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Mireya Ojeda, al ritmo de la vida

Mireya Ojeda, al ritmo de la vida

Nos conocimos hace mucho tiempo, en los años setenta cuando, más jóvenes de lo que aún somos, soñábamos con las bondades de una edad de rosa pródiga. Ya Mireya volcaba en sus quehaceres periodísticos esa pasión y entrega que hoy siguen caracterizándola, y quien escribe, vivía soñando un futuro de vida plena en la Radio; pues siendo estudiante, colaboraba voluntariamente en el medio.

A cada rato coincidíamos en actividades y celebraciones. Así fue como tuve la dicha de conocer la mujer que siempre ha combinado armónicamente el entusiasmo y la profesionalidad. De ahí que ahora asumo con muchísimo gusto la posibilidad de conversar con Mireya, en calidad de entrevistador.

Los inicios de Mireya en el periodismo

“Empecé como corresponsal voluntaria del periódico Vanguardia en la antigua provincia de Las Villas. Recuerdo que el Movimiento de Corresponsales Voluntarios fue algo muy fuerte a finales de la década de los sesenta. Después me incorporé en 1970 al movimiento del periódico Juventud Rebelde, órgano que en aquel tiempo adiestraba a sus periodistas, pues era una época en que había pocos en el país y los medios de comunicación masiva funcionaban casi completamente con personal que no era graduado. Ya existía entonces una Escuela de Corresponsales en La Habana.

“Luego continué superándome y al tiempo logré licenciarme en Filología en la Universidad Central de Las Villas. Me mantuve como corresponsal de Juventud Rebelde alrededor de diez años. Trabajé en varios lugares de la antigua provincia de Las Villas, atendía las seis regiones del centro de Cuba. Luego de un tiempo en La Habana, cuando se creó el periódico Cinco de Septiembre en la provincia de Cienfuegos, por interés del Partido Comunista en la provincia, comencé a enviar informaciones desde aquí para los Medios nacionales.

“Éramos pocos los corresponsales de las provincias que enviábamos noticias para los Medios nacionales. Entonces nos compartimos el trabajo porque llegó un momento que me ocupaba de enviar yo misma las informaciones para todos los medios del país, ya no solamente la prensa escrita, sino también para Radio Habana Cuba, Radio Rebelde, Radio Reloj, Radio Progreso …”.

De periodista de prensa escrita a periodista radial

“Sinceramente nunca lo soñé, no pensé llegar a convertirme en periodista de la Radio.

“A finales de los años ochenta me pidieron que me quedara tributando desde un solo medio y desde entonces decidí que fuera Radio Rebelde. Luego que comencé me gustó mucho y te digo sinceramente que hoy no creo que pueda trabajar en otro lugar que no sea este.

“Radio Rebelde es una emisora como dice su slogan ‘al ritmo de la vida’, uno hace la mayor parte de los trabajos en vivo, al momento se escuchan, tenemos esa gran ventaja. Es que la inmediatez y la realidad del momento una lo vive a plenitud.

“Mi condición de periodista me hace sentir orgullosa; antes de ser periodista fui maestra popular por aquel entonces, y hoy me quedo con el Periodismo, donde he tenido experiencias muy bonitas.

“Me acuerdo que Fidel, a principios de la década de los setenta visitaba Cienfuegos hasta cuatro veces al mes. Tengo recuerdos inolvidables de Fidel, era muy fácil, muy asequible conversar con el Comandante en Jefe, nada más que acercarse y entrevistarlo, así tan fácil como estamos conversando tú yo ahora”.

A la vuelta de casi 20 años de la Corresponsalía de Radio Rebelde en Cienfuegos

“Antes trabajábamos desde la casa, reportábamos por vía telefónica, pero Radio Rebelde creó las condiciones en todo el país, cada provincia tiene su Corresponsalía. Lo que pareció un sueño al principio ahora es realidad, tenemos computadoras y conexión a Internet, entre otros recursos que facilitan la transmisión y el trabajo en sentido general. Tenemos en cada Corresponsalía un operador que se ocupa de toda la realización del audio.

“Te reitero, no me reconozco, no me entiendo sin ser periodista de la Radio Cubana, y en especial de Radio Rebelde”.

Obras poéticas en la Radio Cubana

Obras poéticas en la Radio Cubana

Hace poco me referí al abuso de las metáforas verbales en la Radio. Escribir acerca del tema me exige dedicar unas líneas a los programas dedicados a difundir las obras poéticas.

