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Cuba Latino

Frank Fernández: los misterios de un virtuoso

Frank Fernández: los misterios de un virtuoso

Hace años alguien comentó en presencia mía que el piano es un instrumento polícromo. No me ha parecido muy exacta esa definición de atenerme estrictamente a su significado, aunque no dudo que es metafóricamente aceptable. Cierto que el piano es capaz de ofrecer sonidos muy variados, suena casi como una orquesta en sí mismo y nunca cansa.
Una cosa es tocar piano y otra bien diferente es interpretar piezas en ese instrumento musical; mucho más aun si se trata de improvisar, poner el alma de su ejecutante y hacer del ser humano y su instrumento una unidad indivisible.
Esa percepción de ver como se fusionan el pianista y su instrumento la experimento cuando veo a Frank Fernández en sus presentaciones. Este compatriota nuestro vive la pieza; si es de otro autor la interpreta – en mi punto de vista la traduce – y comunica los sentimientos del compositor al público, unidos a los propios. Tratándose de obras creadas por él mismo, entonces la ligazón hombre-piano se vuelve intensa y profunda. Me parece que entra en una categoría de éxtasis de rara definición, imposible de encasillar en un breve concepto.
Su misterio ante el piano es indefinible. Tanto al interpretar a Mozart, Beethoven o Lecuona, como con sus propias obras. Basta con verlo ejecutar su “Zapateo por derecho”. En esa obra desvela con mayor ímpetu lo que deviene en pasión, pieza que me atrevo a definir como parte del Nacionalismo Musical Cubano Contemporáneo. A partir de nuestras más hondas raíces culturales, redimensiona la cubanía musical y entrega un producto nuevo al mismo tiempo vinculado a la tradición.
Lo mismo como solista que acompañado de orquesta – cito como ejemplo la Sinfónica Nacional de Cuba – verlo tocar el piano constituye una experiencia única. De esa forma logra la entrega de su público, sacando el corazón mismo y poniéndolo encima del piano, frente al escenario.
Para desentrañar su secreto, me atreví a preguntarle…
Maestro, ya que tenemos la ocasión de conversar, me gustaría conocerlo más allá del escenario, en su cotidianidad, ensayos, el proceso creacional suyo…
No creo que por mucho que explique se pueda trasmitir en una entrevista el fenómeno del proceso creador porque yo todavía, aún, no puedo explicártelo totalmente consciente. Creo que la mejor cosa que puedo trasmitirle al público es que aunque yo creo en la inspiración, yo trabajo como un “animal”; para que cuando llegue la inspiración me sorprenda trabajando. Yo sé que existe. Sé de momentos maravillosos y lo sé por el silencio del público, más que por los aplausos.
Pero sé que si yo no trabajara con tanto ahínco, con tanto esfuerzo, con tanta humildad ante el arte y ante el público, no se podrían dar esos intercambios de amor entre el público y el artista.
Entonces, ¿en todo eso consiste el rigor de un artista?
Yo creo que el rigor de un artista, y lo he comentado con músicos de la Sinfónica Nacional, es no creerse nunca un profesional, pues la palabra profesional, primero, es muy sagrada, y segundo, es muy difícil de lograr.
¿Se resiste a considerarse a sí mismo un profesional?
Me siento mejor pensando que soy un alumno, pensando que todos los días aprendo y tengo algo nuevo que conquistar; algo nuevo que aprender porque el arte sigue siendo un misterio gracias a Dios, y lo será siempre. Sé que la respuesta no es muy agradable, no es muy clara, pero para mí lo más importante es trabajar, trabajar, trabajar y por mucho éxito que tengas, recordar, como me dijo mi maestra veracruzana Margot Rojas: “recuérdate que por grande que tú seas, por virtuoso que seas, el arte es siempre un poco mejor que tú”.
Maestro, en este proceso actual de integración y unidad Latinoamericana, ¿Renace un Nacionalismo Musical o se redimensiona un nuevo concepto del Nacionalismo en la música, tanto cubana como latinoamericana?
Yo pienso que estamos en medio de una batalla muy feroz y muy dispareja; pienso que el proceso político, supongo que te refieres a eso, al proceso social de democracias populares que enfocan la atención hacia los humildes, en la parte artística estamos poco preparados para esta guerra. En América Latina y en Cuba.
Lo digo con la misma humildad que me presento ante el público. Quizás me equivoque, pero me parece que cuando se habla de guerra ideológica o de políticas o conquistas sociales, no se le da la dimensión tan terrible, tan destructora que puede tener esta desvalorización del buen gusto que está teniendo lugar en todo el mundo, en América Latina y en Cuba también por una serie de cosas que se han puesto de moda a través de los medios imperiales.
Y de pronto cuando uno se expresa, no como inquisidor, que no lo soy ni seré – estoy en contra de la inquisición, estoy en contra de la prohibición - , si voy a ser exagerado seré liberal, pero me gusta ser libre, y no dejo de entender que la Globalización en la parte artística conlleva una pérdida de la identidad nacional, incluyendo a Cuba, y que aquí en Cuba hay muchas personas de altísimo nivel de pensamiento político, histórico, de pensamiento revolucionario que pienso no comprenden el peligro tan grave a que estamos sometidos con la degeneración a través de esas tendencias de chabacanería.
Por suerte Raúl aclaró con esa misma palabra que íbamos a luchar contra eso, pero la realidad cubana en este momento es en un por ciento muy mayoritario de espectáculos y participación de lo vulgar, chabacano, de la mala música, de los malos textos por encima, ya no de las mejores tradiciones cubanas, sino de las mejores tradiciones de cualquier música del mundo. Por tanto el proceso integrador de América Latina en el campo político, creo que hace falta que tratemos de logarlo en el campo de la cultura porque no está logrado.
Se dice que soñar no cuesta nada y en cambio muchos sueños pueden llegar a ser realidad. A menudo sueño con una Suite Cienfueguera, una Obertura Cienfueguera cuyo polen sea grandes composiciones de autores cienfuegueros, y que de ese polen alguien como usted la componga para una de nuestras celebraciones fundacionales.
Creo que ese sueño tuyo corresponde a los grandes artistas cienfuegueros que quizás lo tengan, no lo he averiguado. Lo que sí te puedo prometer es que si hago otra Suite como la de dos pianos que estrené una vez en Cienfuegos, voy a tratar como un acto elemental de agradecimiento, de incluir algo cienfueguero, pero la Suite Cienfueguera les corresponde a los cienfuegueros, que tienen una tradición muy antigua.
Pienso que antes de Eusebio Delfín y antes que la Aragón, que ya estoy hablando de dioses mayores de primer nivel cultural, la pregunta sería: ¿se les da la promoción justa a esos artistas?, ¿reciben el estímulo de los medios?, ¿tienen el apoyo al nivel que merece su tamaño de valor estético y de pertenencia? En todo caso me comprometo a que Cienfuegos, que ya está en mi corazón, trataré de que esté en el próximo trabajo.
Eso es parte de los misterios del arte, uno no siempre puede hacer el homenaje que quiere; hay duendes, hay cosas que nacen en el momento. Lo que sí te puedo garantizar es que esté o no algo como podría ser la Luna Cienfueguera que a mí me impactó con el trío que siempre me acompañaba en todas mis fiestas y que ya no sé dónde está.
El trío Los Bohemios.
¿Siguen aquí?
Sí, están aquí.
Bueno, ya no me los ponen, ya no me los traen, pero bueno… a lo mejor ya no me los merezco. Cuando oí Luna Cienfueguera en un primero de mayo, provocado por Manolito Menéndez Castellanos, en una tarima, y le dije: - “Manolito, está bueno ya de chovinismo” – pero cuando oí Luna Cienfueguera le dije: - “Manolito, perdóname, no es chovinismo, es una bellísima canción”. – Algo así casi seguro estará la próxima vez, y piensa en las preguntas que hice, no solo es un acto de honestidad pues sería una promesa que no estoy seguro de poder cumplir (la composición de la Suite Cienfueguera*) y que incluso no está en mis planes.
Acuérdate que soy oriental, marayisero, pertenezco a Holguín, tengo allá muchas deudas, pude ayudar de manera modesta, no definitiva, a traer un buen piano a Cienfuegos; no lo he podido hacer a Holguín. Y son deudas de mi corazón y de mi deber como cubano.
No sé qué ocurre, si conoce este otro misterio, pero al verlo tocar me parece que lo mismo que yo otras personas tampoco saben dónde comienza el piano y dónde continúa Frank Fernández o viceversa. ¿Por qué usted y el piano se tornan en algo único? ¿Cómo ocurre eso, esa emoción con la que se entrega por completo?
No sé ese misterio, pero sí sé que cuando pasan algunas cosas importantes, casi siempre el público las reconoce rápidamente. No sé cómo sucede, pero sí sucede. Y hay veces que no sé si soy yo o es el piano, si es la música o es mi madre que me acompaña, pero sucede. Otra respuesta triste, no inteligente, pero sí es honesta. Sí sucede. El piano, la música, a mí me salvan, me condenan, me reviven, me dan energía para seguir viviendo, pero no sé cómo sucede; no es a voluntad.
Muchas gracias, maestro.
A usted.

