició en labores como corresponsal voluntario del sector de la Educación para el Noticiero de la entonces emisora Radio Tiempo. Su condición de joven revolucionario le hizo comentarista ocasional con editoriales para el programa que entonces tenían las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI); participó como comentarista en el Noticiero Deportivo. Roberto Busto fue alumno de la Escuela de Locutores “Miguel Buendía” que funcionó en Cienfuegos durante los primeros años del triunfo de la Revolución, en la cual compartió con compañeros suyos de la talla de Juan Varela Pérez, fundador de la iniciativa y uno de sus profesores. En sus inquietudes como radialista, escribió y condujo el programa “Pregunte Usted”, con marcado propósito de difusión cultural. El espacio tenía media hora de duración de lunes a sábado, primero, y luego de lunes a viernes en el horario de la tarde a las 5, y se mantuvo al aire hasta 1970 cuando junto con la Escuela Técnica Industrial “Cinco de Septiembre” de la cual fue profesor, marchó a la zafra. Hace pocos días, conversando con él, me comentaba que daba muchas notas de carácter científico y cultural, así como curiosidades de la naturaleza; intercalaba música cuyos títulos se anunciaban al final del espacio. Los domingos, día en que la mayoría de las personas descansamos, él iba a la emisora a las 3 de la tarde para conducir el programa “Telescopio Mundial”, que duraba media hora y estaba dedicado a informar acerca de la actualidad, entonces se hizo una convocatoria para escuchar propuestas para un nuevo nombre. En aquella época Radio Tiempo, y luego Radio Ciudad del Mar, no contaban con estudios de grabación ni edición. Los programas especiales que requerían grabación había que hacerlos después de las 12 de la medianoche, cuando la planta cesaba sus transmisiones. Había que grabar y editar simultáneamente de principio a fin; si alguien se equivocaba o se cometía algún error en la edición “in situ”, era necesario empezar desde el inicio. Fue en tales condiciones que escribió y dirigió dramatizados especiales acerca del 13 de Marzo, la Revolución de Octubre y otros, donde el elenco estaba formado por los 12 trabajadores que tenía la emisora en plantilla, quienes se ocupaban de las trasmisiones durante 18 horas diarias, cubriendo los espacios noticiosos y de variedades. Roberto Busto es parte de un nutrido grupo de radialistas voluntarios que en su momento dieron el paso al frente y alternaron sus responsabilidades diarias con sus desinteresadas colaboraciones. Un grupo al que pueden sumarse muchos nombres más, algunos de ellos lamentablemente olvidados. Por lo que este profesional realizó con modestia, me di a la tarea de localizarlo. En nuestra plática le hice algunas preguntas que respondió con firmeza y convicción.

- ¿Qué le motivó a hacer radio en su juventud?

La radio y el periodismo me gustaron desde niño. A veces en la escuela hacíamos periodiquitos y los repartíamos, desde la primaria. Me recuerdo que los demás muchachos siempre los buscaban para leer, pues poníamos cosas simpáticas. De mayor me gustó colaborar en los distintos medios.

- Al paso del tiempo y a la luz de aquellas experiencias como radialista, y ahora como radioyente, ¿qué consejo o sugerencia tiene para las nuevas generaciones que como usted un día, hoy se dedican a la radio?

Lo primero que les sugiero es estudiar mucho, leer mucho. A veces escucho improvisaciones tanto en radio como en televisión, y se ve que en algunos casos hay desconocimiento del tema que se está tratando. Para hacer una entrevista no quiere decir que uno domine el tema al ciento por ciento, pero por lo menos que pueda dialogar con el entrevistado, algo parecido a lo que hace Taladrid, quien es un buen ejemplo de cómo se debe realizar una entrevista porque se nota que tiene conocimiento del tema que se está tratando. Hay veces que un periodista está entrevistando y cuando se le da una respuesta por el entrevistado ya no sigue porque no hay por donde seguir trabajando. Veo mucha improvisación; antes todo el mundo era locutor, ahora es locutor, animador, presentador, una serie de adjetivos que se le han dado a esa profesión, hay uno que grita en un cabaret, otro que habla en un teatro y cada uno en su medio, pero hay algunos que gritan en la radio, y no se debe gritar en la radio. Veo que actualmente muchos artistas ahora los ponen a animar programas, y en algunos casos se ven mal y forzados. Ese es un problema que pude resolverse.