Es tradición en la Radio Cubana, lo mismo en emisoras nacionales, provinciales y municipales, contar con espacios de esa característica, muy en consonancia con nuestra esencia martiana y latinoamericana, pues en el Apóstol tenemos una de las figuras cumbres del movimiento modernista en la poesía de habla hispana, quien acerca del género escribió...

“¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara”. (1)

Fieles a ese precepto del Héroe Nacional, y a la idiosincrasia afectiva y sentimental de cubanas y cubanos, en la Radio están presentes los programas cuyo contenido imbrica coherentemente poemas y canciones. Los he escuchado en horarios diversos, y lo creo posible porque para la poesía no es necesario un momento en particular, aunque entre sus manifestaciones cuenta la llamada poesía “de amor” o “amatoria”, propicia para altas horas de la noche.

Sin haber hecho Radio – en vida de Martí todavía no había nacido este medio, y si hubiera existido no dudo en afirmar la importancia que le hubiera dado – con la visión que le caracterizó expresó en “Flores del destierro: “La noche es propicia / Amiga de los versos…” (2). Poesía que apela al corazón, pero también aquella con textos que conducen a la reflexión social y filosófica.

Los espacios radiales consagrados a la poesía son propuestas comunicativas especializadas. Es cierto que difunden obras de diversos autores, pero su realización no resulta tan simple como pudiera parecer. Necesitan un nivel de realización que muchas veces se ignora o, simplemente, se evade. Todo comienza por la selección y el balance de las obras de cada emisión, atendiendo a escritores, épocas, formatos, estilos y movimientos que representan, lo mismo que su lenguaje, para no pecar de arcaísmos.

Otro aspecto a considerar es la utilización de los fondos musicales (en los casos de poesías que los requieran); no es lo mismo, digamos, en la llamada poesía “amatoria”, un poema para enamorar, de renuncia, despecho, separación, desamor, etc. Cada uno pide un tratamiento musical de fondo distinto y, en algunos casos, el fondo musical está de más. Alerto en este aspecto en cuanto al empleo de fondos musicales demasiado “melosos” y conocidos; su presencia aparta al radioyente del mensaje poético – que sería lo principal – y lo enajena cuando sigue esa melodía que le atrae como un flautista de Hamelin, atentando contra la función y el objetivo del programa.

Un detalle a tener en consideración en cuanto a los fondos musicales consiste en la instrumentación: debemos evitar las estridencias y los instrumentos de viento, priorizar las cuerdas (piano, violín, guitarras) y en último caso, si de vientos se trata, acudir al saxo soprano. Las estridencias sonoras no son buenas amigas de la poesía para acompañarla; esto a excepción de la poesía antillana – genialidad expresiva legada en su declamación por el excepcional Luis Carbonell, donde la percusión es complemento de la obra poética.

Lo otro, tan importante como la música, consiste en la interpretación de la poesía. En Radio la poesía no se teatraliza, no se actúa ni se declama: sí se interpreta. Ser locutor no es condición “sine qua non” para ser un buen intérprete de poesías. En este oficio, ocurre lo mismo que con el comunicador y el animador; no se hace: ¡nace!

Utilizar un locutor, por muy excelente timbre vocal que tenga, no es suficiente, necesita fuerza y talento interpretativos, eso que en cubano llamamos “bomba” cuando nos referimos a la interiorización, a la apropiación, a meter en los poros la esencia de lo dicho. En tal sentido urge que la poesía sea bien interpretada con la dicción y entonación precisas. Un locutor o locutora que se respete y tenga en alta estima, si no reúne los requisitos para “decir” bien la poesía, no deberá ceder a la seducción de un protagonismo aparente que puede dejarle en situación desventurada.

Para concluir, la poesía debe estar en consonancia con los códigos radiales. Hay muy buena poesía para ser leída, sin embargo, no reúne los requisitos para ser radiada. Esto es una verdad de Perogrullo. Con Martí coincido cuando escribió: “La poesía es durable cuando es obra de todos. Tan autores son de ella los que la comprenden como los que la hacen”. (3)

Puede que otro tema a tratar sea la música que sigue a cada poema, pero referirse al asunto conlleva el riesgo de sentar esquemas, y hacerlo no sería saludable; más bien conculcaría la creatividad propia de cada cual. El dogmatismo en los cánones radiales puede ser tan nocivo como la banalidad. Lo valedero es la búsqueda de lo novedoso y lícito en la programación radial dedicada a la poesía. ¡Continuemos en esa búsqueda!

