Blogia

Cuba Latino

La radio y sus públicos

La radio y sus públicos

En el mundo de la Radio, cada vez que ponemos una idea en marcha pensamos en dos elementos clave: el "qué" y el "cómo". Ambos son inherentes a todo proceso creacional, independientemente de los muy discutidos puntos de vista sobre si la radio es - o no – un producto artísticamente elaborado.

Tras las respuestas a dichas interrogantes se impone caer en la cuenta de cuál va a ser el destinatario, es decir, el público al que dirigimos el producto radial, llámese programa (incluyendo los noticiarios) o mensaje publicitario.

En verdad todo esto – las claves y el conocimiento del destinatario – constituyen procesos simultáneos que únicamente se mencionan por separado como recurso de abstracción para su estudio. Son procesos interdependientes.

Es muy importante conocer el destinatario (o los destinatarios), pues a partir de ese presupuesto se toman en cuenta aspectos como el ritmo de desarrollo del espacio, los tonos de las voces a emplear, su dramaturgia, el tratamiento de fondos musicales – si lo amerita –, así como las producciones musicales mismas, si es que el proyecto concibe la difusión de tales.

Todo lo anterior es válido para lograr coherencia y unidad radial en correspondencia con el proyecto del programa, pero... ¿existe algo más a considerar? Me parece que sí.

El destinatario del programa es, desde el punto de vista corporativo, el público objetivo: el consumidor. Es lo que se denomina en la ciencia organizacional el "target". Un estudio previo y con el mayor rigor científico – en profundidad y sin improvisaciones – puede darnos exactamente esa información como recurso para implementar la acción subsiguiente.

Quizá algunos se molesten con esto que reflexiono, pero a ciencia cierta la puesta en marcha de un proyecto radiofónico constituye, además del desarrollo de una inquietud creativa, el empleo de recursos materiales y humanos que siempre debieran significar inversión, y jamás gasto.

No se trata de llamar a imponer un "economicismo" en la Radio que, lejos de optimizar pudiera tender al simplismo y la mediocridad sacrificando cualquier proyecto loable en aras del "no gastar". El "economicismo" es aberrante; lo válido es el análisis de la viabilidad económica en función del cumplimiento de cada objetivo.

Regresando al tema del "target" o público objetivo, siempre debemos poner luz larga en nuestra relación con el público general; los niveles de realización necesitan que ese público general sea tomado en cuenta. ¿Por qué? Porque siempre se nos escuchará por un público increíblemente más amplio que aquel al cual nos dirigimos en particular.

Si el programa – desde el guion hasta el último detalle – posee atractivo y buen gusto, con certeza ampliaremos el espectro de nuestra radioaudiencia. Además, el público general puede convertirse en un excelente agente de difusión de nuestro producto radial en sectores del "target" que desconocen la existencia de un espacio destinado a ellos. Viene a ser, si la comparación es lícita, nuestra gestión de "marketing" radial.

Es lamentable que en muchas ocasiones se sacrifique – mejor dicho, se ignore de plano – al público general en aras de restringir la realización a un público objetivo.

Apelando a factores psicológicos, no ignoremos que individuos de públicos que no tomamos en cuenta pueden interesarse en nuestros productos radiales. De la misma manera que a gente joven le fascina lo "retro", existen grupos de edades a quienes les interesa lo novedoso, incluso la llamada "new age".

¿Qué hacer entonces? Crear y hacer Radio, estudiar los públicos y sobre todo elaborar programas y mensajes de calidad creciente en función de los intereses y necesidades del mayor número de destinatarios. Tener en cuenta los públicos objetivos – destinatarios específicos – sin olvidar que cuando un programa sale al aire puede recibir aceptación o rechazo por cualquier público, sea o no al que destinamos nuestro quehacer.

Radio CMBF en Ángel Vázquez Millares

Radio CMBF en Ángel Vázquez Millares

Dialogar con el Maestro Ángel Vázquez Millares es una experiencia interesante. Fuimos presentados en una calurosa tarde del año 2012 durante una visita realizada por quien escribe a CMBF Radio Musical Nacional, emisora emblemática de la Radio Cubana.

Vázquez Millares, además de los programas que conduce plenos en didactismo y buen gusto, posee una copiosa historia para contar acerca de sus quehaceres en el ámbito radiofónico. De voz, timbre y entonación inconfundibles por su seguridad al expresarse y más que probados conocimientos musicales, me parece poco dedicarle solamente estas líneas, labor de ampliación para la cual invito a colegas avezados en la investigación. Vázquez Millares es el profesional del día a día, de la cotidianidad, con criterios firmes, desprendido al mismo tiempo de ínfulas protagónicas, como ocurre con los artistas en verdad geniales.

Conversar con él me parece una manera de felicitarlo a él mismo y a todas las personalidades que han dejado su impronta en CMBF, precisamente en este año de su aniversario 65 de fundada.

Ángel Vázquez Millares inició su vida en la radio a la edad de 18 años, en 1956, debutando en la emisora Radio Capital Artalejo ubicada en el edificio "Atlantic", donde actualmente está la sede del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC); la radioemisora ocupaba un local de escasas dimensiones.