* Nota del autor de la entrevista.

La Radio y sus fuentes: de la necesidad al hecho

La Radio y sus fuentes: de la necesidad al hecho

Todas las radioemisoras del mundo de alguna manera incluyen espacios de contenido; desde las noticias hasta los clásicos programas ilustrativos. Entre las principales inquietudes de los guionistas y realizadores en general, cuenta la de actualizar a sus públicos de acontecimientos, conocimientos y actualidad. Es tarea de quienes escriben para este medio la re-creación de toda esa clase de informaciones, con el propósito de hacerlas radiables – entiéndase “aptas para su emisión a través de la Radio” – de acuerdo con las características del mismo.
Todo eso es legítimo, sin dudas, pero un riesgo que corremos hasta en los espacios musicales consiste en caer en cierta categoría de “plagio”, inconsciente e ingenuo tal vez, que al tiempo de poner en tela de juicio la ética del realizador puede llevarlo a una situación difícil de comprobarse la no autenticidad de lo expresado, incluso su caducidad.
Vayamos a los programas de carácter cultural, histórico o científico. Salvo excepciones, los contenidos de muchos espacios no son, necesariamente, fruto de investigaciones propias. Es lógico que así sea, a excepción de espacios escritos y/o conducidos por especialistas en alguna materia, quienes a su vez se apoyan en otros colegas suyos. Pongo el simple ejemplo de un programa dedicado a comentar sobre Astronomía. Es iluso pensar que para hacerlo el guionista tenga obligatoriamente que agenciarse un telescopio, mirar al cielo, hacer descubrimientos o llegar a conjeturas para luego escribir su guión y darlos a conocer a la radioaudiencia.
Hay quienes arremeten contra algunos realizadores por apoyarse en la Internet para llenar los contenidos de sus espacios. Considero injusta esa embestida cuando hoy por hoy la Internet es fuente primordial de conocimientos, siempre y cuando nos acompañen las herramientas del discernimiento, la investigación y el cotejo de fuentes diversas. Antes, digamos en la década de los 70 y 80 las fuentes principales eran las publicaciones impresas, y a nadie se le ocurrió entonces proscribir ese apoyo.
Hasta ahí todo va bien. El quid de la cuestión consiste en la mala costumbre – no sugiero mala intención – de quienes aprovechando las fuentes, sean cuales fueren, no las citan. Digamos que fue descubierto un nuevo satélite natural en Marte – ejemplo hipotético – y lo dio a conocer una institución de Astrofísica X. Es lícito informarlo, hasta dedicarle un programa más amplio, pero es más que necesario, ¡obligatorio!, citar la fuente de la cual obtuvimos la información. De lo contrario parecería que esa novedad es fruto de investigaciones del realizador o de la entidad para la cual trabaja. ¡Craso error!
Los guionistas, realizadores y los redactores de las salas de prensa tenemos el deber y obligación de citar siempre y ¡siempre!, las fuentes de las cuales nos nutrimos para la confección de programas, boletines y noticieros. ¿Cuántas veces por ese desliz no se les ha quitado crédito a algunas radioemisoras?
Se da el caso de que un día se interrumpirá el abasto de agua en una ciudad. La entidad responsable lo informa verbalmente o por escrito a la Radio, pero a la hora de redactar no se le cita. Si finalmente no se da la interrupción, lo más fácil es que los radioyentes tilden a la radioemisora de imprecisa y poco seria. En este otro aspecto es la emisora en su conjunto la que puede perder credibilidad; por ello toda información proveniente de instituciones y organismos debe de tener como condición “sine qua non” ser enviada por escrito y debidamente firmada para acreditarla a su fuente de origen.
La sutil copia no se circunscribe a espacios especializados, pues en programas musicales se cometen errores parecidos. Digamos que se afirma que la pieza “Aquellos ojos verdes”, su música fue compuesta en Nueva York por Nilo Menéndez, inspirado en la belleza de los ojos de la también cubana Conchita Utrera, y que Adolfo, hermano de Conchita, escribió la letra. De acuerdo, pero… ¿dónde está la fuente original que lo acredita? Ah, entonces fue que lo dijo fulano, el locutor de tal radioemisora. Me da la impresión de verlos con telescopios, microscopios y quién sabe cuántos recursos más, indagando en esas historias. Y está bien que se haga, pero por favor, que se diga la fuente original.
Los dramatizados, por su parte, no escapan a este riesgo, no dado por la ausencia de fuentes a citar – hacen falta - sino por los propios vocablos y contenidos, muchas veces fuera del contexto cultural del supuesto autor original, su fraseología y otros aspectos conceptuales. El idioma castellano tiene sus usos regionales y por ello – si quien adapta no es un “maestro” en su delito – se hace fácil detectar la mancha. Reconozco que detectar copias o más que eso plagios en este género es tarea más que difícil, propia de peritos.
En el caso de los dramatizados figuran también los facilismos en la copia de hechos históricos.
Hay espacios de estos dedicados a acontecimientos más que conocidos en que, si no es necesario mencionar al aire la fuente, debiera ser de obligatoriedad anotarla en el guión para que los asesores puedan documentarse y precisar cualquier detalle o, por lo menos, conocer de dónde sale lo que se escribe.
Existen otros programas basados en la vida real que se dramatizan a partir de investigaciones más actuales. En estos casos, aunque el guión sea original, considero obligatorio mencionar las fuentes investigadoras que sirven de base al libreto. Aunque éste sea original – con los toques de ficción que requiere – la labor investigativa de los demás debe ser respetada y dada a conocer públicamente y si lo amerita, que dicha fuente original sea debidamente retribuida.
Conozco el caso en prensa plana de un cronista que escribió acerca de una personalidad de las letras y le atribuye una anécdota, de la cual se enteró el cronista  por un testigo del hecho. No tuvo siquiera la delicadeza de referirse a que… “según tal persona, quien lo conoció, en tal año, ocurrió…”. Nadie más conocía de aquello, salvo el testigo presencial y el cronista a quien se lo dijo mucho tiempo después de acontecido. Lamento que un profesional caiga en tales errores de omisión, quizá solamente por ganar en protagonismo hacia sus lectores o radioescuchas.
No a todo hay que citarle fuente porque de lo contrario la Radio llegaría a ser entonces una aburrida letanía; aunque para hacerlo si se requiere, abundan recursos. No creo tampoco en la necesidad de citar fuentes - ¿¡cuántas hay!? – para decir una vez más que Colón llegó a estas tierras el 12 de octubre de 1492. No se trata de ir desde lo sublime hasta lo ridículo.
Apelo únicamente a dar el crédito merecido y legítimo a las fuentes. Eso es una cuestión de ética, respeto propio y salvaguarda de la credibilidad. La Radio y sus fuentes deben consolidar una relación armónica, siempre sobre la base de su reconocimiento, porque está claro que sin las fuentes, la radio no subsiste, omitirlas significa desacreditar el proceso de creación y ello ningún radialista que se respete lo debe aprobar.