- Cuénteme algo en relación con el cambio del nombre de la emisora de Radio Tiempo a Radio Ciudad del Mar, un tema muy controversial y tengo entendido que usted tomó parte en esta decisión. ¿Cómo fue esa historia? Radio Tiempo era una cadena independiente que nunca se constituyó como cadena. Había cinco emisoras de Radio Tiempo, que eran de los hermanos Vázquez: Sancti Spiritus, Caibarién, Sagua la Grande, Santa Clara y Cienfuegos, pero nunca se pusieron en cadena, sí había un propósito futuro para establecer una cadena a escala nacional. Unos años después del triunfo de la Revolución se planteó el cambio de nombre. En aquellos días yo estaba en La Habana pasando un curso y venía en avión para Cienfuegos, y al llegar vi un letrero que decía “Cienfuegos, la linda ciudad del mar”, puesto por el entonces INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística), y aquello se me quedó en la mente y luego hice la propuesta, aunque mi propuesta era solamente “Ciudad del Mar”, no “Radio Ciudad del Mar”. Si iba a mantenerse el estilo de dar la hora con frecuencia, sencillamente decir: Ciudad del Mar, tal hora, por ejemplo, no Radio Ciudad del Mar. A mí eso me lo han criticado porque dicen que es un nombre muy largo, pero por ejemplo, existen “Radio Llanura de Colón”, “Radio Ciudad de La Habana”; antiguamente “Radio Cordón de La Habana”, “Radio Cadena Agramonte” tiene más sílabas. Ciudad del Mar, ¿cuántas sílabas tiene? Ahora, sí empiezas a poner “Radio Ciudad del Mar, desde la Perla del Sur, si haces una identificación grande, entonces cambia, pero al pueblo le gusta el nombre ese, pues ha pegado, el pueblo lo ha hecho suyo. - ¿Cómo define a la radio en sentido general? La radio es el medio ideal. Si la comparamos con la televisión, no todo el mundo tiene, nosotros en Cuba sí, pero en muchas partes del mundo no todos tienen un televisor ni la señal llega a todas partes. Quisiera que me dijeran, por ejemplo, en una cabaña en Guatemala, qué televisor puede haber donde la gente no tiene ni para comer. La radio sí llega a cualquier lugar, un equipo receptor es muy barato, lleva a las montañas, a la selva, a cualquier lugar con un par de pilas, es un medio barato y da información, educación. Hay experiencias de la función de la radio en la alfabetización, empleada por nosotros los cubanos en distintos lugares. En cuanto a los medios más modernos, como la Internet, las nuevas tecnologías, son muy costosas, eso no llega a todos. La que llega hasta el último rincón y hasta el más pobrecito, es la radio. 

Al redactar este trabajo me preguntaba si Roberto Busto es, acaso un radialista olvidado. Pienso que, en todo caso, poco mencionado. Estoy convencido de que mucha gente escuchó sus programas en los años 60s y lo recuerda; sí creo que para salvar la memoria histórica de nuestra radio, al tiempo de reconocer lo que tantos como él hicieron, es noble tarea buscar a esta gente, algunos de ellos aún vivos, para hacer justicia reconociendo lo que una vez con absoluto desinterés aportaron al medio y al bien de nuestra sociedad.