(1) “El poeta Walt Whitman”, El Partido Liberal, México, 1887; La Nación, Buenos Aires, 26 de junio de 1887.
(2) “Flores del destierro”, versos, (fragmento).
(3) “The Sun”, Nueva York, Nueva York, 26 de noviembre de 1880.

¿Lenguaje radial vs. Lenguaje poético?

¿Lenguaje radial vs. Lenguaje poético?

Lo que voy a comentar, como cuanto escribo, es siempre a título personal. En reiteradas ocasiones al escuchar la Radio, percibo una sincera intención de embellecer el lenguaje con el uso de metáforas verbales. Esto no me parece mal aunque, en ocasiones, se reduce la diferencia entre el uso y el abuso de figuras poéticas en nuestro medio.

No niego que el lenguaje figurado y otros galanteos idiomáticos, en momentos especiales, desempeñen un rol y cumplan el buen propósito. Al mismo tiempo reconozco que a veces, lejos de cumplir su intención, provocan el efecto contrario. ¿Es que el lenguaje radial está reñido con el poético? ¡Claro que no! La Radio, medio de información y comunicación, en su quehacer reclama formas elegantes, ¡y hasta poéticas!, para hacer llegar su mensaje con efectividad. Sí me opongo al abuso de los rebuscamientos metafóricos que se apartan de la principal característica de la Radio: ser directa, libre de ambigüedades e inteligible para todos los auditorios.
 
Es verdad que hay muchos programas en la Radio dedicados a la poesía, ¡pero eso es harina de otro costal! y merece un comentario futuro, pues difundir la poesía – la buena poesía, que da plenitud al ser humano – ha sido, es y será válida en cualquier momento, siempre y cuando, en cada medio, cumpla con los requisitos y códigos propios.
 
En muchos programas puede ser válido el lenguaje verbal metafórico, sobre todo en aquellos cuyo objetivo descansa en la forja y reafirmación de valores, sentimientos y afectos. Los contenidos radiales, tanto como la poesía, deben llevar implícita la impronta del crecimiento humano, y la metáfora verbal, entre otros recursos, constituye uno de los esenciales.
 
Lo que con toda sinceridad no considero apropiado es el abuso excesivo de lo metafórico en el orden verbal, de vocablos y expresiones, en programas de participación, revistas informativas o meramente musicales.
 
Renunciar a lo excesivamente metafórico no priva a la Radio de su sentido poético. A partir de sus propios códigos y su propia esencia, lo poético en la Radio se da intrínsecamente en el cumplimiento de esa peculiar característica que la identifica y hace accesible a todos los públicos: el lenguaje directo, la sintaxis sencilla, sin ambigüedades ni interpretaciones confusas para quienes la escuchan. Mientras más directo, sencillo en estructura e inteligible sea la construcción del lenguaje radial, más poético y entendible será. Eso es lo que cuenta. 
 
Sobran las metáforas verbales, parteras por antonomasia del kitsch. Si construimos nuestras propias metáforas combinando las herramientas y códigos radiales, podremos convencernos de que no existe contradicción alguna entre lenguaje radial y poesía.
 
Crece la Radio poética mientras más lo haga en contenido y esencia. Reafirmo lo dicho recordando a José Martí cuando dijo: “Hay que vindicar: poesía es esencia. La forma le añade, mas no podría construirla…”. (1)
 
(1)   Cuadernos de apuntes, 1881, p. 175)