Carlos Cepero Tur: Realizador de Radio Progreso

Carlos Cepero Tur: Realizador de Radio Progreso

Hace varias semanas alguien tocó a mi puerta. Un joven afable enseguida extendió su mano para saludarme y presentarse como Carlos Cepero, realizador de sonidos de Radio Progreso.

Hacía pocos días que fui entrevistado por el maestro Eduardo Rosillo para un programa en vivo de los sábados, y el director del espacio me avisó fuera de micrófono, que pronto vendría a Cienfuegos un integrante de su colectivo y contactaría conmigo. Cuando esa persona – precisamente Carlos – llegó a la Perla del Sur, le preguntó a su tía cómo podría localizarme; feliz coincidencia que su tía y yo somos vecinos, a menos de una cuadra de distancia.

Conversamos, lo invité a Radio Ciudad del Mar y allí me interesé por su desempeño en la profesión. Carlos Cepero Tur tiene una historia muy interesante que contar.

¿Cuándo te sentiste motivado por la radio?

Esa pregunta es bastante sencilla de responder, diría yo, porque mucho antes de empezar a trabajar y mucho antes de terminar los estudios, en mi casa siempre escuchaba radio, oía distintos tipos de emisoras y a partir de ahí, sin el conocimiento ni la suerte de tener una idea de cómo funciona, empecé a sentirme atraído y motivado; luego de terminar el Servicio Militar empecé a estudiar todo lo que tiene que ver con el sonido, con toda la gama de la tecnología, y a partir de ahí mi primera experiencia fue en emisoras de radio. Fue donde pude ir tomando idea de qué tenía, cómo funciona una emisora por dentro.

¿En cuáles emisoras de radio te iniciaste? No me refiero necesariamente a tu vida laboral en la radio, sino a los inicios?

Fui a Radio Ciudad de La Habana, y allí tuve la suerte de conocer a muchas personas que en estos momentos algunas de ellas ya no están y que me ayudaron mucho.

¿Puedes mencionar algunas?

Sí, como no, Juana de la Concepción, fonotecaria en aquel momento; Conchita, como todo el mundo le decía, que después pasó a ser asistente de programación. Fue una de las personas que más me ayudó porque me dio detalles, me enseñó cómo se cataloga la música, como se integraba a la fonoteca, cosas que no tienen que ver a lo mejor, propiamente con mi trabajo, pero son parte de la organización y de los recursos con los cuales se trabaja.

Háblame de tus primeras experiencias cuando entraste como profesional a la radio. ¿Recuerdas lo que haya sido más difícil para ti?

Bueno, siempre dicen que lo más difícil es lo primero, y yo diría que lo primero y algo más. La máquina de cintas es algo difícil, cuando yo comencé existía en ese momento, era su auge, estaban las STM-600 y con ellas se transmitía, se grababa, ¡se hacía todo! No existía la computación ni otro programa alternativo para procesar música, simplemente los discos que en algún que otro momento se utilizaban, pero la máquina de cinta era lo que más se explotaba en ese momento. Claro, dentro de la máquina de cinta está cómo funciona, de qué forma se monta la cinta, pero lo más difícil es trabajar en vivo con ella. No es montar una cinta y rodarla completa, no es eso simplemente; hay otras operaciones más difíciles como es trabajar en vivo con un programa que sea de música de la fonoteca directa, que no traiga una pre-edición, una producción musical previa y que tengas que trabajarla directa, música por música; cinta por cinta. Eso es muy difícil. Me sucedió en muchas ocasiones, cosa que me alegro, pues fue difícil,  fue algo que me impresionó, tenía que hacerlo obligatoriamente, pues si no el programa no salía, pero me enseñó mucho porque me dio más, me proveyó más agilidad y me pude concentrar más en todo lo que tenía que ver con la máquina, con su sonido analógico.

¿Recuerdas otras personas que te ayudaron en tus comienzos como profesional de la radio?

Ya te había dicho de Juana de la Concepción Rodríguez Aranguren, Conchita; también me ayudó para el trabajo de Tesis el actor Patricio Wood, que por aquel tiempo vivía frente a mi casa. Conversamos sobre medios de comunicación, aunque él no tiene que ver mucho con la radio, pues trabaja más en cine y televisión, pero sí tiene conocimientos de la radio. Entonces comenzamos, él es una de las personas que me ayudó al principio, al igual que en Radio Enciclopedia también. Allá en Radio Enciclopedia cuando comencé hubo muchas personas que se acercaron a mí, me hacían preguntas, me trataban de inducir cosas que tienen que ver con mi trabajo y eso me ayudó muchísimo, incluso de forma indirecta, pero sí me ayudaron.

De tus programas actuales en Radio Progreso, háblame un poquito.

La dinámica de Radio Progreso es muy diferente a la de Radio Enciclopedia, donde empecé a trabajar, Radio Enciclopedia fue mi primer lugar de trabajo radial. Es una emisora muy pasiva, muy suave, muy sublime, y Radio Progreso tiene otras características. Yo tenía deseos de hacer programas más movidos, con más desempeño, con más agilidad. Lo que más me gusta a mí de la radio son los Noticieros, esos programas noticiosos que son más ágiles, que llevan más dinámica de realización, pero no dejan de gustarme los programas musicales. Por ejemplo: “A río revuelto”, es un programa nuevo, que reemplazó al programa “De mi pa’ ti” que terminó hace poco tiempo. Son programas para la juventud, tienen un corte más movido, más alegre, pero también existen programas, por ejemplo otro nuevo que ha estado en este Verano 2011, “Todos con Progreso”, un programa musical con notas informativas sobre personalidades y otros hechos. En fin, un programa muy abarcador de dos horas y media, al aire los sábados a las 9 y media de la noche hasta las 12 y también hay programas de otro corte que no los he experimentado, pero sé que tienen una gran aceptación y complejidad como es el caso de los dramatizados; no los he experimentado, pero tienen mucha complejidad y calidad enorme; en algún momento podré pasar por ellos.

¿Qué opinas de las nuevas tecnologías en la radio?

Sobre las tecnologías hay algo muy importante. Han ayudado mucho al trabajo, al quehacer cotidiano con la realización. Sucede algo que siempre me ha llamado la atención y es un hecho que muchos colegas míos también piensan lo mismo. La nueva tecnología ayuda mucho a la hora de trabajar, ¡pero!, se aísla un poco de la esencia que por naturaleza tiene que ver con lo que se hace en radio. La tecnología analógica, por ejemplo, era grabar, editar música, hacer mezclas, y eso lo hacías en tiempo real y surtía un efecto de una forma determinada. Ya en estos momentos con la tecnología digital ese efecto como que se pierde, es algo diferente, ¿por qué?, porque trabajas contra reloj, contra tiempo, todo de una forma más dinámica, pero ya no tienes el número musical escuchándolo completo, ni la voz, ya está de otra forma concebida, es decir, haces un montaje “muy técnico”; le puedes poner un poco de apoyo artístico y todo lo que tú quieras, pero la parte artística se ve un poco divorciada. Es mi criterio.

De aquellos tus primeros años en Radio Enciclopedia, algo entre lo más importante que recuerdas.

Te decía que cuando comencé en 1997, en noviembre de ese año en Radio Enciclopedia, lo que existían eran las máquinas de cinta, caseteras, máquinas disqueras, bueno… en aquel momento no existían ni computadoras ni otras técnicas novedosas que ahora en este momento ayudan mucho a la concepción del sonido, y me pasaron cosas muy curiosas, como mismo te dije ahorita, cuando uno no cuenta con una producción, una pre-producción musical hecha, concebida para un programa en vivo, tienes que trabajar con música de primera mano, de la misma fonoteca, con matrices y eso tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo bueno es que terminó la música y terminaste con esa máquina y no pasó nada, pero cuando tienes una producción musical tienes que conocer toda la música: cómo empieza, cómo termina, cuántos movimientos tiene… todo, cómo está concebida. A mí me pasó algo curioso, llevaba solamente dos meses trabajando ahí, sale un compañero de vacaciones, parece que me habían visto bastante entrenado, no sé… estaba muy conectado con lo que se hacía en la emisora y me llaman para hacerle las vacaciones; entonces me puse a hacer un programa que me acuerdo como si fuera hoy, “Álbum de Melodías” desde las 11 de la mañana hasta la 1 de la tarde, ese programa era en vivo, todavía sigue siéndolo, y era con cintas. No tuve el problema de que no existiera una producción musical, estaba hecha, eran dos carretes grandes de una hora cada uno, pero qué sucede, en una cinta que nunca se me va a olvidar: la 803 por ser más exacto de Clásicos del Rock había un número titulado “Todo lo que hago lo hago por ti”, que tiene una parte donde termina, luego reanuda para posteriormente irse en fade. Parece que nervioso, por la tensión, no sé…, como cubría un puesto que no me pertenecía en ese momento, pues nervioso me lo llevé en la primera parte donde termina, abrí el micrófono, la locutora empezó a hablar y anunció lo que venía detrás, pero como no oía, simplemente cuando tiré supuestamente el otro número lo que me salía como primer acorde era el final de la canción anterior, el cierre, y eso nunca se me olvida. Son cosas que a uno siempre lo marcan.