Elogio del aguacate

Elogio del aguacate

Me dijo mi amigo Roberto Guerrero que los mejores aguacates del mundo se dan en el pueblito de Zamora, Estado de Michoacán. En reiteradas ocasiones los he degustado y no cabe duda de que son deliciosos, aunque de pequeño tamaño, al menos los que he probado. Pudiera decir que la buena recomendación del aguacate zamorano estaría en duda por llegar de muy cerca – Roberto es de ese lugar – y todos tenemos la sana inclinación a afirmar que lo nuestro es lo mejor; los cubanos somos así, y los mexicanos no son la excepción. Me parece que es una característica inherente a todos los latinoamericanos. ¡Tanta subestimación por los europeos!, que como mecanismo psicológico de compensación tendamos a elogiar lo nuestro en demasía, unas veces con justificación y otras no tanto. Sé que van a pensar lo mismo acerca de mi afirmación en este comentario cuando afirmo que en Cuba se dan variedades de aguacates, tan diversas en tamaño como en textura y gusto. Bueno, en primer lugar soy fan de los aguacates y confieso que más que “aguacatófilo” me declaro “aguacatomaníaco”. Ciertamente para el almuerzo me conformo con una tajada de aguacate con algo de sal y un pedazo de pan; ya con eso para mí, barriga llena y corazón contento. Con harina de maíz me encanta, y no pocas veces ha sido el rey de mis desayunos – no la harina, sino el aguacate – para tenerme satisfecho toda la mañana. En el patio de mi casa que aunque es particular – mío y de mi familia, por supuesto – y que cuando llueve se moja como los demás, tenemos una mata de aguacate para nuestro orgullo y satisfacción. Desde hacía tiempo intentábamos sembrar nuestro aguacate, pero la suerte no nos acompañaba hasta que un día, hace veintitantos años, mi suegra descubrió una mata pequeñita que nació debajo de un pedazo de zinc. El mismo día en que nació nuestra hija menor, mi suegra se encargó de trasplantarla hacia un lugar más al centro en el patio y, ¡fantástico!, se logró. Cierto que permaneció más de quince años sin fructificar hasta que en su primera parición no pasó de seis o siete aguacates enormes, tanto como una calabaza, y deliciosos en extremo. La mata sufrió podas continuadas debido a construcciones hogareñas y su tronco se fue doblando debido a una mata de toronja que tenía muy cerca. Puedo decir que el tronco de nuestra mata padece de una marcada escoliosis. Hace unos cuantos años que la mata sigue dando aguacates, tan enormes como deliciosos, sirviendo de orgullo para la familia. Cada vez que arrancamos aguacates de la mata los zarandeamos para ver si la semilla se mueve, de ser así ya está hecho. Casi siempre mi esposa me dice: mira para esto. Desconozco el nombre de esa variedad, de lo que sí estoy seguro es que no se trata de una mata de injerto, ya que nació directamente de una semilla que sin intención alguien de nosotros lanzó un día al patio. Con el deseo de conocer acerca del origen de los aguacates me di a la tarea de buscar en Internet y leí que la Persea Americana, como también se le denomina, es oriunda del sur de México y perteneciente a la familia de las lauráceas. Es de pensar que los conquistadores españoles se ocuparon de diseminarla por todo el continente y las Antillas, donde el aguacate encontró tierras fértiles y clima apropiado. Es posible que los cambios de hábitat posibilitaron la variedad de especies de aguacates. El nombre Aguacate proviene de una voz náhuatl, que originalmente era “aguacatl”. No sé si Moctezuma le ofreció aguacates a Hernán Cortés – bebida de chocolate sí, es mencionada por los cronistas de entonces. Es nutritivo en extremo, tanto en carbohidratos como en vitaminas; dicen que los astronautas lo han incluido en sus vuelos cósmicos. La única desventaja es que provoca una gran flatulencia rectal. En Cuba comemos el aguacate a nuestro modo criollo: se corta en tajadas, se les pone aceite y sal, y en ocasiones rebanadas de cebolla o ajo. Algunos lo mezclan con la ensalada de pepinos, pero en lo que a mí respecta, lo prefiero sin acompañamientos en la fuente donde es servido. Muchas veces corto un buen pedazo con corteza y todo, le pongo algo de sal y voy tomándolo de ahí con una cuchara. En México la cosa cambia, pues allá el plato de aguacate se conoce como guacamole. Ellos cortan las tajadas y las aplastan con un tenedor hasta que se hace un puré al que le añaden chile. Es una costumbre que tiene lugar en algunas naciones centroamericanas. Muchas personas se resisten a admitir que el aguacate es una fruta, por considerar que las tales se caracterizan por su dulzor. No quiero entrar en discusiones; no soy especialista en Botánica ni cosa por el estilo, pero tal vez para estar en paz vale la pena cambiarle el género: no llamarlo fruta, sino un fruto, ya que nace de una flor. Además de servir para la nutrición humana, el aguacate se utiliza en la producción de cosméticos, ya que su grasa tiene un poder humectante para conservar la lozanía de la piel. Por muchas razones el aguacate merece que se le elogie y, aún más, si es al tiempo de gran tamaño y delicioso. Me parece que quienes tengan un patio de tierra, aunque pequeño, debieran aprovechar la oportunidad de plantar su arbusto. No se arrepentirán. Y bien a la expectativa, pues en febrero empieza a florecer: momento para predecir si la cosecha del año será abundante.