De allí empezó a trabajar en Radio García Serra, emisora con un local de igualmente reducido espacio, que estuvo instalada en Prado 260. En ambas estaciones realizó programas de música especializada. De sus primeros tiempos en la estación propiedad de Arturo Artalejo me comentó que allá tuvo un programa titulado "Crítica musical con la manga al codo", con media hora de duración en el cual hacía críticas de los espectáculos del género presentados entonces en La Habana a cargo de Pro Arte Musical y la Filarmónica de La Habana.

En 1959 pasó a trabajar en Radio García Segura, donde presentaba óperas y zarzuelas en un programa patrocinado por la cerveza Polar. Se trataba de programas que no tenían guion, sino puramente vivenciales, donde incluía fragmentos musicales. Al mismo tiempo fue crítico de la Sociedad de Música de Cámara. Según él, allá mismo, en Radio García Segura, Pedro Machado Castillo tuvo un espacio para difundir la música sinfónica.

Obvio que la afición hacia la crítica musical no le llegó de buenas a primeras; es un interés que comenzó a inquietarle desde que la niñez. Hijo de un español amante de la zarzuela, con quien iba a las funciones en el Teatro Martí, el Teatro Nacional (hoy Teatro García Lorca) y al Teatro Principal de la Comedia, situado al lado del Hotel Sevilla en el parqueo. Aquella inclinación musical estuvo completada con las escuchas de la radio en casa, sobre todo de los cuplés, de los cuales recuerda intérpretes tan brillantes como Conchita Piquer e Imperio Argentina. En medio de semejante ambiente, casualmente oyó sinfonías y empezó a perseguirlas.

En 1948 Goar Mestre fundó CMBF. Menciona, al referirse a radioemisoras difusoras de cultura, la CM2, del Ministerio de Educación, bien poco mencionad, en su opinión personal.

De los grandes acontecimientos de CMBF, el Mtro. Vázquez Millares recuerda que en 1969 se estrenó el espacio titulado "Movimiento Sinfonía" dedicado a la Orquesta Sinfónica Nacional, programa que tuvo a su cargo. De modo simultáneo conducía en Radio Progreso, de lunes a viernes entre las 5 y media y 6 de la tarde el espacio "Maestros de la Música", que salía al aire los domingos con una hora de duración. Para ese entonces él ya escribía los guiones mientras que el destacado locutor López Gómez se ocupaba de la conducción.

Actualmente Ángel Vázquez Millares tiene a su cago un programa de media hora dedicado a la ópera cuya primera salida al aire es a las 10 de la noche con retransmisión al día siguiente a las 5 de la tarde. Los domingos, también en CMBF, transmite una obra operística completa a las 2 de la tarde en su reconocido espacio "Teatro de la Ópera". Cada domingo a las 9 de la noche podemos conocer y disfrutar de su espacio "Zarzuelas y Operetas", sin dejar de mencionar "Palco en la Ópera" a través del Canal Educativo.

En nuestra oportuna y algo extensa plática reveló que durante 3 o 4 años cursó estudios de piano, empresa de la cual desistió al convencerse de que no sería jamás pianista. En cuanto a otros estudios recuerda los de Historia de la Música y Estética, entre otros.

Me atrajo la curiosidad cuando le oí decir de sus primeros programas de crítica musical que carecían de guion, como él mismo afirmó: "plenamente vivenciales". Al insistirle en la pregunta me dijo que "el guion no se hacía antes, nadie pedía guion para pagar. El guion se ha convertido en vale de cobro". Acto seguido expresó que "hay quien necesita el guion, y no le parece lógico que a todos se les exija el guion, necesite o no; que si no hay guion, entonces hay quienes consideran que el programa no se hizo; algo así como el problema en el papel, como el tren de lavado (antigua lavandería) de los chinos: "papelito jabla lengua".

Más adelante le pregunté por el trabajo de los asesores de programas, a lo cual me respondió que "el asesor se usa cuando hace falta. No entiende que sea asesorado por quien no entiende de lo que él habla. Botellas radiales – así califica esos casos – y afirma que cada cual debe tener ética para saber si puede o no desempeñar un cargo.

Para un profesional que lleva 57 años en la Radio, cabe preguntarle qué constituye para él este medio, a lo que me respondió de manera tácita:

-Mi vida. Gracias a la Radio sé música clásica.

Pienso, y tal muchos coincidan conmigo, en que se puede coincidir o en parte o en todos los puntos de vista de este radialista de trayectoria excepcional y respetable; aunque sin la menor duda y desde su propia óptica, son opiniones sustentadas en una experiencia y competencia que nadie o pocos serían capaces de cuestionar. El Mtro. Ángel Vázquez Millares es una autoridad en el ámbito del quehacer y la crítica musical de la Radio Cubana.