Cuba de Teófilo, Stevenson de Cuba

Cuba de Teófilo, Stevenson de Cuba

En la tarde de este 11 de junio leí  la noticia del fallecimiento de Teófilo Stevenson, gloria de nuestro deporte, tres veces Campeón Olímpico y Mundial de Boxeo. Persuadido de que la triste noticia provenía de una fuente fidedigna, con dolor y consternación no demoré en compartirla con mis amistades a lo largo y ancho del mundo. La muerte, no por natural deja de parecer fortuita, algo que sucede por casualidad; lacera escuchar el aviso de su llegada, aunque sabemos que irremediablemente toca a la puerta de cada ser viviente.
Al momento de enterarme departía con una amistad, y aquello provocó un repentino cambio en nuestra conversación. Stevenson pudo haber vivido muchos años más; como uno más de entre los millones de cubanos, percibo la herida que  nos cala en lo más profundo.
Teófilo Stevenson Lawrence, el joven que estremeció de emociones a sus compatriotas y al mundo cada vez que subió al ring; el muchachito de Puerto Padre que a la vuelta del tiempo ganó en dos décadas nada menos que 301 combates de un total de 321 llevados a cabo. El hijo de familia humilde que ni por un segundo sintió seducción por las jugosas propuestas monetarias de inescrupulosos mercachifleros que lucran a costa del deporte. Es muy conocida la anécdota cuando en Alemania – en la ciudad de Munich – trataron de comprarlo y sin vacilar dejó boquiabiertos a los proponentes al responderles: “No cambiaría un pedazo de la tierra de Cuba por todo el dinero que podrían darme”.
Consecuente con su amor a la Patria, nacido y formado en un deporte revolucionario, Stevenson hizo suya en su cotidianidad la máxima martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Pasada la primera sacudida por la dolorosa noticia, luego de recordar su sencillez en los combates, la hidalguía que le acompañó y que convirtió a muchos de sus adversarios en el deporte en amigos personales, recordé un momento de mi vida ante este inolvidable coloso.
Una mañana del año 2010 salí al vestíbulo de Radio Ciudad del Mar, donde trabajo, y allí conversaban animadamente mis colegas Reinaldo Taladrid, Digno Rodríguez, Fabio Bosch y alguien más que acompañaba esa vez a Taladrid; me uní a la conversación y recuerdo que enseguida mencioné el tema de las profecías mayas; convine con Taladrid en que para diciembre de este 2012 estaríamos mirando al cielo a ver qué sucedería. Alguien más, a quien saludé al llegar, pero cuyo rostro no había yo visto por su descomunal estatura, permanecía en silencio prestando atención a la conversación. De buenas a primeras miro hacia arriba y aquel rostro inconfundible era ni más ni menos que el de Teófilo Stevenson. Estreché su mano por segunda vez, le miré fijamente y enmudecí. En mi lógica inmediata me sentí confundido. ¿Cómo era posible? La modestia de Teófilo, su sencillez, me dejaron perplejo.  Es que de las montañas se sabe que lo son cuando se les ve de lejos. Frente a semejante gloria deportiva y dignidad cubana que tanto he admirado ante el televisor, parecía increíble su presencia cercana.
Estrechar la diestra del gigante que con puño certero, preciso, técnico y generoso hubo de estremecernos cientos de veces, fue para mí a la vuelta del tiempo, regalo de valor inestimable.
Ahora que Stevenson de Cuba descansa para siempre, la Cuba de Teófilo llora su partida con el dolor por alguien que quiso tanto al deporte cubano, a la Patria, y que tantas glorias le dedicó. Imagen del deportista humilde y revolucionario; del hombre consecuente con los principios que forjaron su vida y su vocación, fue una gran suerte haberlo conocido y estrechar su mano; intercambiar pocas palabras, las suficientes para saber que aquella mañana mi diestra palpó en vivo una montaña tan alta y majestuosa  como el Turquino.
Imagino que en diciembre, cuando por la curiosidad que provoca enfoquemos la vista hacia el cielo, en lugar de la catástrofe astronómica veremos una estrella muy brillante. Esa estrella será Teófilo Stevenson, inspirando a las nuevas esperanzas de nuestro deporte para que sigan su ejemplo.

Periodismo digital: una nueva perspectiva

Periodismo digital: una nueva perspectiva

Los periodistas del siglo veintiuno enfrentan un desafío: la modalidad de su quehacer a través de Internet. Los controles de la información escapan de las manos de unas cuantas instituciones o grupos para acceder a cuantos deseen participar. Millones de sitios y las Weblogs - más conocidas como blogs - se multiplican en el ciberespacio. Entre lo veraz y lo falso; lo cualitativamente loable y lo que no lo es, pocas cosas parecen creíbles.
En esa amalgama de informaciones - exactas y no - deben abrirse paso los profesionales de la información.
Va imponiéndose un nuevo lenguaje que tiene poco que ver con las raíces culturales de cada pueblo. Nacen términos y neologismos que son fruto de la globalización de los conocimientos.
¿Cuál es la función de los medios profesionales ante el desafío?
Ante toda esa realidad el mundo necesita apertura ante lo nuevo. Labor perentoria y no menos difícil! Algunos se autocomplacen manteniéndose confinados en una prensa escrita medianamente provechosa, aunque no lo suficientemente creativa, antes que emprender un quehacer franco y decisivo en el universo digital. Otros, en un acomodaticio "quedar bien" trasponen al pie de la letra desde cánones tradicionales,  sin las consecuentes transliteración y adaptación a través de los recursos y herramientas propios del lenguaje multimedia.
Millones de estudiantes, profesionales, obreros, amas de casa y de otros sectores acceden a Internet en busca de información. Acceder a ciertos medios impone un precio, ya que mantener una página Web no es nada sencillo para entidades que se sostienen de la información como negocio. Por suerte existen fuentes libres de pago con vuelos profesionales elevados, pero no todos los cibernautas las conocen.