Música y Radio: Vocaciones de Leyda Lombard

Música y Radio: Vocaciones de Leyda Lombard

Leyda Lombard García es un nombre conocido para quienes frecuentamos la sintonía de CMBF Radio Musical Nacional. Lo que tal vez no sepan muchos es que Leyda no concibe su quehacer en la radio necesariamente como un trabajo, sino como complemento importante de su vida. No extraña eso a quienes estén informados de que Leyda es una excelente guitarrista concertante; un ser humano que posee enorme caudal de conocimientos relacionados con el más universal de los lenguajes.
Ella formó parte de la primera graduación del Instituto Superior de Arte (ISA) de Cuba, que cursó estudios de guitarra de 1978 a 1981. Junto a su vocación musical combinó la pedagógica, ya que impartió clases de superación a músicos profesionales empíricos entre 1973 y 1974, antes de su ingreso al ISA. Una vez graduada recorrió la isla como ejecutante de la guitarra, labor que estuvo realizando hasta 1984.
El año 2006 también resultó feliz para ella en el aspecto profesional: fue cuando se integró a la valiosa nómina de personalidades que hacen posible la salida al aire de CMBF. Para ella ha sido oportunidad de contactar en directo con la música que tanto ama y ha cultivado. Una calurosa tarde cuando la visité en la emisora me confesó que en su caso, en el mundo de la guitarra solista, si no se toma cuidado puede perderse la dimensión de la música como un fenómeno total. Por eso ahora, desde su quehacer como radialista todo lo concibe distinto. Esta admirable mujer escribe y dirige radio; conversa muy a menudo con la maestra Laura Inclán Narbona, se hablan por teléfono y dialogan acerca de su labor en el medio.
Desde el año 2009 Leyda tiene a su cargo el programa “Festival CMBF” que sale al aire de lunes a viernes a las 8:30 de la noche, con retransmisión a las 4 de la tarde del siguiente día y en la madrugada. Es un programa que se graba y edita previamente con el apoyo decisivo del realizador Luis Marchán, quien con su experiencia la motiva al deseo de entrenarse en dicha labor. Para su satisfacción, “Festival CMBF” es uno de los espacios con mayor audiencia junto con el del maestro Vázquez Millares, dedicado al género de la zarzuela.
Apasionada de la música de concierto desde la edad de 16 años, Leyda reconoce la encomiable labor de CMBF como emisora de la Radio Cubana dedicada a la ampliación del horizonte cultural. En su opinión no es posible una mayor masificación de la audiencia de esta emisora, que cumple su cometido. La masificación del buen gusto estético no puede lograrse únicamente a partir de la radio. Opina que resulta necesario un trabajo desde las escuelas de enseñanza general, donde debiera existir una asignatura que revele a los jóvenes otras facetas de la música, entre ellas la de esta categoría.
Encontrarse con Leyda y ocupar el tiempo que generosamente concede a conversar de todo lo relacionado con su vocación, es siempre ocasión que vale aprovechar. Sus amplios conocimientos, a los que agrega un carácter amable, son motivaciones valederas para establecer el diálogo ameno con esta formidable radialista que pone toda el alma en su labor.

Los engaños de Word y la edición de prensa

Los engaños de Word y la edición de prensa

ACABO DE LEER EN GRANMA, EN EL BLOG DEL COMPAÑERO PELAYO TERRY, ESTA VALIOSA REFLEXIÓN ACERCA DEL USO DE LOS PROCESADORES DE TEXTO, EN ESPECIAL EL POPULAR "WORD" DE "MICORSOFT". POR SU IMPORTANCIA LO REPRODUZCO EN MI BITÁCORA. ESTIMO QUE SERÁ UNA AYUDA DE PRIMERA MANO PARA TODOS LOS QUE HACEMOS PERIODISMO. 