De Cómo el Chuchube Aprendió a Cantar - Olimpio Galicia Gómez

De Cómo el Chuchube Aprendió a Cantar - Olimpio Galicia Gómez

Un día de cualquier semana, de cualquier mes, de un año que hace mucho que ya casi uno no se acuerda, Dios decidió colocar un aviso en lo más alto de una mata. El aviso decía:

 “Atención, a todos los pájaros que quieran
vestirse de colores nuevos, el próximo domingo
estaré en el picacho del cerro de Santa Ana
para ponerle los colores que quieran”

                                                          Dios.
La noticia se corrió por todas partes y la emoción de los pájaros era inmensa. Comenzaron a contar los días, las horas, los minutos hasta que llegó el tan esperado domingo.
Ese día el cielo amaneció más clarito que de costumbre, el cerro de Santa Ana estaba cubierto de flores y los pájaros al volar, para ver cual llegaba primero al picacho, parecían volantines del festival.
Dios estaba allí. Había recogido flores de todos los colores y en unos tobos grandotes fue preparando los colores para pintar a los pajaritos. Se apreciaba el colorido de tal forma que parecía un arcoíris en el suelo.
Comenzaron a llegar los pájaros y el primero de la cola era uno muy grandote, los demás pajaritos decían: “Ey, por orden de tamaño, los más grandes de último”. Pero el pájaro grandote había llegado desde la madrugada y se notaba muy cansado ya que había volado desde el Amazonas, por allá lejos, pues se había enterado lo que pasaría ese día en el cerro, por eso estaba de primero.
Este pájaro era el Tucán. Dios le preguntó: “Amigo Tucán, qué colores quieres para vestirte?” y el Tucán le respondió: “los quiero todos”. Así Dios lo complació y  de varios pincelazos lo pintó de negro, amarillo, rojo y de todos los demás colores.  El Tucán complacido salió contento y volando de nuevo para el Amazonas.
Continuó la jornada y le correspondió el turno al turpial. Dios le hizo la misma pregunta que al Tucán, y éste respondió: “quiero amarillo como el oro y negro como mis noches”. Así el Turpial salió raudo, feliz y hermoso a comerse los datos con su nuevo traje de fiesta.
Siguieron pasando los pájaros y Dios brochazos y brochazos con ellos. El Cardenal pidió rojo como el último color de la bandera. El Gonzalito amarillo y negro para imitar al Turpial y el Judío, por volar tan torpe, cayó en el tobo de pintura negra, de allí lo sacó Dios y lo puso al sol para que se secara.
A las tres de la tarde ya Dios estaba cansado de tanto pintar pájaros. Como a esa hora el Chuchube andaba de rama en rama sin enterarse de nada. Fue cuando vio al Chupaflor tan elegantemente vestido y le preguntó que cómo había hecho para vestirse así tan bonito. Éste le echó el cuento y el Chuchube, desesperado, salió volando remontando la distancia hasta el picacho del Cerro. Cuando llegó allá arriba ya Dios recogía los peroles y limpiaba los pinceles. El Chuchube le pidió que por favor lo pintara de colores nuevos. Dios, rezongando, le dice que ya los colores se agotaron y que además ya él está muy cansado.
Ante esta situación, el Chuchube le implora  que haga un milagro ya que él todo lo puede.
Dios comenzó a raspar los tobos y milagrosamente comenzaron a aparecer los colores, sin embargo le dice al Chuchube que estos colores no alcanzan para pintarlo que se los va a dar para que se los tome. Inmediatamente le abre el pico y le da de beber todos los colores. Cuando terminó le dijo: “Ya puedes irte Chuchubito, anda a adornar las montañas y los campos con tu canto”.
Así es cómo, cada vez que el Chuchube canta, la tierra se viste de alegría y el mundo vuelve a ser feliz.

