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La Puerta de Alcalá..¡ahí está!

La Puerta de Alcalá..¡ahí está!

Hace varios años oí por primera vez "La Puerta de Alcalá" canción grabada por Ana Belén y Víctor Manuel, de los autores Bernardo Fuster y Luis Mendo que desde entonces cuenta entre mis favoritas. En fecha reciente, mi prima Ana Mercedes y su esposo Fernando estuvieron allí, ante el monumento que inspiró a los compositores; imagino que mi prima y su esposo posaran sus manos encima de alguna de las columnas, pues hacerlo habría sido casi palpar la historia y, más que eso encontrarse con presente, pasado y futuro, porque ¡ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá!
Erguida en la Plaza de la Independencia es un edificio de caprichosa belleza y ciertamente famoso, no solo para los españoles sino en otros confines. Ella, como la Puerta del Sol, próxima a la entrada al Metro de Madrid, ha sido mudo testigo de la historia hispana desde hace siglos, sus repercusiones en el Viejo Continente y, ¿por qué no?, para el resto del mundo al oeste del Atlántico.
Ratificó mi prima lo que ya conocía, que “…es uno de los símbolos de la ciudad de Madrid, es muy parecida a un arco de triunfo romano, pero se le llama así porque fue una de las cinco antiguas puertas reales que daban acceso a la ciudad.  La puerta permitía la entrada a aquellos viajeros que entraban antiguamente a la población desde Francia, Cataluña y Aragón.” Todo un ceremonial para saberse dentro del perímetro citadino. Antiguamente las ciudades europeas – muchas de ellas – estaban amuralladas y, tal vez para no perder la costumbre, se les construyeron esas puertas como para que la gente, en lugar de entrar como en algunas viviendas por la cocina o a tavés de un pasillo lateral, siempre siempre lo hiciese  por su entrada principal. ¿Ritual? ¿Solemnidad? ¿Razones de seguridad? ¿Lógica medieval con cierto recato neuro-compulsivo? ¡Vaya usted a saber!
Su diseño y construcción datan de 1776, encomendados al arquitecto italiano Francesco Sabatini a solicitud del monarca Carlos III, cuyo nombre aparece inscrito en parte superior del majestuoso monumento. Sabatini llevó a cabo unas cuantas encomiendas de la corona hispana, por eso es nada extraño hallar su huella en muchas edificaciones madrileñas que llegaron a nuestros días.
Hubo una Puerta hecha de ladrillos, aunque no precisamente donde está la de nuestros días, erigida en fecha tan lejana como 1599 para dar la bienvenida a la princesa Margarita de Austria, esposa de Felipe III.
En cuanto a su nombre… bueno, eso se debió a estar exactamente frente al camino que conduce a la ciudad de Alcalá de Henares, dato que consulté en una Enciclopedia.
Los españoles se habían inspirado en una anterior iniciativa italiana manifiesta en el Fontanone del Janicolo de Giacomo della Porta, y Napoleón Bonaparte no quiso quedarse atrás; por eso en 1806 mandó construir el Arco de Triunfo de París para sus entradas triunfales a la capital gala.
Lo que no supieron Napoleón ni Carlos III ni Felipe III es que sus magnificentes puertas y arcos, aparte de haberse prestado - sin conciencia, claro está - a sus ambulatorias quimeras de fanfarria y poder, ya no pertenecen a aquellos tiempo y de cierta manera los trascienden como testigos silenciosos de conflictos generacionales acontecidos en diversas épocas de la historia europea.
Un buen día los jóvenes tomaron la iniciativa. Lo hicieron impetuosamente en los convulsos años 60s – y lo han hecho y harán siempre como portadores de la inconformidad y el aire renovador  – para convencer de cómo se olvidó la Puerta de Alcalá de sus vetustos progenitores. Como una vez se irguió símbolo de la truncada República Española, aplastada por el fascismo, también se colmó de una juventud cansada de historias pasmadas y harta de pingües ensoñaciones, para gritar junto con ellos mientras los decadentes y desinflados histriones de la rimbomba se agolpaban asustados - aunque agresivos - como cofradía convocada por el diablo…
“…Todos los tiranos se abrazan como hermanos / exhibiendo a la gente sus calvas indecentes… /… doscientos estudiantes / inician la revuelta, son los años 60. / Y ahí está, ahí está, la Puerta de Alcalá / Ahí está, ahí está / viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá...”
Hay cosas aparentemente viejas que se hacen nuevas. La puerta de Alcalá es una de ellas, por eso… ¡ahí está viendo pasar el tiempo! ¡Ahí está!