Todos sabemos las “facilidades” que ofrece Microsoft Word para quienes utilizan el procesador de textos más popular en el mundo. No voy a describir aquí sus bondades para la edición de materiales, la corrección, la utilización de diferentes estilos, para diseños, manejos de correspondencias, utilización de sinónimos, etc. Habría que dedicar a alguien, porque sus inventores seguro no lo harán, a que nos diga cuántas son las funcionalidades que ofrece esta herramienta de uso continuado y común en todas las partes de este planeta, por supuesto, computadora mediante.

Sin embargo y ya una vez abordé el tema en este mismo blog; las tecnologías también nos tienden algunas trampas y para ellas debemos estar preparados. No confiar plena y ciegamente en ellas es quizá el mejor antídoto para no caer en su engaño, que nos puede llevar a cometer errores que después no tienen solución si encontraron el fin en una edición impresa de cualquier publicación.

En este post solo voy a hablar, a manera de alerta para quienes trabajamos en el mundo del Periodismo, sobre la necesidad de no confiar plenamente en las posibilidades que ofrece Word para corregir las palabras, que, según el procesador, están mal escritas.

¿Cuántas veces no hemos escrito una palabra bien, y el dichoso programa nos la marca en rojo, o la pone en azul, porque para “él” existe una mala conjugación? ¿No hemos sido víctimas de errores en la escritura de nombres y apellidos que el “querido programa” no reconoce, como por ejemplo el mismo apellido de este escribidor, el cual Word reconoce como Ferry y no como Terry? Es verdad que ofrece la posibilidad de agregar la palabra desconocida para que pase a formar parte de su “diccionario”, pero ello no elimina per se la posibilidad de la equivocación, sobre todo cuando el uso de la PC no es exclusivo de una sola persona y es múltiple el escenario donde se puede actuar.

Ejemplos puede haber muchos otros, pero lo más importante es confiar en nuestras capacidades y nuestros conocimientos. Las tecnologías pueden abrirnos ciertos caminos, pero lo principal es la preparación de quienes detrás de cada una de ellas se sientan, en la seguridad de que nunca, por muy avanzado que esté, habrá herramientas que pueda sustituir nuestra formación profesional. Y además, ello debe ir acompañado, al menos en mundo del Periodismo donde interactúo, de otras prácticas, como la autoedición de los contenidos que creamos, paso indispensable que todo profesional debía asimilar. Es la capacidad primera que tenemos para darnos cuenta nosotros mismos de si hemos cometido alguna pifia.

Nos juega una mala pasada y no sabemos, luego, como distanciarnos de ella para mejorar lo que queremos.

Creo que sin demeritar el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, lo más sensato siempre será confiar en nuestros instintos y nuestra formación cultural y académica, la cual, cada día debemos continuar cultivando. Solo así, los errores que Word “arregla”, no se convierten en errores que Word multiplica. Ahí les dejo la puerta abierta para que opinen y ofrezcan otras consideraciones.

PELAYO TERRY: Master en Ciencias de la Comunicación. Licenciado en Periodismo en 1988. Corresponsal de guerra en Etiopía. Corresponsal jefe de la Agencia de Información Nacional en la década de 1990. Subdirector del periódico Tribuna de la Habana, subdirector Editorial del periódico Juventud Rebelde, desde el 2009 Director del periódico Juventud Rebelde y desde el 9 de octubre de 2013, Director del periódico Granma. 

Fuente: http://cibereditor.bloguea.cu/general/los-enganos-de-word-y-la-edicion-de-prensa/

Octavio nos dijo adiós

Octavio nos dijo adiós

Esta mañana temprano, como de costumbre, al revisar el correo encuentro una noticia triste: Octavio Pérez Valladares había dejado de existir en la noche de ayer 5 de marzo víctima de un paro respiratorio. Contaba 63 años de edad.

En mi sentir interpreto el de todos los compañeros y compañeras que durante décadas habíamos trabajado junto a él. Se reponía de una intervención quirúrgica de cataratas, y la muerte le sorprendió. Es una noticia dolorosa para los periodistas cienfuegueros y para todo el colectivo de la emisora provincial Radio Ciudad del Mar a la cual dedicó sus mejores años de profesión, interrumpidos temporalmente por algunos años que laboró en el periódico “Cinco de Septiembre”.