Fuente:http://encontrarte.aporrea.org/156/creadores/a13016.html

Lázaro Aguiar, radialista de buen humor

Lázaro Aguiar, radialista de buen humor

Está por contarse la primera vez que haya visto serio o enojado a Lázaro Aguiar Hernández y no por ello, como a todo ser humano, le asaltan una que otra preocupación o conflicto por resolver. Lo cierto es que durante cuatro décadas compartiendo y departiendo en nuestro quehacer radial, Lázaro siempre ha sabido poner el toque propenso a la sonrisa ante cualquier problema por serio éste sea; eso sí, asumiendo en la práctica toda la seriedad que cada momento ha reclamado. Una de las razones por las cuales este radialista cienfueguero nacido en el municipio de Palmira, es un ser apreciado y querido sin excepción por todos sus compañeros y compañeras.
Al buen humor se le añade talento, pues además de realizador – ya jubilado – laboró en muchas ocasiones como director de programas, siendo poseedor de un prodigioso oído musical y memoria auditiva. No en vano fue durante muchos años el realizador de programas tan complicados como El Guateque Campesino, Con los Grandes de la Música y la programación dramatizada de Radio Ciudad del Mar. No hay director que deje de afirmar que en cuestiones de lograr un buen producto radial, ha habido que contar con él.
Su historia en la Radio Cubana se remonta a 1969 cuando, egresado del Servicio Militar, comenzó a trabajar en la otrora emisora regional Radio Tiempo, de Prado y San Carlos. Desde el diario práctico fueron afinándose su talento artístico y sensibilidad creadora; por eso Lázaro no se conformó con su puesto de trabajo: el amor por la Radio lo impulsó a seguir profundizando en conocimientos. Ya en 1979 se le dio como tarea durante un año fungir como subdirector general y jefe de transmisión de la emisora. Este radialista, fundador del Sindicato de Trabajadores de la Cultura, fue evaluado como director de programas de radio. Por su experiencia resultó uno de los miembros de la Comisión de Evaluación Artística para la Radio en las provincias centrales, incluyendo a Ciego de Ávila.
Laureado en festivales de la Radio Cubana, una de esas ocasiones en 1992, se convirtió en el primer realizador de sonidos de Radio Ciudad del Mar en obtener un Gran Premio y un Primer Premio en el Festival Nacional de la Radio.
Lázaro Aguiar es un artista revolucionario de talla completa; combatiente internacionalista en Angola de 1986 a 1988; merecedor de la Distinción “Raúl Gómez García” de la Cultura Cubana; Sello 80 Aniversario de la Radio Cubana; Orden 25 Años del Poder Popular y Micrófono de la Radio.
Hace unos días, durante una de nuestras frecuentes conversaciones se me ocurrió preguntarle qué representa la Radio para él. No lo pensó para responderme que “toda una vida”.
También apelé a su experiencia de más de cuarenta años para conocer su punto de vista sobre lo que le falta a nuestra Radio.
-    Mayor conocimiento de sus directores sobre los horarios, composición cultural de la radioaudiencia y conocer, al menos elementalmente, el factor demográfico, así como tener en cuenta al adulto mayor por sumar un sector importante de los radioyentes.
Lázaro, quien tuvo el privilegio de transitar por una Radio con grabadoras semiprofesionales, luego las STM-200 y STM-600K a pista completa, los nacientes CD y la actual digitalización, es un profesional con suficiente autoridad para opinar con certeza acerca de las ventajas y posibles desventajas de las nuevas tecnologías.
-    Ventaja: Un sonido más limpio. Desventaja: Música en fonoteca que no se aprovecha por estar en cinta y acudirse al facilismo.
Lázaro defiende a ultranza el valor indiscutible de la Radio por ser un medio difícil y creativo, ya que todo hay que lograrlo mediante los sonidos.
Coincidirán conmigo en que este realizador cienfueguero hoy jubilado, pero que continúa sintiendo y pensando como radialista, aunque siempre de buen humor, posee criterios artísticos tan sólidos como serios.

Radio, identidad e imagen

Radio, identidad e imagen

Desde hace décadas en el mundo empresarial existen los proyectos corporativos de identidad; una serie de elementos visuales, sonoros, racionales y emocionales basados en forma y contenido que tienden a la creación de imágenes corporativas. La identidad consiste en cómo una institución se ve a sí misma y se proyecta ante su público. La imagen es cómo cada persona del llamado Público Objetivo entiende, concibe, percibe, siente a la institución; en qué medida se identifica con ella, la acepta o la rechaza. Todas las instituciones, lucrativas o no, confeccionan – al menos debieran hacerlo – su Manual de Identidad Corporativa. Esto no es asunto privativo del sector empresarial – creador y/o comercializador de bienes y servicios – sino inherente a toda entidad, de la cual la Radio no es una excepción. En los Manuales Corporativos se definen aspectos identitarios como símbolo, logotipo, tipografía, colores y otros aspectos que se hacen presentes en anuncios, membretes y documentos, y en el caso de la Radio todo ello se tiene en cuenta, pero ¿posee cada una de nuestras radioemisoras su Manual de Identidad? Me atrevería a enfatizar lo necesario de que hasta cada programa, como parte de su ficha técnica, cuente con aspectos que se correspondan con lo que pudiéramos definir de mini-manual. En la correlación sinérgica entre cada programa y la programación en su conjunto debe manifestarse la unidad que identifica a cada emisora. Si no se atiende este aspecto de importantísimo valor, corremos el riesgo de que, en una misma radioemisora cada programa, independientemente de su Público Objetivo (en este caso Destinatario), transite por un rumbo distinto a los demás espacios, en cuanto a su identidad de conjunto. No se trata de “uniformar” los programas; mucho menos de “unicidad”, sino de proveerles una identidad propia que vaya a tono con la identidad total de la emisora que los transmite, sin que cada espacio se despoje de su encanto, ese valor espiritual no cuantificable que lo hace único y le adjudica personalidad dentro de la propia emisora y en comparación con otros de su mismo propósito en emisoras diferentes. Me atrevo a decir que emisoras nacionales como Radio Progreso, Radio Rebelde, Radio Enciclopedia y CMBF Radio Musical Nacional poseen una identidad corporativa definida, incuestionable. Si tienen o no un Manual no lo sé, pero sí gozan de esa identidad. No importa el programa ni cual sea su destinatario, pero es fácil inferir y diferenciar cuando un programa dedicado, digamos, a los jóvenes se origina en Radio Progreso o en Radio Rebelde, por mencionar un caso. La identidad corporativa en la Radio se proyecta a través de sus modos de locución y de su estilo de realización. Es la forma de manifestar unidad radial dentro de cada programa y “unidad de identidad”, personalidad total de la emisora. Es cuando cada parte engrana perfectamente en el todo. Es tarea compleja. Para alcanzar y consolidar una Identidad se precisa trabajar en común y con la finalidad de que todos aporten, entiendan, acepten y sientan suyo el objetivo propuesto. En esa circunstancia jamás podrá descuidarse la comunicación interna abierta, franca, de diálogo, interactuante dentro de las radioemisoras; su cultura organizacional endógena basada ante todo en el flujo abierto, objetivo, no sectario, sí integrador de todos los talentos y factores que de alguna manera intervienen en el resultado final. Y como elemento clave para evaluar si se anda por buen camino: las investigaciones sociales, llevadas a cabo con profundidad científica, sin superficialidad y acudiendo al mayor espectro posible del Público Objetivo. No saber o intencionalmente no acudir a los foros de cada Público Objetivo en particular puede devenir en placer autocomplaciente, pero nunca a favor de la verdad concreta y oportuna que puede marcar las pautas del perfeccionamiento a corto o mediano plazo. Los resultados de las investigaciones sociales, los muestreos de audiencia certeros y sinceros mostrarán la Imagen Corporativa de la radioemisora. Dejarán ver si lo que se pretende ser es lo que en realidad interpreta la mayoría del Público Objetivo. Estemos igualmente avisados de que a la hora de la investigación social, de los muestreos de audiencia, aunque nos dirijamos a los enclaves donde suponemos está la mayor parte del Público Objetivo, encontraremos entes de un Público General que también escucha y es capaz de aportar criterios valiosos. No es asunto de “tomar el rábano por las hojas”, “botar el sofá” o cantarnos loas de autocomplacencia. El trabajo consciente y consecuente por acercar los criterios de la Identidad a los de la Imagen, posibilitará el logro de mayor unidad radial dentro de cada programa y en el conjunto de la programación. Tarea difícil al tiempo que importante y necesaria a esta hora en que la Radio Cubana se propone un perfeccionamiento que la lleve a niveles superiores en todo su quehacer.