No es justo, ni tampoco ya muy posible, coartar a quienes deseen expresar sus propias ideas siempre y cuando no alteren los cánones éticos de respeto y sana convivencia. Estimo que el mayor desafío se sustenta en desarrollar un trabajo altamente cualitativo y de invariable compromiso profesional por parte de los más competentes. Merece unir ese propósito a una tenacidad responsable y a las posibilidades tecnológicas que hacen de Internet un medio atrayente para frecuentar.

Internet ofrece posibilidades hasta hoy ignoradas por mucha gente, incluso por sus conocedores más audaces. Deviene exigencia para esta nueva realidad, en un mundo hoy llamado aldea global, llevar la profesionalización de la red de redes a su punto óptimo en la mayor medida. Las reglas del juego ya cambiaron. Con la Web 2.0 se vino abajo la vieja relación emisor-receptor; ambos encarnan desde ahora los dos papeles; se relacionan y confontan en una correspondencia biunívoca de la comunicación nunca antes vista. En resumen: el usuario es también coautor y protagonista. Credibilidad, atractivo y variedad cuentan entre los cimientos cardinales para oficiar en Internet. Está a la orden del día un llamado a la reflexión acerca del modo de continuar siendo rigurosamente profesionales al tiempo que artísticamente sugerentes.Está en juego la cultura plural de la civilización, su entramado de valores y la garantía de que el creciente número de visitantes del ciberespacio tenga a su alcance un producto confiable y atractivo. El Periodismo Digital se presenta como reto y perspectiva. Merece aceptarlo.

Lázaro Doubet: "Si me dan a escoger me quedo siempre en la radio"

Lázaro Doubet: "Si me dan a escoger me quedo siempre en la radio"

Lázaro Doubet Jiménez es el corresponsal de Radio Reloj en Cienfuegos. Lázaro empezó por donde comienza la mayoría de los buenos profesionales: desde lo más sencillo, aparentemente, pero en verdad desde lo básico y elemental. Dio sus primeros pasos en el periodismo como corresponsal voluntario, y de muy joven.

- Primero fui corresponsal para la Radio cuando trabajaba en la Unión de Jóvenes Comunistas de la región de Cienfuegos – pues todavía no era provincia – y recuerdo que había un programa llamado "Escuela y Juventud". Aquello fue por el año 1974 y me mantuve alrededor de tres años. Al mismo tiempo enviaba informaciones para el periódico "Vanguardia", en Santa Clara.

En 1977 se trasladó a la Capital para estudiar en la Escuela Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas. Un año más tarde ingresó como alumno de la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana por Curso Dirigido, graduándose en 1983.

- Había regresado a Cienfuegos y empecé a trabajar en el periódico "Cinco de Septiembre", fui uno de sus fundadores. Me mantuve ahí durante cinco años, y después otros cinco como corresponsal del periódico "Juventud Rebelde". Al comienzo del período especial volví para el "Cinco de Septiembre", donde permanecí hasta 1990 que empecé a trabajar como corresponsal de "Radio Reloj".

Varios años en la llamada prensa escrita significaron un nuevo reto para Lázaro Doubet; entonces tuvo que enfrentarse al cambio de un lenguaje para ser leído por otro para ser escuchado.

- En un primer momento no estaba adaptado, pues me había acostumbrado a trabajar para la prensa plana, tuve que irme adaptando a la prensa radial. De aquellos tiempos guardo muy buenos recuerdos de Maria Salomé Campanioni quien me ayudó mucho en eso, así me entrené a conformar las cuartillas para Radio Reloj en función del minuto, un lenguaje que tiene que ser sintetizado, directo, de cuatro párrafos con un total de 16 líneas. Imagínate resumir un hecho en un minuto. Reconozco que trabajar así se convierte para uno en otra gran escuela, además, es un trabajo muy estimulante.

Lázaro recuerda con satisfacción el colectivo con el cual le tocó trabajar en Radio Reloj.

- Ahora han entrado muchos jóvenes y eso es bueno porque el relevo está garantizado. Cuando comencé en Radio Reloj había muchas personas que llevaban años allí, algunos de edad avanzada. Los había fundadores y otros que llevaban tiempo. De ellos recibí mucho apoyo. Me acuerdo de alguien que fue todo un ejemplo como periodista, Juan Emilio Friguls, quien ayudaba a los más jóvenes y nos daba consejos y nos estimulaba. Había otro compañero de apellido Bellechasse que fue fundador del movimiento de corresponsales, llevaba muchos años en "Radio Reloj" y nos impartía seminarios. También varios locutores que trabajaron allí desde antes del triunfo de la Revolución.