¿Cómo influyó en ti el cambio de Radio Enciclopedia para Radio Progreso?

Uno siente añoranza, como una lejanía, pero, ¿qué pasa?, son dos medios diferentes. A pesar de ser radio las dos, son diferentes por completo. Todavía tengo muy buenas relaciones con los compañeros y compañeras de Radio Enciclopedia, a cada rato paso por allí, están bastante cercanos a Radio Progreso, pero en el ambiente de trabajo, de profesionalidad, sí se siente el cambio, la diferencia aunque me siento muy bien donde estoy en este momento, es decir, que extraño pero no llega a ser algo que me impide seguir en los andares que estoy encaminado porque son dos trabajos completamente diferentes. Además, no estuve dos días, estuve once años trabajando allí, es decir, que pude ejercitarme en toda la gama de mi trabajo en varios aspectos relacionados con el sonido y me complace haber estado allá todo ese tiempo. Ahora incursiono en Radio Progreso que es una emisora con diferentes trabajos en la programación.

Como el joven realizador que eres, ¿qué aspiras para la nueva Radio Cubana de la cual formas parte?

Siempre se aspira a que todo salga cada vez mejor, que lleguen cosas novedosas que mejoren mucho más la técnica y el sistema de trabajo, pero pienso que siempre se encuentran defectos, nada es perfecto y se van subsanando poquito a poco. Pienso que todo está en estudiar, ver con qué se está trabajando, cómo sacarle provecho a la técnica con la cual contamos. Pienso que lo mejor es estudiar, entrar en la dinámica de cómo trabaja un equipo, una consola, y más que eso la parte humana, las relaciones en el colectivo de trabajo, pues no hay nada peor que un colectivo que no se lleve bien, pues todo lo que uno transmita será el reflejo de hasta las relaciones internas del grupo que lo realiza.  

Me llevé una gran impresión de Carlos, profesional que ama su trabajo y lo ejerce con mucha seriedad. Convencido también de lo importante que es la cohesión de los colectivos radiales. Con personas así puede siempre lograrse más. 

Amaury personal, amigo y cercano

Amaury personal, amigo y cercano

Aquella tarde fui directo por la calle San Carlos hasta la Peña del Ateneo de Cienfuegos, que anima el cantautor Lázaro García. El invitado era nada menos que Amaury Pérez Vidal, quien a sus dotes de intérprete y compositor suma la de excelente comunicador.
En todo el trayecto pensaba cómo iniciar mi conversación con Amaury porque uno tiende a pensar que con un artista tan conocido las entrevistas puede que resulten trilladas, de lo que todo el mundo conoce; otra vez la vida me demostró que no es así, siempre hay algo nuevo e interesante, y todo depende de las aristas que se aborden.
Cierto que no me parecía fácil entrevistar a alguien de su talla, tan entrenado él mismo en hacer entrevistas a personalidades diferentes, pero había que atreverse y hacer las cosas. Por supuesto, no me hubiese perdonado dejar pasar la ocasión de conocerlo personalmente y conversar. Mi primera impresión fue encontrar en Amaury alguien amistoso, sencillo y transparente: eso me infundió confianza. El comienzo estuvo a cargo de ese niño que sigue vivo en uno - ¡qué bueno! – y vino a ayudarme para recordar los años en que Consuelito nos llenaba de alegría con “Tía Tata Cuenta Cuentos”, en la Radio, y la ternura aliada de “Amigo y sus Amiguitos” en la pantalla de cristal, otrora en blanco y negro. Así empezamos a dialogar. Con amistad y confianza, Amaury me puso el brazo encima y me dijo: - vamos a conversar, claro que sí - . Qué suerte conocer más de un Amaury que recuerda a sus padres con infinito amor, del padre, escritor y ser humano sensible que es.

Amaury, al conversar contigo siempre vale referirse a personas muy amadas por ti y por todos los cubanos. Debes de imaginar que tienes muchos primos empáticos, pues son incontables incluyéndome yo quienes una vez nos sentimos frente a nuestros radiorreceptores sobrinos de Tía Tata. Me refiero, claro está, al programa “Tía Tata Cuenta Cuentos”. En aquel entonces, cuando todavía eras un niño, ¿qué significaba Tía Tata para ti?

Bueno, tú sabes que conmigo era más complicado, yo siempre sabía que detrás de Tía Tata estaba mi mamá, y que detrás de “Amigo y sus Amiguitos”, detrás del muñeco de Amigo estaba mi mamá; cuando yo era niño trabajaba en esos programas. Entonces para mí, mi mamá siempre fue una actriz que hacía esos personajes, y los hacía con un entrañable cariño pues a mi mamá siempre le gustaba cantarle a los niños, hacer cosas para los niños. Yo siempre la vi haciéndolo, yo estaba ahí, para mí nunca fue Tía Tata, siempre fue mi mamá que hacía de Tía Tata, y en mi barrio donde nací, me crié y adonde yo de alguna manera todavía pertenezco, un barrio periférico de La Habana muy cerca del Aeropuerto, que se llama Fontanar, ese es el que yo considero “mi lugar”, aunque no vivo allí desde el año setenta, y todos mis amiguitos sabían que Tía Tata era Consuelito, aunque en ese momento no le decían Consuelito, sino la mamá de Amaury. Para mí no significó nada especial, pues yo estaba ahí, veía todos los trucos, cómo se hacían, cómo se manejaban los muñecos, o sea, que esa magia no la tuve; tuve la magia de saber desde el principio que mi mamá era una persona elegida, una persona que tenía un don de comunicar como actriz, como conductora, y también como hacedora de algunas canciones. Me acuerdo de Celia Torriente, y que cantaba tantas canciones de Enriqueta Almanza, de aquellas compositoras… mi mamá fue la primera que cantó “Barquito de Papel”, todas aquellas canciones, eso no era un misterio para mí.

Conocemos mucho a Amaury en la música y en la televisión, pero de Amaury y la radio, dime ese don tuyo de comunicador con que tanto nos agradas y capturas, pero… de la radio, ¿has hecho algo?

En La Habana, en realidad, antes de hacer programas de televisión como comunicador, hacía programas de radio. Hice dos programas para Radio Ciudad de La Habana, recuerdo uno que se llamaba “Amaury y los Demás”, era un programa variado de música, yo ponía la música que tengo en la casa,  que después se acabó, el director dejó el programa y se llevó su título, y después había uno más desenfadado que se llamó “Como en Casa”, que también estuvo como dos años al aire. Lo que pasa es que empezó el período especial y junto con el periodo especial, pues las escaseces de gasolina, y la radio era en vivo, había que ir todos los días y yo vivía lejos de la emisora de radio. Aquello se convirtió en un verdadero tormento llegar al programa, conseguir la música, las cosas que yo trataba de poner lo más novedosas posible a los radioescuchas, y yo lo abandoné. No he vuelto por eso, porque la radio, igual que la televisión, lo llevan a uno a trabajar las 24 horas del día. Si uno lo quiere hacer medianamente bien, y no he tenido el tiempo para ocuparme de la radio. El tiempo que me queda, entre la conducción de televisión, hacer música, viajar una buena parte del mundo con mis canciones cantándolas por ahí a quien tenga el interés de escucharme, escribir novelas…

Esa faceta tuya es también importante, antes de la entrevista me enteré, pero quisiera que tú mismo te refieras a eso…

Ya he escrito dos novelas y las he publicado y ahora estoy escribiendo la tercera...