Guillermo Bravo Morán, artífice duranguense del pincel

Guillermo Bravo Morán, artífice duranguense del pincel

En una fresca mañana de finales de noviembre visité el Museo de Arte Contemporáneo “Ángel Zárraga”. Mi propósito fue conversar con el maestro Guillermo Bravo, en consideración de muchos expertos, uno de los más connotados artistas de la plástica del Estado de Durango y de toda la República Mexicana. Lo conocí tres años antes, en el verano del 2000, cuando expuso varios de sus cuadros en el local de la Escuela de la Música Mexicana del Gobierno del Estado de Durango. La maestra Lilia Santaella acogió su muestra pictórica con entusiasmo, demostrando una vez más su elevada sensibilidad hacia lo artísticamente bello más allá de la creación musical. Recuerdo que en la misma Escuela pude disfrutar, días atrás, de una Exposición de Sarapes cuyos variados y deslumbrantes colores se grabaron en mi mente para llenarme el espíritu de optimismo y de un sentido de pluralidad indispensable a la existencia. Los cuadros del maestro Bravo atraparon muy pronto mi atención. Sin ser un crítico en la materia, intuí la gama de sensaciones, ideas y argumentos que este artista durangueño aborda con singular excelencia y minucioso tratamiento, bien equilibrado, de la luz y los matices. Aquella tarde del 2000 conversamos y sentí la motivación para escribir sobre este artista y su obra. Realmente fui, como se dice, “a una guerra sin fusil”. No llevaba conmigo en aquel momento cámara fotográfica ni grabadora. Al tiempo que me alegraba de conocer la obra de tan ilustre personalidad, sentí cierta dosis de pesar por lo imposible de culminar el encuentro con una entrevista formal. Para colmo el escaso tiempo del que dispuse me forzó a la brevedad, y sólo perduró el deseo de encontrarnos otra vez para conversar más detenidamente acerca de su quehacer artístico. Tras mucho esperarla llegó aquella fresca mañana de noviembre del año 2003, alrededor de las 11:00, cuando finalmente me presenté Museo de Arte Contemporáneo “Ángel Zárraga”, cuyo director es el maestro Bravo. Llegué con buen tiempo, pues él apareció diez minutos más tarde y fui recibido con la cortesía que lo caracteriza. Tras el cordial saludo entablamos una plática que consumió más de dos horas. Al abrigo del Museo y rodeados de pinturas, caballetes y cartulinas dispersas, entablamos nuestra amena conversación. Como era de esperar, empecé preguntándole de sus comienzos en las artes plásticas, y no demoraron entonces sus respuestas francas y sosegadas. Nacido en la ciudad de Victoria de Durango el 7 de noviembre de 1931, Guillermo Bravo Morán sintió desde niño una atracción incuestionable por la pintura. El artista ha latido en él desde la cuna y, como tal, empezó a manifestarse a través de sus lápices de colores en la escuela primaria. Como todo genio auténtico lo debe soportar, también Bravo padeció la incomprensión de sus pequeños coetáneos, quienes se sentían decepcionados ante la relación con un niño casi siempre ocupado en dibujar y colorear los cuadernos escolares. El artista en ciernes no reparó en las consideraciones que abundaban en derredor suyo, de modo que siempre se mantuvo decidido a penetrar más en ese mundo interior suyo que se agitaba como un volcán presto a su erupción. Así pasaron los breves años de la infancia, para que en la temprana juventud aflorara lo que él mismo califica como su edad romántica. A la edad de 21 años conoció a Francisco Montoya de la Cruz, destacado muralista mexicano que en 1953 se convirtió en su maestro de pintura. Montoya estableció su Escuela en el recinto de la actual Universidad Juárez, antiguamente Instituto Juárez. Al tiempo que recibía instrucción académica, el joven Bravo colaboraba con su profesor impartiendo algunas clases de dibujo. Antes de 1965 ya se había vinculado a la Escuela de Diseños y Artesanías de Ciudad de México, donde trabajó con el maestro José Chávez Morado, un sobresaliente creador de las artes plásticas, con quien colaboró en la confección de pinturas murales que hoy se exhiben en el Museo Nacional de Antropología e Historia y en La Alhóndiga de Granaditas, de la ciudad de Guanajuato. La etapa de formación académica se mezcló