La Radio en Zenaida Beltrán

La Radio en Zenaida Beltrán

Zenaida Beltrán González es una de esas mujeres que gracias a su talento cautivan al conversar. Hace mucho nos conocemos y afortunadamente esta amistad se cimentó a partir de nuestra relación de trabajo en Radio Ciudad del Mar.
Ha sido una suerte para mí conocer a esta dama de la Radio, quien con modestia que nadie pone en duda ha dejado una impronta en este medio, principalmente en el ámbito de la difusión musical.
Directores de programa, locutores, asesores y realizadores de sonido han aprovechado ese caudal que Zenaida regala sin escatimar. Ella es una convencida de que el saber compartido es un saber multiplicado.
Radialista nata comenzó sus quehaceres en la Radio Cubana en la década de los años setentas, al desempeñarse entonces como locutora y escritora de programas de géneros tan diversos como los infantiles, especializados y de variedades. Aquel fue su primer capítulo, pues tiempo más tarde se consagró a concluir sus estudios de Licenciatura en Educación Musical, para así dedicarse durante varios años a la docencia.
Contagiada desde la primera vez, y sin poder prescindir de la pasión que provoca la Radio en quienes la viven, en 1996 regresó a Radio Ciudad del Mar como Especialista de Música. Recuerdo con cariño aquellos tiempos en que nos impartía Apreciación Musical, y que más de una vez nos sentábamos a platicar acerca de la calidad en la música, tanto en la composición como en sus contenidos, sendos aspectos en los que la profesora Zenaida siempre se muestra exigente.
De eso conversamos largamente una mañana de agosto de 2012 cuando la visité en su hogar. Éramos tres participando de aquella tertulia, pues entre nosotros estaba un amigo inseparable, diría yo que familia para ella: su piano. Recordábamos cuando ella realizaba funciones como Asesora de Programas Musicales, y tanto que aprendimos de sus experiencias. También evocamos septiembre de 1996 cuando nos visitó el productor de radio mexicano Héctor Baruqui, y entonces Zenaida con su habitual entusiasmo formó parte de aquellos programas de una hora durante tres días consecutivos, junto con el inolvidable locutor Sergio Farray, nuestro operador del máster Tomás Sarría Díaz “El Charro” y un servidor.  Fue la primera ocasión que mi programa “México y sus Canciones” recibió un invitado del hermano país. A la sazón, Zenaida era la asesora del programa y juntos establecimos, con el grabador Roberto Ulloa y el editor Jorge Luis Piñeiro un grupo de trabajo, cuyo sello distintivo fueron el espíritu de colaboración y el compañerismo.
Ya en aquellos tiempos Zenaida Beltrán escribía el guion del programa “Con los Grandes de la Música”, mientras yo fungía como su director. Zenaida sonrió al recordarme que el talentoso Lázaro Aguiar era nuestro realizador de sonidos – más tarde Vicentico Arjona – y en la locución, por mucho tiempo, el decano de la Radio en Cienfuegos Humberto Albanés.
Un día, a finales de 1997, me presenté en la subdirección de Programación y le dije a Yasmina Friero, quien entonces estaba al frente de la misma, que era de la opinión de que Zenaida, además de escribir el guión de”Con los Grandes de la Música”, también se hiciera cargo de la dirección. A Yasmina le llamó la atención mi sugerencia, cómo era posible que yo “renunciara” a la dirección de ese programa. Seguro de mi decisión le dije que por los conocimientos musicales de Zenaida, y convencido de su capacidad para dirigir programas, era de la opinión de que la unidad radial total del espacio sería posible con su presencia en ambas funciones. No me equivoqué.
“Con los Grandes de la Música”, retomado por mí en el guión y la dirección a partir del año 2007, tuvo grandes escritores, entre ellos personalidades relevantes de la talla de Ricardo Llaguno y Rogelio Leal. También lo escribieron Carlos Alfonso y Danilo Iglesias. El programa tuvo un antecedente del cual comentaré en otra ocasión, pero lo cierto es que siempre ha estado vestido de gala en cuanto a los talentos que lo han hecho posible durante décadas.
Con Zenaida el programa se vistió aún más de gloria. “Con los Grandes de la Música” fue premiado en casi todas las ediciones del Festival Nacional de la Radio Cubana, incluyendo Grandes Premios. Sin dudas, el papel desempeñado por Zenaida fue decisivo en tal sentido. Tanto amor manifiesta ella por la Radio que, después de jubilada, siguió escribiendo y dirigiendo el espacio durante aproximadamente diez años, siempre con la misma dedicación y sumando lauros a nuestra Radio Ciudad del Mar. A la par de este quehacer, labor exigente de por sí, abrazó nuevamente la docencia en instituciones de nuestra provincia como la Escuela de Música “Manuel Saumell”, la Escuela de Instructores de Arte, la Escuela de Arte “Benny Moré” y otras. Eso fue un acontecimiento feliz, ya que muchos alumnos, hoy graduados, se nutrieron de su abundante experiencia.
Llegó un momento en que, a pesar de ese amor por la Radio, Zenaida tuvo que dejar de escribir y dirigir “Con los Grandes de la Música”; fue cuando tuve la satisfacción de heredarlo, de retomarlo como cuando lo dirigí en 1995, esta vez también como escritor. Recuerdo que le dije: “Zenaida, lo haré con mucho amor, pero el día que decidas regresar voy a sentir tanta alegría al devolvértelo como ahora que lo tengo a mi cargo”. Y es que cada vez que lo escribo y lo dirijo, siento la pertenencia natural de este programa a esta mujer conocedora, laboriosa y sencilla.
Ya concluía mi visita cuando la miré fijamente y le pregunté: “Zenaida, y si te pidieran ahora, ya menos atareada con la docencia, que regreses a la Radio, ¿qué decidirías? Ella, con sus ojos brillosos por las lágrimas que afloraban no demoró en responder: “Si me invitan para que regrese a la Radio, seguro que volvería”.