¿De qué tratan tus novelas?

La primera es una historia que se llama “El infinito rumor del agua”, es la historia de la amistad entre dos mujeres que se conocen siendo muy niñas aquí en Cuba, en una ciudad que no dice exactamente el nombre, es inventada, pero puede ser Trinidad perfectamente. Una de ellas emigra en los años veinte a Estados Unidos cuando se descubre el asma, porque ella se vuelve asmática, y están  sesenta años sin verse. Y hay un reencuentro en un momento. Esa fue la primera. La segunda se llama “10 meses y 29 días”, son los estudiantes de un coro, de un coro por supuesto cubano, de música sacra, es una novela muy religiosa, es la primera novela así, muy católica, que hay escrita, a lo mejor mal escrita, pero que está escrita y se van a Italia y tres de ellos deciden ocupar los 10 meses y 29 días que es el tiempo que permiten las leyes migratorias estar fuera sin considerar que no regresarás. Y son todas las cosas que ocurren en ese tiempo en Roma, lo que hacen esos tres amigos. Y ahora estoy escribiendo una novela de amor que no tiene título todavía, es de dos personas que se van a vivir por voluntad propia, engañando a los médicos, a un manicomio. Se hacen los locos y se van, cada uno por su lado, sin conocerse; ellos se conocen dentro del manicomio, pero el gran conflicto está en que ella sabe en lo profundo que no está loca, que está simulando, pero piensa que él sí está loco. Y lo mismo le ocurre a él, entonces es una novela que me ha llevado dos años de estudios siquiátricos, para poder hablar como una persona demente y a la vez saber que esa persona en lo profundo no es demente, y el lector sabe que no lo es.

Las dos primeras, ¿si están publicadas?

Están publicadas, una por la Editorial Unión, que hicieron una tirada bastante generosa, verdad, porque hicieron como 7 mil ejemplares y ya no hay, y la otra por Letras Cubanas que hicieron 3 mil o 4 mil ejemplares y también se acabaron. Fíjate, que yo ando buscándolas por dondequiera, cada vez que llego a una provincia voy a la librería a ver si queda alguna para comprarla.

Amaury, lo más difícil para ti en tu condición de comunicador, en todo esto, en la misma televisión, ¿qué ha sido lo más difícil para ti? Has entrevistado una cantidad de personalidades nuestras muy diferentes unas de otras, y cada una con una trayectoria muy grande. ¿Haces ensayo de mesa? ¿Te lanzas en directo? A todos nos gustaría conocer de esa interioridad de tu quehacer profesional.

Yo siempre tengo que informarme un poco, sobre todo de las personas que menos conozco, de los que conozco no, fíjate no necesito informarme, por ejemplo, de la obra de Antón Arrufat porque la conozco, la he leído, además somos amigos desde hace muchos años; no me hace falta investigar la vida de Rosita Fornés, he estado a su lado toda la vida o la de Alicia Alonso, que hay tanta información. Las tarjetas que saco ahí en el programa son temas para no perderme porque grabo dos o a veces tres entrevistas diarias, o sea, el programa tiene una dinámica de trabajo mediante una semana, en cinco días laborables, grabo diez, once, doce entrevistas. A veces me toca… Aurora Basnuevo y Eusebio Leal, por ejemplo; son dos personalidades que van por caminos diferentes, y tengo que encaminar esas entrevistas por dos lugares diferentes. Entonces… si me preparo demasiado voy a estar sobreinformado y eso me va a llevar a cometer algún desliz, alguna indiscreción o incluso lo peor, alguna falta de respeto. Yo prefiero ponerme en el lugar del televidente, es lo que yo hago, de un televidente curioso que quiere saber algunas cosas que no conoce y, además, la mayoría de las veces no sé lo que me van a responder. A veces con los años la gente cambia las historias: una historia que habías oído en los sesenta en diferente en los ochenta y diferente en los dos mil, entonces lo que hago es sentarme y atender. De muchas respuestas, la mayoría de las preguntas salen de la respuesta anterior del entrevistado. Eso me hace muy cómoda la entrevista. No me pongo tenso, la verdad tengo que reconocerlo, no sé si es algo genético, pero yo no le tengo terror a las cámaras, quiero decir, yo nací en ese mundo con mi padre dirigiendo televisión, con mi madre trabajando, yo mismo desde chiquito trabajando en la televisión desde que era un muchachito que tenía cuatro o cinco años, hacía comerciales en televisión de productos que mi mamá anunciaba, he estado en esto toda mi vida, para mí es muy cómodo. Para mí es más cómodo hacer preguntas que cantar.

Ya que lo mencionaste, la influencia de tu papá como director de televisión…

Toda, toda, mi papá era un sabio, la verdad, era un genio, una persona muy osada, muy atrevida, innovador hasta el delirio. En algunos de los viajes que he podido hacer a los Estados Unidos en los últimos tiempos, me he encontrado una cantidad de información videográfica de los programas que mi padre dirigió, tanto los que dirigió antes de la Revolución como después y encuentro cosas verdaderamente osadas para la época y osadas todavía. Ya quisiéramos nosotros tener una televisión como la que tuvimos, incluso, en los primeros diez años de la Revolución, donde estaba la fuerza patriótica, además, la fuerza la Revolución triunfante con la sapiencia, el oficio adquirido en la televisión pre-revolucionaria, que era una televisión muy buena. Ese grupo de talentos… hablo de Joaquín M. Condall, Manolo Rifat, de Pedraza Ginori que llegó después, y Amaury Pérez, esos cuatro llegaron e hicieron un gran trabajo, realmente.

Es una lástima que ya no podemos contar con ellos por ley de la vida, aunque mi papá murió muy joven, pero olvídate… yo siempre me pregunto cuando estoy en el programa, cuando tengo un problema con una luz, con la iluminación, un ángulo de cámara con el que no me siento cómodo, yo siempre me digo: “¿cómo mi papá resolvería esto?” Y siempre recuerdo de una cosa que me decía: “los problemas más graves se resuelven con calma”. En calma se resuelven las cosas, no haces nada gritando, ni poniéndote histérico, ni nada, sólo te haces daño tú. Hay que salir a buscar las soluciones a los problemas, y se presentan problemas en una grabación, aunque yo he trabajado “Con 2 que se quieran” con un equipo, realmente es un privilegio para mí trabajar con el equipo que he trabajado, de profesionales extraordinarios, miembros del cine, todos son trabajadores del cine, no de la televisión.

De cierto modo, ¿has sentido en tu trabajo la presencia de ellos, de tus padres acompañándote en la labor?

¡Siempre! Bueno, todo el mundo aquí en Cuba sabe que yo soy católico practicante, todo el mundo sabe eso, por tanto no es un secreto y yo siento siempre la presencia de ellos, claro, la he sentido muchísimo, tengo muchas anécdotas, pero sería muy largo contarte…

Casi entonces haríamos un “Con 2 que se quieran” y me dejas a mí preguntarte de todo eso.

¡Claro! Ahí en el Estudio hay gente que los ve, pasan cosas realmente extraordinarias; yo creo que se hicieron sentir, y todo el tiempo que yo filmé, sentía la presencia de los dos en el Estudio. Muchas soluciones, algunas encrucijadas de edición, de coloración, de los planos y eso… salieron porque me venían por la noche durmiendo. O sea, que yo creo que ese programa se hizo por ellos, se hizo para ellos, en primera instancia, y se hizo a través de ellos.

Amaury, ¿en qué momento consideras que está la música cubana, hoy?

No estoy muy al tanto, la verdad, yo vivo… ¡no en una torre de cristal, por supuesto que no!, pero yo vivo un poco ajeno porque sigo escuchando como… las cosas que escuchaba, es decir, soy tan fiel en todos los sentidos, que sigo oyendo a los mismos artistas que escuchaba antes. A veces mis hijos, por ejemplo, me traen algunas cosas que ellos consideran interesantes… “papá, oye esto”, entonces lo oigo, y si les encuentro valor lo reconozco.