con una fecunda acción creadora, pues junto al aprendizaje nacieron sus primeras obras y la colaboración en otras, como el caso de los murales, manifestación ésta que constituye una de sus formas de expresión preferidas. Entre otras actividades de instrucción, prácticas y experiencias, cuentan el Taller de la Escuela La Esmeralda, de Ciudad de México y clases con el Maestro Alfredo Zalce en Morelia, Michoacán. El año 1965 marcó un momento decisivo en su carrera, al incorporarse al Taller impartido en Cuernavaca, Morelos por uno de los tres grandes muralistas de México: David Alfaro Siqueiros. Fue Siqueiros su gran mentor en el muralismo contemporáneo y, en mi opinión, quien más ha influido en su temperamento creador. Con Siqueiros permaneció aprendiendo y trabajando hasta 1972, tiempo que le propició una activa participación en el proyecto de un mural para la Sala de Convenciones del Hotel Casino de la Selva, en la ciudad de Cuernavaca. Poco después, ese mismo proyecto se cambió para la capital del país. Lo que hoy se conoce como MARCHA DE LA HUMANIDAD inunda de imágenes 4.600 metros cuadrados de las paredes del Hotel de México. En esa obra, junto a la impronta de Siqueiros, está presente la huella del pincel de Guillermo Bravo Morán. Durante su estancia en Cuernavaca, y luego de sus pródigas faenas en el muralismo, se incorporó a la Asociación Cultural del Estado de Morelos y expuso varios cuadros suyos en la Capilla de Arte del D. F. Como artista realmente genuino, el maestro Bravo se ha ocupado de manera consagrada de transmitir sus conocimientos y destrezas a las nuevas generaciones. Por ello es muy natural verle frecuentar como instructor en grupos infantiles, labor que suma a la de maestro de Pintura, Escultura y Artesanía, a tiempo completo, en la Universidad Juárez del Estado de Durango. Su labor en la pedagogía artística ha sabido relacionarla con una vocación tan humanista como su arte, al trabajar en reiteradas ocasiones con personas internadas en el Centro de Rehabilitación Social. La obra del maestro Guillermo Bravo ha podido apreciarse en diversas salas de la República Mexicana, como son el Hospicio Cabañas de Guadalajara, Jalisco; la Galería Risk Asís de Chihuahua, y el Poliforum Cultural Siqueiros en Ciudad de México. En la Escuela de Derecho de Durango se exhibe su pintura mural titulada HUMANOS, CARGA SOCIAL. Es una obra de connotación socio-política, donde se manifiesta un sentido crítico, la objetividad histórica y una abierta censura a indebidos manejos en materia de leyes, justicia y derechos. Obviamente, dicho mural contiene una fuerte carga simbólica. Desde 1997 dirigió el Museo de Arte Contemporáneo “Ángel Zárraga” de la ciudad de Durango, y tuvoa su haber alrededor de trescientas obras de caballete y cuatro pinturas murales. Se considera un cultor de la corriente expresionista con decididas admiración hacia grandes del pincel como Miguel Ángel, Francisco de Goya y David Alfaro Siqueiros, por quienes no niega haber sido influenciado. Al concluir nuestra plática caminamos hasta el Palacio de Gobierno para apreciar un mural suyo inspirado en la Revolución Mexicana de comienzos del siglo XX. Es una obra que cubre las paredes en torno a la escalera que lleva al piso superior y, según me comentó, le tomó dos meses de trabajo en jornadas que comenzaban a las 9:00 de la mañana y se extendías hasta las 2 de la madrugada del día siguiente. Mientras caminábamos hacia el Palacio nuestra conversación continuó tan amena como al principio, y se me ocurrió pedirle una definición de lo que para él representa la pintura. En sus propias palabras enunció lo que grabé, justo a tiempo, y que ahora transcribo: “Es un medio, una vocación para exponer justamente, transmitir hacia el espectador mismo. Poner en ejercicio lo que uno tiene dentro de sí. Transmitir un mensaje, un concepto; contemplar la evolución de la obra y comparar el trabajo. Estar comprometido en una perenne confrontación.” El maestro Guillermo Bravo y su obra son el modelo de lo que puede la vocación cuando se establece un compromiso serio con el arte y la época en que nos toca vivir. Luego de su desaparición física, continúa vivo a través de su valiosa obra.