Jorge Domínguez, un incansable de la radio

Jorge Domínguez, un incansable de la radio

Siempre lo veo andar apurado de un lado para otro en Radio Ciudad del Mar. Con esa misma prisa que caracteriza su paso ligero, Jorge Domínguez Morado acomete sus quehaceres periodísticos en la página Web de Radio Ciudad del Mar.

En él priman por encima de todo el entusiasmo, seriedad ante sus responsabilidades profesionales y un carácter afable. Por muy ocupado que esté, siempre tiene tiempo para atender, lo mismo a quienes le consultan alguna cuestión de trabajo como a otras personas que se le acercan a conversar de cualquier tema, por intrascendente que sea. No tengo la menor duda de que esa capacidad de atenderlo todo, o casi todo, a la vez, sin incumplir en nada, lo debe a su espíritu proactivo y a un sentido de la organización admirable.

Hace algún tiempo estuve de visita en su casa, y me recibió frente a su computadora, que es su arma de combate y compañera inseparable en la profesión. Quise robarle parte de su tiempo y él me lo permitió, aunque al percatarse de que mi intención era entrevistarlo, no ocultó la modestia, porque esa también forma parte de su personalidad. Al conversar conocí aspectos de su vida, desconocidos por mí hasta entonces, razones suficientes para que cuanto me dijo sea publicado.

- Jorge, sé que eres graduado de Periodismo, lo que nunca me has dicho en qué año.

Me gradué de Periodismo en la Universidad de La Habana en 1993.

- Eso quiere decir que este año cumples 20 años de haber culminado tu carrera, pero en ese entonces no habías comenzado a trabajar en Radio Ciudad del Mar.

Es que cuando comencé me ubicaron en las montañas, en el “Plan Turquino”, una experiencia maravillosa para mí porque estuve allí aproximadamente dos años para reflejar ese Plan de Desarrollo Integral.

- En 1993 cuando te graduaste, estábamos en pleno Periodo Especial, ¿qué significó para ti comenzar a trabajar en aquel momento?

Fue una etapa difícil, pero al mismo tiempo una ocasión de crecimiento profesional. Recuerda que entonces se redujeron las tiradas de los periódicos provinciales, y la Radio se convirtió en fuente esencial de información para los cubanos. Ahí estaba el reto para los periodistas de la Radio; me tocó a mí reflejar todo lo que estaban haciendo los montañeses en esa época.

- ¿Enviabas informaciones solamente para Radio Ciudad del Mar?