Unos cuantos años en Radio Reloj hacen pensar, en cuanto a preferencia, a un profesional que ha vivido las peculiaridades, tanto de la prensa plana como la radial.

- Si me dan a escoger me quedo siempre en la Radio. Soy parte de mi colectivo, es un trabajo que me gusta y por eso me siento estimulado, es algo que ya domino, además, no me agrada estar cambiando de trabajo, y si a eso le sumas lo realizado que me siento, estos 21 años han significado mucho para mí, al extremo de preferir a la Radio, y a "Radio Reloj" mucho más.

Ser corresponsal de Radio Reloj en una provincia es, más que trabajar, un estilo de vida.

- Todos los corresponsales de los distintos medios somos informados de las actividades que tendrán lugar en la provincia durante la semana y los temas. La emisora nacional también nos sugiere temáticas para cada semana y para el mes en cada sector, eso incluye la vida económica, la cultura, la sociedad, y entre todo eso uno va definiendo los géneros a trabajar para cada ocasión. Aunque la emisora es eminentemente informativa, tiene varias secciones como el caso de la sección ENFOQUE de los sábados, dedicado cada vez a un tema diferente que puede ser abordado mediante distintos géneros, como reportajes y entrevistas, una información comentada, por ejemplo.

Y gusta mucho la REVISTA SEMANAL.

- La REVISTA SEMANAL sale los domingos y ahí podemos utilizar cualquier género, desde la crónica, lo mismo que reportajes y entrevistas. Ahí se incluyen notas de curiosidades. A la población le gusta mucho tanto ENFOQUE de los sábados, y la REVISTA SEMANAL de los domingos. Todo eso estimula mucho, sobre todo al saber de su amplia audiencia. ¿Quién no sintoniza "Radio Reloj" todos los días?

Cada periodista tiene predilección por un género en particular. Lázaro Doubet no es la excepción, por eso tiene el suyo.

- En primer lugar me gusta la entrevista, es un género muy humano, y no es que los demás no lo sean, pero uno contacta en directo con el interlocutor.

Quienes lo conocemos personalmente, muy a menudo lo vemos en su quehacer de todos los días. La mayor parte de sus radioyentes solamente lo conocen a través de su labor, y no hay duda en afirmar que todos, sin excepción, lo admiran y respetan por el rigor de su actividad profesional. Es un mérito de Lázaro Doubet que brota de su amor al radioperiodismo y del orgullo por ser parte de un colectivo arraigado a la mejor herencia profesional e histórica de nuestro país.