Lo conocí en 1973, apenas graduado de Periodismo en la Universidad de La Habana. Desde siempre nunca quiso dejar de ser aquel guajirito de Cumanayagua sencillo, serio, amistoso, susceptible y muy deseoso de aprender y, al mismo tiempo, de compartir cuanto aprendía con sus colegas y con cualquier persona. Octavio fue el hombre que para conversar no hacía distinciones entre condición social, jerárquica o cultural. Apasionado del idioma, de sus leyes y secretos, inconforme ante el mal uso que de la lengua otros hicieran, acaudaló un valioso conocimiento que compartió en secciones de la Radio y en el canal Perlavisión.

Periodista, maestro, jurista (durante mucho tiempo alternó como juez lego) y jamás dejó de ser estudiante. Lo recuerdo en los días de los Diplomados sobre Tendencias del Periodismo Contemporáneo, y de Periodismo Hipermedia donde, a la par de cumplir su rol de alumno puntual y responsable, cámara fotográfica en mano escribía acerca de cada módulo y de sus profesores. También tengo presentes sus colaboraciones en el sitio Web de Radio Ciudad del Mar donde nos mantenía informados acerca de la Peña Cultural de Pueblo Griffo “Armando García (Fobito)” animada por el decano de la Radio cienfueguera Humberto Albanés.

A todo el quehacer profesional de Octavio Pérez Valladares se añade su labor de investigador histórico; gracias a sus pesquisas conocimos la historia de Polo Vélez, el último salteador, hombre legendario  acerca de quien escribió su vida, de modo seriado, en el periódico Cinco de Septiembre. Considero que al respecto jamás fue reconocido a la altura que lo hubiera merecido. En honor a la verdad, conocemos la vida y aventuras de Polo Vélez gracias a este profesional del periodismo revolucionario cubano.

Hace escasas semanas nos comunicábamos vía correo electrónico, y dejaba siempre entrever la susceptibilidad que le caracterizó, y siempre me ocupé de alentarlo, de que lo importante es la obra, saber que se ha hecho bien. Tan pronto supe del reconocimiento que le otorgara la Sociedad Cultural José Martí  “Por la Utilidad de la Virtud” le escribí para felicitarlo. De cierto modo manifestó que pensaba no contar con mucho más tiempo para vivir; nuevamente le di aliento, que teníamos OPV para rato.

Finalmente nos dijo adiós de modo sorpresivo. Esta mañana cuando contesté el mensaje al compañero Jesús Rodríguez Díaz, Presidente de la UPEC en Cienfuegos, le hice saber que era el primer correo abierto en la mañana y, lamentablemente, era una noticia dolorosa para todo el gremio de periodistas cienfuegueros y para mí. Hoy lo recordamos con respeto y cariño, como al hombre que creció ante cada dificultad, y que de humilde guajirito de Cumanayagua llegó a convertirse en un paradigma de nuestra profesión.

Querido colega y amigo OPV: Descansa en Paz.