Yo tributaba para Radio Ciudad del Mar, Radio Rebelde, estaba colaborando con el programa “Alza Tres”, un espacio promovido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias en Radio Rebelde. Allí se reflejaba todo el quehacer el Ejército Juvenil del Trabajo, que tanto protagonismo ha tenido en las montañas del Escambray.

- Si bien recuerdo, por aquellos tiempos que estuviste en el Plan Turquino nació un nuevo periódico, dedicado precisamente al quehacer de la gente de la montaña…

Así es, coincidí con el surgimiento del periódico “El Montañés”, del diario “Cinco de Septiembre”. Fue una publicación que me permitió llevar también a la prensa escrita la vida en las montañas; aquello fue una nueva posibilidad que me ponía muy contento. Me sentía satisfecho cuando los montañeses ya no solo escuchaban sus noticias, sino que podían leerlas cuando el periódico llegaba a sus manos. Fue una época maravillosa aquellos dos años de servicio social en las montañas.

- Después de concluir tu servicio social en las montañas, ¿qué sucedió?

Pues en 1995 vine para trabajar en Radio Ciudad del Mar. Comencé a atender varios sectores, mucho más dedicado al trabajo reporteril. Después asumí por un tiempo la jefatura de información, hasta que en el año 2001 hablan conmigo para luego de pasar un curso de seis meses en la Escuela Superior del Partido “Ñico López”, atendiera la página Web de esta misma Emisora.

- ¿Cuándo comenzó a ser vista esta página Web?

En mayo de 2001, y desde ese tiempo estoy vinculado al periodismo digital, a todo el trabajo que en ese sentido ha hecho la radio en Cienfuegos, fue una experiencia maravillosa, fuimos de los primeros en el país, y la primera emisora provincial en transmitir en audio y tiempo real.

- Ya que hablas de eso, me acuerdo las competiciones en la bahía cienfueguera.

Eso fue una experiencia muy grande, fue cuando realizamos el sitio de la motonáutica. Y en la primera convocatoria que se hizo en el Festival Nacional de la Radio para premiar los mejores sitios Web del país, allí estuvo Radio Ciudad del Mar como la página más destacada. Eso también fue un motivo de inspiración para seguir trabajando y tener todos los resultados que hoy mostramos en la página y para mi experiencia como profesional.

- Sé que has cumplido misiones como corresponsal dentro y fuera de Cuba.

Sí, he cumplido algunas misiones. A todo periodista le gusta foguearse y medir sus potencialidades, verse en medio de coberturas importantes. Tuve esa oportunidad en la Cumbre de Países No Alineados, celebrada en La Habana en el 2006, desde donde transmitimos en directo para Internet, brindando apoyo a todo el Sistema de la Radio Cubana en el país. También asistí a una reunión cumbre paralela a los No Alineados. Y fuera del país ofrecí cobertura a las misiones médicas cubanas en Guatemala y Belice.

Estando en Guatemala participé de la cobertura informativa a la Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada a nivel de ministros de relaciones exteriores. En el 2012 trabajé con la Radio Cubana en la cobertura a la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, con amplia presencia en las Redes Sociales, un campo mediático donde hay una guerra de pensamientos fuerte, y debemos estar muy bien preparados, superarnos para hacer un periodismo de mucha calidad. Hoy no podemos obviar el escenario mediático actual, no tenemos los cañones tecnológicos de los más poderosos, pero podemos apelar a nuestro talento para lanzar nuestras balas, que son las ideas y que lleguen con efectividad a esos blancos que tanto daño nos hacen desde fuera de nuestro archipiélago.

- Ya llevas buen tiempo trabajando en la Internet, ¿cómo ves el reto de los periodistas cubanos ante las nuevas tecnologías?

No hay dudas de que el periodismo digital llegó para quedarse. Es presente y futuro en el campo de las comunicaciones. Es un reto que nos obliga a prepararnos todos los días, a no descuidar cada detalle de la superación. Considero que hay que insertarse en la Internet, en las Redes Sociales. Ese es el primer paso que debemos dar todos los periodistas, que nuestros nombres se vean en la red de redes. También crecer en interactividad, no lanzar mensajes por mensajes, sino lograr que lleguen con efectividad, que tengan posicionamiento en los buscadores internacionales, que nos lean, nos escuchen, que nos vean, eso es importante.

- Eso implica estudiar mucho…

Sí, por ahí va el reto que tenemos los periodistas, mucha superación y apelar a nuestro talento para ser efectivos y exitosos.

- Además de trabajar como editor del sitio Web de Radio Ciudad del Mar, ¿realizas otra labor en los medios?

Sí, también soy colaborador de Radio Taíno, como su corresponsal en Cienfuegos. Aquí en Radio Ciudad del Mar laboro en un programa los viernes a las 7:15 de la noche, “Con Palabra Propia”, un espacio estilo panel donde debatimos temas de la actualidad provincial, nacional y extranjera. Eso me saca un poquito del periodismo digital y me lleva también a la Radio, que es un medio fascinante.

- De hecho la Radio según acabas de decirme, te fascina.

Sin la menor duda. Es un medio fascinante del que no puedo prescindir. Mi profesión está ligada a la Radio. No me reconozco de otra manera.