Cienfuegos y sus aborígenes

Cienfuegos y sus aborígenes

LO QUE SUPE POR UN VIEJO LIBRO...
Siempre me he interesado por conocer acerca de las comunidades aborígenes que habitaron la antigua comarca de Jagua, hoy Cienfuegos. Hace poco di una ojeada a un viejo libro de texto, de aquellos pocos que conservo y fueron mis inseparables cuando cursaba la Primaria. El libro de marras hace referencia a otro más antiguo aún que ya debe superar el siglo de publicado y que cuenta acerca del tema que me ocupa. En él se hace referencia a un aborigen que vivía en cayo Yana, ubicado en la desembocadura del río Salado. Dicen que aquel hombre de la comarca de Jagua se nombraba Yana, igual que el cayo donde residía. Yana ofreció testimonios de la vida de sus paisanos, algo a lo que también contribuyó una mujer descendiente de aborígenes, bautizada como Doña Francisca de Mendoza. De ella se cuenta que vivía en la casa de un hacendado español llamado Don Sebastián de Jáuregui, en lo que hoy es la calle D’Clouet entre Argüelles y Santa Clara.
Según lo contado por ambos, las familias aborígenes de la comarca de Jagua eran numerosas; se decía que una mujer llegaba a tener entre 15 y 20 hijos, aunque no todos vivían mucho tiempo debido a las epidemias.
En la primitiva religión adoraban al Sol y a la Luna. El Sol era para ellos el padre del primer hombre, y la Luna, la madre de la primera mujer. Ellos llamaban al Sol Huion, y a la Luna, Maroya. 
El primer hombre en la mitología aborigen se llamó Hamao, y la primera mujer se llamó Guanaroca. De su unión nació Caunao. En torno a eso existe una leyenda.
Muchos de que vivían en la comarca de Jagua se dedicaban a cazar animales, pescar y recolectar frutos y raíces como medios para subsistir. Además hubo comunidades agro-alfareras que incluían en su dieta el  casabe, una especie de pan preparado a partir de la yuca. Además, el cultivo del maíz llegó a ser otra de sus actividades económicas. Los agro-alfareros cocinaban parte de sus alimentos, ellos conocían y aprovechaban el fuego. Usaban conchas de mar para fabricarse instrumentos de trabajo, uno de ellos la gubia, herramienta usada por ellos para talar arbustos y para hacer trabajos en madera. Los aborígenes de Jagua tenían instrumentos para realizar perforaciones en materiales blandos. Y vale decir que en algunos casos fabricaron vasijas  de barro.
En la Cueva de los Indios, antiguo sitio funerario aborigen ubicado en Cumanayagua, fue exhumado un esqueleto enterrado con un arete de madera dura.
INDUMENTARIA Y ALGUNAS COSTUMBRES...
Los varones se ponían algo así como un manto o delantal a nivel de la cintura, hecho de guano. Las mujeres usaban sobre sus pechos unos casquetes hechos con güiras y adornados con piedras, que les servían para evitar las picaduras de mosquitos y jejenes.    
Por lo general eran personas pacíficas. Enterraban a sus muertos en los caneyes, como llamaban a sus cementerios, aunque también en cuevas, como es el caso de la Cueva de los Indios en Cumanayagua que ya mencionamos. Los ponían dentro de una yagua preparada a los efectos, es lo que les servía de sarcófago, y les ponían como ofrendas los frutos de una planta llamada BAGÁ, que crecía cerca de las costas y en los terrenos pantanosos.
Según contaron algunos sobrevivientes indígenas, las mujeres de la comarca de Jagua eran muy hermosas, y los hombres eran fuertes.
Eran gente pacífica, pero luchaban fuerte cuando venían atacantes de otros lugares que querían robarles sus mujeres y acabar con sus cosechas.
Sus creencias religiosas estuvieron basaban en el culto a los espíritus de los muertos y a objetos naturales, por eso se afirma que eran animistas y practicaban la magia.
En su deseo de influir en el curso de acontecimientos naturales como  la lluvia, las buenas cosechas y los huracanes, creían en espíritus que  habitaban todos los elementos de la naturaleza, lo mismo en una planta como piedras, ríos, la tierra y el mar. Por ello se afanaban en mantener contentos a los espíritus para ser favorecidos siempre por ellos y evitar su enojo.
De los antiguos habitantes de la comarca de Jagua se conoce por  los descubrimientos arqueológicos y  estudios antropológicos de sus restos.
LENGUAJE Y ARRIBO DE LOS ARAHUACOS...
Ellos tenían sus dialectos, no conocían la escritura. Su dialecto se basaba en el ARAHUACO,  lengua materna procedente de la América del Sur, muy hablada en la selva amazónica; eso significa que las comunidades venidas acá procedían de aquellos parajes y se fueron adaptando aquí. Su lengua originaria cambió, aunque mantuvo la raíz que permitió deducir su antecedente arahuaco.
Aquellas primeras comunidades de arahuacas arribaron a Cuba, primero, por la zona más oriental de la isla. Desde allí se trasladaron hacia el occidente y un buen día ocuparon la comarca de Jagua donde hoy está la ciudad de Cienfuegos.
Cuando los ARAHUACOS llegaron a Jagua, eso NO quiere decir que esta región estuviese deshabitada. Ya existían familias aborígenes aquí dedicadas a la caza y la recolección. Cierto que las migraciones de origen arahuaco tenían más desarrollo al conocer la agricultura y la cerámica.
La comarca de Jagua había estado habitada por aborígenes desde, al menos, 2000 años antes de Cristo. Aquellas comunidades primitivas se dedicaban a cazar y recolectar para subsistir. Como tenían una organización social muy primitiva, todavía no se congregaban como tribus, sino como familias en comunidad. Las familias de cazadores-recolectores vivían por lo general en cuevas; los agricultores-ceramistas, por contar con más desarrollo construían sus propias viviendas llamadas por ellos bohíos, luego adoptadas por los campesinos cubanos.
La mayor parte de ellos dependían del mar para alimentarse. 
En lugares como la loma de La Parra, en Cumanayagua; en las lomas de Cantabria y en El Convento en Cienfuegos sí hubo comunidades organizadas en tribus; tiempo después se fusionaron con las más atrasadas, proceso casi consumado a la llegada de los conquistadores.