¿Cuántos hijos tienes?

Dos, ya grandes. Un varón que tiene 31 años y una niña de 28. Una niña, le digo yo.

Claro que una niña, para nosotros los padres siempre son como niños.

Así es. Nunca crecen, nunca crecen. En cuanto a música no estoy muy al tanto de la realidad, no tengo nada contra ningún género musical pero, por supuesto, no me interesa el reggaetón, no me interesa el hip-hop ni el rap, pero eso no quiere decir que no sean importantes, no voy a meterme en eso, simplemente no escucho esa música, no la consumo, creo que no es música cubana y que no hay ninguna forma de cubanizar una cosa que no se hizo aquí. No oigo rock en español, por ejemplo, no me gusta tampoco. Me parece que el rock es en inglés, como la gran balada romántica es francesa, en fin, como los grandes boleros son cubanos y mexicanos, no he escuchado un bolero cantado en inglés que sea mejor que un bolero cantado por un artista cubano en español. El rock en español es como cantar canciones de mariachi en japonés. No me parece que eso es orgánico.

¿Cuándo vas a atraparnos de nuevo con otra temporada “Con 2 que se quieran”?

Volvemos en el primer trimestre del año que viene.

Amaury, un millón de gracias.

A ti.   

Cuando concluí la entrevista se lo comenté a la Dra. Mirta Luisa Acevedo, profesora de la Universidad de Cienfuegos e investigadora de la obra de Martí. Ella me dijo que cuando vio a Amaury por primera vez en “Con 2 que se quieran”, vio allí al Amaury total, al que ella, en su opinión, soñó Consuelito. Si es así – como también lo creo – la Tía Tata del niño que un día fuimos, lo observa satisfecha desde la Eternidad, con maternal y complacida sonrisa.

Veguita Falcón y sus "Estampas Guajiras"

Veguita Falcón y sus "Estampas Guajiras"

Cada vez que salgo a la calle no puedo sustraerme a la tentación de entrar a las librerías. Aunque muchas veces salgo de allí con las manos vacías, es para mí casi un acto maníaco entrar y aspirar el olor de la tinta y los papeles que muchas veces exaltan mi pasión y arruinan mi bolsillo. Bueno, si todas las ruinas de un bolsillo se debieran a la culpabilidad de un libro, me parece que viviría la pobreza más feliz.
Llegué una de esas tardes calurosas a la librería "Dionisio San Román", justo a la entrada del bulevar de Cienfuegos y por mera casualidad comentaron de un libro acabado de poner a la venta de mi amigo el poeta y escritor Alberto Vega Falcón. A Veguita, como le decimos sus amigos, se le olvidó invitarme a la presentación que había sido, precisamente, en la mañana de aquel viernes. Suerte que todavía quedaban ejemplares y si bien recuerdo compré más de cinco para, aparte del mío, obsequiar a familiares y amistades. Acertada inversión estival cuando a veces el calor agobiante extingue la paciencia y justo se precisa de una sonrisa.
"Estampas Guajiras", como se titula el libro, es una colección de relatos testimoniales construidos con una gracia literaria que se suma a la jocosidad de sus contenidos. Con el prólogo de quien también es mi amigo, el escritor Alejandro Cernuda, se completa la visión total de lo que el autor se propuso y logró felizmente.
Veguita, además de narrador y cuentero, es un excelente poeta con décimas y sonetos vibrantes. Pero en lo concerniente a "Estampas Guajiras" cuando lo leo me parece que lo tengo frente a mí contándome con su gracia espontánea aquellas historias ingenuas y cubanísimas de las que borbotea un humor sano y genuino.
Lo invité a mi casa y aproveché la ocasión para que volviera a narrarnos el cuento de Los frijoles de Cabrerita y, grabadora en mano, me tomé el atrevimiento de grabárselo para compartirlo con quienes lean esta Blog.
Con el permiso de mi buen amigo, también transcribí uno de los cuentos (todos de la vida real, aunque tocados por el encanto literario de Veguita) a manera de avance.
Aquí sigue la narración, nada menos que una anécdota de la vida del poeta cienfueguero, oriundo de Cumanayagua, Luis Gómez, a quien conocí y cuya amistad disfruté.
Y si visitan la librería "Dionisio San Román" en Cienfuegos y quieren agenciarse un buen libro, no dejen de adquirir las "Estampas Guajiras" de Alberto Vega Falcón.

PUERCO DE CUATRO PATAS
Por Alberto Vega Falcón.

Esta estampa guajira que hoy quiero contarles tiene el sello indiscutible de un hombre, protagonista de una época o de todas. Marcada su existencia por un fino humor, que muchas veces se tornaba en ironía, y otras, casi siempre en una nostalgia inacabable que lo acompañó hasta su último día, cuando en un revuelo de picos y alas se le fue la vida como la había vivido, en una pelea cubana contra los demonios de su largo camino de trovador y bohemio... ¡Ese era Luis Gómez, El Pichón de Cumanayagua, El último Poeta, El rey de la Carvajal!
Cuentan que allá por los años cuarentas en el poblado de Camajuaní, en ocasión de celebrarse las fiestas populares de esa localidad, el Colorao - así le llamaban a un vecino del pueblo - había puesto en la acera de su casa una tarima con un puerquito asado para la venta. Luis se apareció allí con las ropas sudadas y el fango adornándole los bajos al pantalón, el rostro mostrando un inmenso cansancio, y los ojos diciendo sin hablar o hablando sin decir, cuántas ganas tenía de entrarle a aquel manjar desparratado sobre la tártara y en espera de que algún comensal hiciera su primera compra. El Colorao, amigo del poeta y conocedor de que éste no andaba en buena posición económica, le preguntó:
- ¿Tienes hambre?
- ¡Claro! - le dijo el cantor.
Entonces el Colorao le arrancó una de las patas al chancho y se la entregó a Luis, quien rápidamente dio cuenta de ella y así, para no cansarlos, se fue comiendo una a una... Ya el animal no podía salir corriendo. Sin embargo, Luis permaneció de pie, pensativo y con una leve sonrisa escapándose por debajo del bigote...
- ¿Qué te pasa? ¿En qué piensas? - le preguntó el Colorao.
A lo que El Rey de la Carvajal, con esa gracia popular que lo caracterizaba, respondió:
- ¡Qué lástima que este puerco no sea un ciempiés!