El radioescritor y sus fuentes

El radioescritor y sus fuentes

Al invocar el término radioescritor(a) lo hago en el propósito de incluir tanto a quienes escriben espacios de diversos géneros para este medio como a los periodistas. En resumidas cuentas, sea cual fuere el propósito del oficio radial, vale atenernos a las normas propias de su lenguaje, no importa que se trate de una noticia o cualquier otro género de información.
Por cierto, las observaciones que siguen me parecen igualmente válidas para el periodismo impreso, tanto como para el oficio general de escribir.
Si de fuentes se trata podemos enumerarlas como: documentales y vivenciales. Dentro de las fuentes vivenciales cuentan las que podemos definir como fuentes testimoniales (vivencias de los otros), y en cada caso deben primar el buen olfato y la perspicacia del radioescritor: buen olfato para identificar lo importante e interesante; perspicacia que implica discernimiento y agudeza para determinar, de entre lo importante e interesante, lo que es más exactamente cierto; aun más, incluso dentro de la certeza y la verdad, aquello que encaja dentro de lo que pudiéramos definir como objetividad. No necesariamente imparcialidad, pues de hecho es dubitable su existencia; la noticia más objetiva, inclusive, carece en el mejor sentido de la categoría de “imparcial”.
Basta mover la pirámide de la noticia para dar mayor relevancia a uno u otro aspecto del hecho noticioso. No ser imparcial no significa renunciar a la verdad, sino ofrecerla con un enfoque determinado consciente o subconscientemente. Hasta la imparcialidad es signo de parcialidad, si nos dispusiéramos a adentrarnos más en su propósito. Prefiramos, pues, ser objetivos al decir la verdad, y con eso tendremos razones de satisfacción.
Las fuentes documentales son aquellas que en soporte escrito o audiovisual sirven para que consultemos acerca de antecedentes, consecuencias y hechos mismos. Un radioescritor inteligente – y nada tonto – acude a diversas fuentes a la hora de investigar, tanto distantes como opuestas en sus enfoques. De ahí podrá, cotejando, hallar lo que se acerque más al hecho o explicación objetiva que sirva de base a su análisis.
Un riesgo – peor aún, peligro – de los radioescritores consiste en consultar solo una o dos fuentes documentales; máxime si no son totalmente dignas de crédito. Existen libros que pudiéramos descalificar en su condición de “fuentes”, pero el riesgo crece al momento de consultar en Internet. No todas las páginas Web ni todas las enciclopedias son confiables. El primer antídoto contra esa adversidad es, en primer lugar, el nivel de información y cultura general propios del radioescritor. 
Las fuentes vivenciales, como lo sugiere el término, refieren la experiencia personal del radioescritor; nada tan saludable y objetivo como “contar lo que uno ha visto y experimentado”, a pesar de que entre una persona y otra existan diversos niveles de percepción, condicionados estos por factores que pueden conocerse en un buen texto de Comunicación. Tampoco es posible que esperemos a experimentar en nosotros mismos todo de cuanto vayamos a escribir, pero sí es necesario tener un conocimiento pleno acerca de ello. 
Las fuentes vivenciales cuentan con otra categoría no menos importante, y ya mencionada; me refiero a las testimoniales, lo cual – lo expresé y reitero -  significa la experiencia personal vivida por otros. Los que dan testimonio de cuanto han visto (en relación con un hecho o experiencia) también narran la historia a partir de su percepción personal, formada desde condicionamientos socio-psicológicos individuales, grupales y sociales.
En el caso de las fuentes testimoniales, si el radioescritor da por sentada la veracidad de cualquiera de ellas sin previa verificación, se aventura a la inexactitud. Un radioescritor que se respete, si cuenta con una sola fuente testimonial – verifíquela o no – al menos debe mencionarla o hacer la referencia que le libere de dar crédito categórico acerca de algo que no le conste personalmente.
Todo lo anterior parece “verdades de Perogrullo”, pero… ¿somos tan consecuentes al extremo de cumplirlo siempre? Incluso más: al referirnos a contenidos de fuentes documentales, ¿conocemos, interpretamos todo cuanto dan a conocer?
En mi intento por completar el propósito de esta reflexión, existe una tercera fuente sin la cual las anteriores serían insuficientes. Me refiero a la “imaginación” del radioescritor. ¿Cuántas veces escuchamos algo o nos llega a las manos un libro que a pesar de abundar en información nos aburre? Son numerosos los textos que huelen a “ropa vieja” (no me refiero a la carne deshebrada y bien sazonada) y que al leerlos aparentan ser más un largo y aburrido informe administrativo que una obra fruto de la creatividad humana. Muchas veces, en el peor de los casos, se nos presentan como una secuencia de hechos y datos que embotan hasta el cansancio.
Por eso la imaginación es a la documentación, la vivencia y el testimonio lo que la buena sazón a las comidas. Igualmente asevero que - a diferencia de la documentación, la vivencia y el testimonio -  la imaginación creativa no se adquiere en cursos, diplomados, universidades ni talleres. Es un don muy personal que puede o no cultivarse, pero no se obtiene mediante fórmulas para “aprender” a escribir.
Solamente la imaginación – más rica si es vivencial – provee el mejor de los ingredientes consustanciales a la creatividad: el interés humano. Más que ocuparse en la verborrea academicista, la apelación a referentes teóricos, citas de fulanos o menganos – ineludibles ocasionalmente – el radioescritor deberá ante todo poner a su narración músculo, nervio, venas, sangre y ¡mucho corazón!, para así echarla a andar y que hable por sí misma. Eso se llama creatividad y vale el intento, si la tenemos, de aprovecharla en todo su potencial.