El genio de Johann Sebastian Bach

El genio de Johann Sebastian Bach

 

El 28 de julio de 1750 dejó de existir el músico y compositor alemán Johann Sebastian Bach, hace exactamente 261 años. Bach es una de las figuras más representativas del barroco musical, del pentagrama europeo y universal. Organista y compositor , perteneció a una de las familias de músicos más destacadas, compuesta por más de 35 compositores y ejecutantes de diversos tipos de instrumentos.
Su reputación como organista y clavecinista resulta legendaria, con fama en toda Europa. Aparte del órgano y del clavecín, también ejecutó el violín y la viola de gamba, además de haber sido el primer gran improvisador de la música de renombre.
Su obra es considerada la cumbre de la música barroca, una de las cimas de la música universal y del pensamiento musical europeo, epicentro de la música occidental, y uno de los grandes pilares de la cultura del mundo, tanto por su profundidad intelectual, perfección técnica y belleza artística, como por la síntesis de diversos estilos de su época y de otras que lo precedieron.
Bach fueel último gran maestro del arte del contrapunto y su máximo exponente, y ha sido fuente de inspiración e influencia para posteriores compositores y músicos desde Mozart pasando por Schoenberg, hasta nuestros días.
A más de dos siglos y medio de su muerte, la obra de Bach permanece imborrable. A la distancia del tiempo sigue siendo uno de los más relevantes arquetipos de la música europea y mundial. Eminentemente clásico, lo cual significa “digno de imitar”, este apelativo nos remite a la singular originalidad de la música que concibió.
Este obituario de Bach me motivó para escribir una emisión de “Con los Grandes de la Música” que saldrá al aire por Radio Ciudad del Mar este 31 de julio a las 7:00 de la noche, es decir, tres días después del aniversario doscientos sesenta y uno de su deceso.
“Con los Grandes de la Música” se transmite por Radio Ciudad del Mar todos los domingos por las frecuencias de 1340 y 1350 Khz de AM y los 99.8 Mhz de FM.
De esa emisión adelanto un fragmento de una de las piezas; se trata del Aria de la Obertura No. 3 en Re Mayor, ejecutada por la Orquesta de Cámara de Stutgart.