Benny Moré cada día canta mejor

Benny Moré cada día canta mejor

Hace 92 años, el 24 de agosto de 1919 nació Bartolomé Maximiliano Moré, quien al paso del tiempo se convertiría para siempre en Benny Moré, “El Bárbaro del Ritmo”.  Nació en cuna extremadamente humilde en un pueblito arrinconado que lleva por nombre Santa Isabel de las Lajas en la antigua provincia de Las Villas, hoy provincia de Cienfuegos. Creció entre trovas callejeras y toques de tambor en el Casino de los Congos, institución lajera muy cercana a su casa.
Este año que celebramos otro aniversario de su natalicio vale pensar cómo un artista de vida biológica tan efímera alcanzó tanta excelencia en la interpretación musical – sin discriminar ritmos – a pesar de que jamás recibió enseñanza académica alguna en tal sentido. No queda otra opción que atribuirlo a su genialidad.
El Benny fue sobresaliente a la hora de cantar sones, mambos, guarachas, guaguancós, rumbas, guajiras, bambucos y boleros. Estoy plenamente convencido de que si hipotéticamente hubiese sobrevivido a la aparición de las baladas, el rap y el mismísimo reggaetón, el bien llamado “Ruiseñor Lajero” habría sido capaz de interpretar dichos géneros con originalidad y maestría.
Fue tan original el “Bárbaro del Ritmo” que el desconocimiento académico de los cánones musicales, lejos de haber sido obstáculo fue la posibilidad para que alcanzara los matices expresivos que siempre lo acompañaron. Esa naturalidad, lo que me atrevo a calificar de “talento innato, silvestre” regalaron a la posteridad un peculiar modo de cantar y hacer la música, al extremo de que cada vez que el Benny interpretaba una pieza más de una vez – como lo hizo en tantas ocasiones – sonaba diferente, aunque siempre con su estilo único y encantador.
Me contó mi amigo el escritor y crítico cienfueguero Román Villotch una anécdota leída por él que ilustra el talento del Benny. En los primeros años de la Revolución, a raíz de la creación del Consejo Nacional de Cultura, el país empezó a ocuparse de la superación de todos los artistas. Benny – como dije antes – no tenía conocimientos de música y por tal motivo se acercaron a él para pedirle que se incorporara a su estudio, algo que él aceptó de buen grado. Pero, caso curioso, uno de los grandes directores de orquesta cubanos, el Mtro. Enrique González Mantici (1912-1974) le sugirió no hacerlo, pues de entrar en los preceptos académicos el Bárbaro del Ritmo podría arriesgarse y perder la pérdida de su don natural de componer y cantar.
En mi opinión personal me parece que González Mantici acertó, y fue una lástima que pocos años después el “Bardo Lajero” dejase de existir. Quién sabe cuántas nuevas creaciones suyas formarían parte hoy de nuestro patrimonio musical.
Cierto es que han transcurrido casi cinco décadas desde su muerte - ¡48 años! – y muchas más desde su nacimiento, como igual verdad que el Benny sigue siendo el alma del rinconcito que lo vio nacer, y por encima de todo emblema y voz musical de Cuba. Hoy es icono excepcional del pentagrama cubano, recordado y actual. Por eso nadie duda al afirmar que a la vuelta de tanto tiempo el Benny canta cada vez mejor, su música no aburre, cautiva a viejos y jóvenes; se renueva a sí misma y alegra el corazón, mientras significa punto de referencia para quienes hoy, como él lo hizo en su tiempo, se consagran al arte musical.
Si Cuba como país asumiera forma humana y cantara, su voz masculina sería la del Benny.

Radio Ciudad del Mar y la cita más joven de su espectro sonoro

Radio Ciudad del Mar y la cita más joven de su espectro sonoro

De lunes a viernes a las seis y media de la tarde, el centro-sur de Cuba le suma mucha más alegría y optimismo a su espacio radiofónico, sale al aire “Cita con la Juventud”. Es un programa que deviene símbolo y tradición para Radio Ciudad del Mar, y desde hace más de una década experimenta una renovación continua.
Buena parte de esa chispa juvenil la debe al talento de alguien que durante más de dos décadas dedica fuerzas y entusiasmo al medio radia; entusiasmo y esfuerzos traducidos en logros del diario quehacer.

Jorge Luis Piñeiro Morejón – El Piñe -, como le decimos con cariño, es realizador y director de programas, y encabeza el espacio más joven de la Perla del Sur. Con él dialogué para saber cómo se las ingenia y consigue mantener a “Cita con la Juventud” en la preferencia de la generación a la cual va dirigida.

¿Cuándo empezaste a dirigir Cita con la Juventud?

-    En la programación de verano del 2000.

En aquel momento, ¿qué te propusiste con el programa?

-    Hasta el momento en que comencé a dirigirlo, el programa tenía un concepto distinto. A veces, no siempre, asistían personas en vivo. Hubo un vació en cuanto a la participación de invitados que realmente debían de hacerlo de manera habitual. Por eso me puse a buscar alternativas al tiempo de darme a la tarea de preparación de jóvenes como locutores o comunicadores. Todo esto lo hice con el propósito de crear, a la vez, nuevos segmentos en el programa que tuvieran que ver con los jóvenes directamente.

¿Segmentos como cuales?

-    Por ejemplo, secciones acerca de los valores morales y humanos explícitamente, segmentos dedicados a esta temática.

¿Solo eso?

-    Como programa juvenil al fin y al cabo, también se introdujeron segmentos dedicados a la farándula, que es algo que les gusta mucho. Es un programa juvenil.

¿Cómo valoras el programa luego de once años bajo tu dirección?

-    Creo que el programa funciona para el destinatario que tiene.

Y en cuanto a la música…

-    Desde el punto de vista de la producción musical tratamos de balancear la música todo lo posible. Poner música que sea de fácil decodificación para los jóvenes, así como introducir temas, digamos, no tanto como rebuscados, pero sí que tocan al intelecto, a la reflexión de los jóvenes.

¿Cuántas secciones o segmentos hay actualmente el programa?

-    El programa sale al aire de lunes a viernes, dura habitualmente cuarenta y cinco minutos. Comienza a las seis y media de la tarde, pero en esta programación de verano se extiende a hora y media.

Eso significa mucha más elaboración y más contenidos, ¿no es así?

-    Lógicamente, fíjate que el horario se duplicó.

De acuerdo, pero volvamos a lo de las secciones del programa.

-    Hay dos secciones que sí se repiten en la semana, aunque en cada caso el contenido es diferente. Digamos que el programa del lunes nada tiene que ver con el del martes, ni con el del miércoles ni el del jueves. Cada día el programa es distinto desde el punto de vista del concepto de la información que está dentro del espacio.

A ver, explícame más acerca de esto, digamos… cada día de la semana lo que se hace.

-    De acuerdo. Por ejemplo, el lunes tiene un segmento titulado “Como hablar mejor” a cargo de una especialista en nuestro idioma. También el lunes aparece el segmento “La pupila inconforme”, a cargo del presidente de la Asociación Hermanos Saíz en la provincia, Antonio Enrique; es un segmento crítico. Ese mismo día los Trabajadores Sociales tienen su espacio en el programa, que todos son jóvenes y tienen  que hacerse sentir en un programa dedicado a la gente de su generación. Los lunes incluye “Todo música”, donde damos a conocer informaciones sobre la vida de los artistas, sus presentaciones, nuevos discos y algún que otro comentario de sus vidas privadas. Ese es el caso del lunes.

Entonces dime cómo funcionan las cosas el martes.

-    Estructuralmente funciona igual que los lunes, pero el martes hay otras secciones, como es el caso de “Sexo sentido”, encaminado a educar de manera profunda como deben de ser los jóvenes en sus relaciones sexuales e incluso antes. Ese mismo día tenemos “Cita en la Red”, como lo indica el título, relacionado con la Informática, algo de lo cual los jóvenes están siempre ávidos; es un segmento bien aceptado. El miércoles se repite el segmento que te mencioné de los lunes, el de “Como hablar mejor”, y se incluye otro de “Curiosidades”, más bien de curiosidades de la Antigüedad. También se mencionan frases de sabios para que los muchachos las interpreten.

0pine2 Esos segmentos, ¿tienen locutores profesionales?

-    No, todos son realizados por jóvenes no profesionales que colaboran sistemáticamente con el programa. Para eso preví la formación de jóvenes comunicadores cuando asumí la dirección, para que ellos mismos sean los protagonistas del programa.

¿Hasta ahí lo del miércoles?

-    Sí, vayamos al jueves cuando sale otra vez “Cita en la Red” y sale al aire otro que se llama “Lente científico”, ya su nombre indica de qué trata, aunque siempre vinculado con los jóvenes, nada de cosas sofisticadas que no sea de su interés. Ya el viernes el programa se torna un poco más ligero, es el último de la semana, y para ese día contamos con el segmento “Alma ilustrada”, relacionado con la Literatura, y tenemos las “Noticulturales”. Este segmento es una especie de resumen del acontecer cultural en la provincia durante la semana que ya termina y alguna que otra propuesta para sábado y domingo. Fíjate que como emisora provincial toda la información se da en función de la provincia, no solamente de lo que acontece en la ciudad. Y tenemos “Cita en las listas”, que es una compilación de los éxitos musicales que más suenan en Europa, en todo este Hemisferio y en nuestro país en especial.

¿Viene a ser un Hit Parade en miniatura?

-    Así es, y tiene relación con otro programa de Radio Ciudad del Mar; me refiero a “Panorama de éxitos”. Puedo decirte que la escala de Panorama de Éxitos se nutre del segmento “Cita en las listas”.

¿Cuál ha sido la cantera para la captación de jóvenes?

-    Te confieso que jamás hemos hecho convocatorias. Siempre han sido jóvenes que he visto, los he oído conversar y ahí me doy cuenta de sus aptitudes. Me encuentro con ellos en escuelas, universidades, los detecto y entonces conversamos, les hago saber de las cualidades que noto en ellos y les propongo participar.