Rogelio Castillo, radialista de pura cepa

Rogelio Castillo, radialista de pura cepa

Sagua la Grande es tierra fecunda de buenos radialistas. La explicación no la tengo, pero sí las evidencias. Rogelio Castillo Moreno es una de esas evidencias.
Rogelio y yo hemos coincidido en varios eventos. Recuerdo que uno de ellos fue en Caibarién, cuando esa preciosa ciudad, llamada La Villa Blanca, fue sede del Festival Nacional de la Radio.
En otra ocasión conversamos en La Habana, a raíz de un encuentro de radialistas que se dedicaban a escribir sobre la infancia. Y desde hace mucho, mencionar el nombre de este abnegado hombre de la Radio Cubana, es lo mismo que decir “Pañoleta Azul”, programa que por muchos años escribió y dirigió entregando su talento a la más bella edad, y volcando en su obra el niño que vive en él.
De procedencia humilde, Rogelio es de esa gente virtuosa que ha crecido con su propio esfuerzo. Al triunfo de la Revolución fue miliciano, alfabetizador, participó en la Lucha Contra Bandidos en el Escambray, en el centro de la Isla, y en un momento de su juventud matriculó en la Escuela de Cadetes de Aviación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Trabajó en la hemeroteca de la Biblioteca de su pueblo natal, fue instructor de teatro y cuenta entre los fundadores de los Talleres Literarios. La mayor parte de su formación, afirma él mismo, fue autodidacta, y un día, cuando el entonces Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) convocó a un curso para escritores de Radio y Televisión, Rogelio encontró que había descubierto su verdadera vocación. Sin ser trabajador de la Radio, comenzó a escribir libretos para la programación infantil de Radio Progreso.
El ansiado momento de convertirse en un profesional de este medio llegó en 1970, fue cuando empezó a laborar en CMHW y así comenzó a volcar su talento y su pasión de radialista en el espacio “Canta, Ríe y Cuenta”, que vino a ser el embrión del actual “Pañoleta Azul”, con más de cuatro décadas continuas de permanencia en el aire. Le siguieron espacios de su creación dedicados a infantes y adolescentes, como “Chirrín Chirrán”, “Burbujas”, “Pioneril de Verano”, “Hola Futuro”, “Historias Maravillosas”, “Noticiero Juvenil” y “Rompiendo la Tarde”.
Rogelio recuerda con gratitud a muchos colegas que le dieron su apoyo, entre ellos Willy Leyva y Fernando Sáenz, quienes en sus palabras “se arriesgaron a montarse en el barco de sus sueños”. Expresa que a muchos más les debe gratitud por sus consejos, sus talentos y el ánimo de trabajar juntos, codo con codo, entre quienes figuran los inolvidables compañeros Luis Agesta, Cangas, Franklin Reynoso, Augusto Rodríguez Díaz, Rolando Rodríguez Frene, y también a su propia esposa Teresita Riverón, que ha sido y sigue siendo su compañera de aventuras radiales en todos estos años.
Hace poco le pregunté a Rogelio cuál ha sido el mayor reto en su quehacer radial, y sin mucho pensarlo afirmó que “luchar contra la mediocridad y no perder el amor y la fantasía a través de los años; darle a cada programa un sello distintivo”.
La Radio no es cosa fácil, mucho menos cuando hay que acometerla en tiempos difíciles, como en aquellos años en que las instalaciones de CMHW estuvieron seriamente dañadas tras el paso de un huracán por la ciudad de Santa Clara. Fue decisión y voluntad del colectivo hacer que “Pañoleta Azul” continuara al aire en aquellas condiciones tan desfavorables, al extremo de que siguió transmitiéndose en vivo para llevar alegría a niñas y niños en medio de las dificultades climatológicas.
A Rogelio Castillo le persigue siempre una preocupación como radialista, y es no hacerse entender por sus colectivos, así como no aprovechar al máximo el talento de los artistas para lograr una realización con excelencia.
Además de escritor, dramaturgo, actor, director de programas de radio, y hasta periodista, este hombre que dedica su vida al medio con pasión desbordada y dando todo de sí, es miembro del Consejo Artístico de la emisora provincial CMHW desde su fundación hasta la actualidad, al tiempo que en colaboración con la Radio Cubana ha integrado los Tribunales de Evaluación provinciales, territoriales y nacionales. Preocupado por garantizar el relevo, es fundador del Círculo de Interés de Radio en Villa Clara.
Superior que las palabras es el testimonio de un curriculum avalado por más de 60 Premios Nacionales y Menciones, incluyendo varios Grandes Premios en Festivales de la Radio, a los que se suman distinciones y reconocimientos por sus resultados en diversos frentes de la cultura.
Finalmente le pregunté cuál es para él, en resumen, la divisa fundamental de un buen radialista, a lo que respondió: “trabajar en cualquier momento y lugar con amor, sinceridad, honestidad y responsabilidad”. Conocedor de este hombre radio, me corresponde afirmar que esa es exactamente la imagen de Rogelio Castillo Moreno, ser humano entregado a su medio y, muy en particular, a la programación infantil y juvenil.