Día del locutor: Damas y Caballeros del micrófono

Día del locutor: Damas y Caballeros del micrófono

Todos los años el primero de diciembre celebramos el Día del Locutor, ocasión propicia para reconocer el trabajo de hombres y mujeres que un día tras otro, frente a los micrófonos de nuestros medios de comunicación, llevan al pueblo noticias, informaciones de toda índole, esparcimiento y cultura.
Son las voces que en muchas ocasiones durante las veinticuatro horas del día se mantienen como anfitriones de sus radioyentes; son las personas que a diario son recibidas en nuestros hogares como parte de la familia o un miembro más de los colectivos laborales.
La profesión de locutor o locutora – no soy nada adicto a emplear los dos términos, pues el idioma tiene género y no sexo – nació con la Radio. Sin Radio no habría locutores, que mucho después engrosaron los elencos de la Televisión.
Al paso de tanto tiempo transcurrido, podemos afirmar que sin locutores no habría Radio.
Cierto es también que desde la segunda mitad del siglo XX y con fuerza en el actual, ha irrumpido la profesión de comunicador, esas personas que con profundo conocimiento del tema a tratar, sumado al don de gentes, son capaces de hacer efectivo un mensaje, contagiar la radioaudiencia con sus vivencias y hacerla partícipe de sus ideas, si no apoyándolas al menos suscitando el debate y la polémica, factores que proveen de salud a toda sociedad por el mero hecho de comprometer a todos – y todas – en la discusión y toma de decisiones.
Luego de la digresión – necesaria – sigo refiriéndome a la profesión de los locutores, entendida esta como la de personas capacitadas vocal e intelectualmente para difundir los mensajes. Se trata de los locutores “de academia”, “colegiados”, como se desee mejor llamarles, y a ellos los agasajamos hoy.
En la historia de la Radio abundan ejemplos que valen mencionarse; tantos, que prefiero no mencionar siquiera uno para no pecar de omisiones. Lo importante, lo que cuenta, es que en un día como este sentimos la satisfacción de haber contado y contar con personas consagradas a este quehacer, y que lo han hecho y hacen con plena dedicación, elegancia y compromiso. Ellas y ellos son en toda la extensión de la palabra: Damas y Caballeros del micrófono.
El tiempo transcurre y siempre hay relevos, quienes honrando a sus predecesores, mayoritariamente siguen su ejemplo – sin imitaciones, porque esas sí funestas – exhibiendo y practicando las cualidades esenciales de  la profesión. Los locutores son personalidades de la cultura, figuras de importancia social, y basta la visita de uno de ellos a cualquier actividad pública para notar el afecto y la admiración que les profesan los demás. Eso no es un mérito adquirido por espontaneidad, ni por el título académico, y mucho menos hereditario. Es un mérito que se obtiene y gana desde la consagración al trabajo.
Un locutor – una locutora – es ante todo un ser humano de su tiempo, consecuente con su época y estrechamente comprometido con la sociedad. El traje de locutor no es de los que se dejan a un lado al salir del Estudio de transmisión. Se es locutor dentro y fuera de la emisora. Se sigue pensando, hablando y actuando igual que en el trabajo en el hogar, entre sus seres más queridos y en el vecindario.
La locución es, además, un compromiso a plenitud con la superación cultural; los mejores locutores no esperan la convocatoria de un curso, ellos lo procuran de alguna manera, en primer lugar porque son aliados de la lectura y del contacto con personas de todos los oficios, profesiones y estratos sociales. Recuerdo que siendo muy joven veía a un viejo locutor, en sus turnos de cabina, siempre con un libro a mano; me decía que no se perdonaría el mes en que no leyera, por lo menos, un buen libro.
Ejemplo como el mencionado constituye modelo de conducta para los profesionales de la palabra. Esa categoría de locutores son capaces de entablar un diálogo con cualquier persona; poseen un vocabulario rico y gozan de elocuencia sin límites.
El mundo de hoy admira junto a una voz agradable de dicción y entonación impecable, mente y corazón que vibren y latan al unísono de cuanto se expresa. Es lo que se llama “tener bomba” en el mejor cubano.
Ahora que celebramos otra vez el Día del Locutor vale hacerlo como siempre, evocando a quienes precedieron a la actual generación, tanto como satisfechos por los que hoy cumplen esa misión social. Vale igualmente señalar que la locución, como toda actividad de nuestros medios, constituye más que un medio de vida un modo de vida, con la plenitud que aporta el servicio para el bien común.