Es decir, que siempre buscas a la juventud del día a día…

-    Así es, se trata de un programa para jóvenes y por eso debe ser realizado por jóvenes, con su dinámica propia y no con locutores que se rigen por los academicismos. La mejor manera de que la juventud se identifique con un programa que se le dedica, es que quienes lo realizan sean como ellos, siempre y cuando sean muchachas y muchachos que comuniquen.

¿Estás satisfecho?

-    Tengo razones. El programa da resultado; incluso ya hay jóvenes que comenzaron aquí y hoy son profesionales en la radio y en la televisión, se enamoraron de la locución y les va muy bien. Ellos han salido de “Cita con la juventud”.

Para captar el latido juvenil se requiere una permanente retroalimentación, ¿cómo te las arreglas para conseguir eso?

-    Esa la busco entre los mismos jóvenes. Tengo que ir junto a ellos porque en definitiva estoy al frente de un equipo que hace un programa para la juventud. No puedo imponer mis gustos, y date cuenta que tengo 51 años, por eso necesito ir al ritmo de ellos que son los destinatarios y, por suerte, también los protagonistas. También llegan muchas cartas y mensajes electrónicos. Todo el colectivo y yo estamos en función de los jóvenes, eso es algo que tenemos presente continuamente. Hay que complacer a las muchachas y los muchachos, no solamente con la música, sino con los temas que a ellos les interesan; llevarles un mensaje, ponerlos a pensar y a reflexionar.

¿Te sientes todo a gusto?

-    Indudablemente, y es un tipo de ejercicio porque marchar al ritmo de la juventud es siempre un reto. No son los jóvenes de los 80s ni de los 90s; la juventud de ahora va más rápida que generaciones anteriores, piensa distinto, es más abierta al mundo, hay más vínculos entre ellos y con el mundo, está la Internet, y con certeza muchos países usan como referentes a nuestros jóvenes. Es un intercambio directo y continuo. Es un programa que se exige mantenerse a tono con lo contemporáneo.

Piñe, para ti como hombre de la radio, ¿qué conclusiones sacas a la vuelta de once años al frente del programa?

-    Me reconforta en lo personal, me hace sentir realizado cuando veo tantos muchachos partícipes del programa, y también veo otros que solo han sido radioyentes y me manifiestan su gusto por el programa, sin contar personas adultas que también siguen el programa. Sí creo que las valoraciones deben de hacerlas otras personas, no precisamente yo. Además, me siento satisfecho del colectivo; nuestro locutor es Carlos Javier López; la asesora es Balbina González y el realizador de sonidos es José Antonio Blanco. Ahora en el verano tenemos a Bernardo Zabalo. Es un colectivo muy unido, y esa es, si no la mejor, una de las mejores coas de la que podemos sentir orgullo.

Radio y colaboración institucional

Radio y colaboración institucional

Este es un tema tal vez poco tratado en el ámbito teórico-práctico de la radio, aunque sí me consta de los esfuerzos continuos por hacer realidad el propósito.
En algunos existe la tendencia – incluso gente del medio – a ver la radio como una institución destinada a divulgar, informar, dar a conocer el acontecer nacional y local y proveer el disfrute estético de los radioyentes.
Hasta ahí todo está bien, pero puedo afirmar que la cadena “como que se rompe” o le “fallan engranajes al mecanismo”, hecho dado en muchas ocasiones por lo que tal vez sea la “no intencionada” compartimentación de objetivos, propósitos y alcances.
En el mundo de nuestros días los medios de difusión sientan su razón en el contacto permanente con todo el acontecer social que le circunda. La radio no puede sustraerse al quehacer y manifestación de todas las esferas sociales, económicas, políticas y culturales del entorno al cual pertenece. Como medio de difusión es consecuencia de un desarrollo y, al mismo tiempo, impulsora, orientadora y catalizadora para que ese devenir se consolide y transforme en la medida de lo necesario que reclaman las circunstancias.
De lo antes dicho resulta axiomática la relación de la radio con las instituciones y viceversa: el vínculo de las instituciones con la radio. Esto es quehacer de las direcciones de radio provinciales  y municipales y – claro está – las nacionales; el contacto y relación permanentes entre sí. En el caso de las emisoras nacionales considero satisfactorios los resultados. La radio no puede existir sin las instituciones – al menos debidamente -, como ellas tampoco pueden hacerlo sin este medio.
En una época donde el sano ejercicio de la crítica y la propuesta de soluciones constituyen más que posibilidad una necesidad, vale señalar que tal vez salvo excepciones, los contactos interinstitucionales con la radio todavía son insuficientes. Mucho del quehacer y la actualidad local y regional queda plasmado en un frío papel de “convenio”, un formalismo que en ocasiones se cumple, y a veces no.
Casi son slogans los vínculos con Casas de la Música, entidades y organismos que ven el compromiso con la radio como una meta a cumplimentar y no como lo que debe ser: interés y necesidad de las propias instituciones. Todavía hay proyectos puestos en marcha que se malogran por cierto estado de apatía, de hacer las cosas por obligatorio “cumplimiento”, porque “hoy me toca hacerlo y debo decir algo” y en reiterados casos ello significa pérdida de actualidad, escasa incorporación de las instituciones a la radio y poca información, si no mediocre.
La radio a su vez está urgida de incrementar su presencia en las instituciones; tanto desde el punto de vista de su más hondo conocimiento, el sano ejercicio de la crítica, la difusión de logros y propuestas de soluciones.
Otro caso muy particular lo es el vínculo con algunas instituciones culturales, cuya función en ciertos casos se limita a “divulgar” lo que se hace, espectáculos que se presentan y recitales y alguna que otra convocatoria. ¿Cuántas veces no se culpa a la radio de desinformar cuando se anuncia un espectáculo, después se suspende y la institución responsable ni siquiera se toma la molestia en aclarar el cambio? De otra parte, pocas veces la radio accede a espectáculos y conciertos para grabarlos, transmitirlos e incorporarlos no solo al patrimonio sonoro de la emisora, sino de la comunidad o región para la cual se trabaja. Es triste cuando un radioperiodista se limita a preguntarle al artista “cómo se sintió durante la visita”, denotando con ello falta de conocimiento de la personalidad a la cual se entrevista. Es como “volar sobre lo bajito”, pero “sin aterrizar”.
Perdemos muchas ocasiones de darle actualidad a cuanto se mueve en nuestros territorios, de estar, tomando el slogan de nuestra Radio Rebelde “al ritmo de la vida”, que sí lo está.
Y, ¿qué decir de los artistas locales? Cuántas veces  salimos a la búsqueda de apoyo para darlos a conocer y ¡se nos hace tan difícil conseguirlo! En ocasiones un artista local prefiere - derecho legítimo – el dividendo económico  y deja a un lado su vinculación con los medios de comunicación de su entorno. Lo anterior es válido sin absolutizaciones, ya que en definitiva la razón de ser del artista no debe circunscribirse a una suma monetaria más o menos satisfactoria – aspiración lícita, lo reitero – siempre y cuando sienta la necesidad y el derecho de darse a conocer y mantener su presencia en los medios y con el pueblo, que son su razón de ser.
Lo otro, institucionalmente, tiene que ver con el “secretismo” burocrático que nuestro Presidente Raúl Castro Ruz reclama eliminar para salir definitivamente adelante. Los radioperiodistas  y periodistas en general, hallan a veces obstáculos a su investigación cuando visitan empresas, unidades productivas y organismos porque lamentablemente predomina el “esto no se puede decir”; “no publiques esto que te digo” y, en el peor de los casos, no ser recibidos o ni siquiera molestarse en dar una respuesta a señalamientos publicados.
La radio, como todos los medios de difusión, necesita vivir una verdadera simbiosis con las instituciones y viceversa; necesita activar y profundizar una sinergia que será, en definitiva, reflejo verdadero de la realidad. En esa necesaria, urgente y sana relación institucional ganaremos todos, en primer lugar la sociedad en su conjunto y el proyecto de desarrollo socialista por el que hemos optado y al que jamás renunciaremos.