Buscar la noticia

Buscar la noticia

A casi todos nos encantan las historias, así que voy a contarles una…
Había una vez, en una redacción informativa, un periodista llamado Indolencio Lentino; en verdad que era un tipo buena gente, simpático, guasón y de llevarse bien con todo el mundo. Y era tan buena gente, obediente y comedido que siempre vio muy mal eso de criticar lo que estaba mal hecho, ni siquiera sugerir que algo se hiciera mejor porque para eso están “los que filtran, sus jefes que se las saben todas”.
Ciertamente que Indolencio era un tipo complaciente ¡y caía muy bien!, pues para él todo marchaba perfecto. Sentado en su mesa esperaba con paciencia eternal que se le enviara donde había algún evento para informar, hacer alguna entrevista y regresar con la rimbomba y complacencia que le caracterizaban. ¡Todo era una maravilla, de ahí al cielo! ¡Qué bien, qué belleza! Se conformaba con lo dicho por el jefe del establecimiento, y hasta le preguntaba con su acostumbrado afecto: - ¿Tienes algo más de tu interés que decir? En definitiva eres tú quien le sabes al negocio - . Como recompensa, Indolencio recibía algún que otro regalito, una bolsita con golosinas y de cuando en vez su “buchito” de combustible para echárselo a su motorcito. A todas luces Indolencio era un formidable periodista, al extremo que él no necesitaba moverse de su redacción para buscar noticias: muchos reclamaban su presencia.
Espero coincidan conmigo en que la acomodaticia complacencia de Indolencio Lentino en nada cuadra con lo que debe ser un profesional de la información. Nuestra sociedad reclama la actuación de periodistas que como detectives hurguen hasta en los más mínimos detalles a la hora de realizar su labor. No basta oír la opinión del jefe, ni siquiera del resto del colectivo, mucho menos repetir en la noticia el texto del informe a las asambleas, pues ¡a lo mejor…! No quieren buscarse problemas con su superior o son salpicados con algún beneficio y, tal vez, se les pase por alto cualquier indisciplina.
Un buen periodista, sea de prensa plana, televisión o radio no debe conformarse con lo que le digan, ni siquiera con lo que vea, mucho menos anunciar su visita. Por eso la noticia hay que salir a buscarla, y eso quiere decir muchas cosas.
Salir en busca de la noticia es NO esperar que se nos diga que vayamos a tal o cual fábrica, granja o taller porque ese día celebran el foro tal o se cumple tal o mas cual cosa. Es en su mejor sentido “olfatear” las realidades que nos rodean. En los ambientes que se visitan hay que oír todo lo que se dice, pero también hay que descifrar gestos, detalles y, sobre todo, confrontar porqué muchas veces los resultados que se proclaman no se palpan en la cotidianidad.
Las salas de redacción no son refugios para la hibernación y la espera. Son plataformas de lanzamiento desde donde salen disparados los profesionales de la información para “encontrar” la noticia donde quiera que esté. ¿Que sí se cumplió el plan de producción? ¡Qué bien! Pero… ¿a qué costo? ¿Valió la pena hacer cuanto se hizo? El resultado real no es el número ni el más que manido y aburridor por ciento de cumplimiento, es la correlación entre lo invertido y lo logrado, cuánto costó hacer esto o aquello y de qué modo la población se beneficia y disfruta de los bienes materiales o espirituales que se han creado.
Muchas veces las explicaciones certeras – en ocasiones más interesantes que una noticia en sí misma – son como raíces ocultas en lo hondo de la tierra. El periodista, incluyendo al de radio y televisión, debe tener algo de rayos X para retratar esas raicitas que, a fin de cuentas, son las más fieles portadoras de la verdad.
Por suerte se agotan los “profesionales” a la usanza de Indolencio Lentino. ¡Y eso sí es una buena noticia para todos!

Alberto Artiles Mendoza: Crónica póstuma a un radialista

Alberto Artiles Mendoza: Crónica póstuma a un radialista

Pasadas poco más de las nueve de la noche de este viernes sonó el teléfono; escasos minutos antes había regresado de Radio Ciudad del Mar, tras una larga jornada de trabajo comenzada muy temprano. Era una llamada para mí del colega y amigo Digno Rodríguez con una triste noticia: Alberto Artiles acababa de fallecer.  En ese momento vino a mi memoria y le comenté a Digno como el destino impidió la realización de una entrevista a la que Artiles había accedido y sería concertada en fecha próxima.
Con pena y prisa me siento a redactar estas líneas para recordar a quien tuve la suerte de conocer y compartir proyectos radiales por más de cuarenta años. Era yo entonces un adolescente que soñaba con el día en que las puertas de la radio se abrieran para dedicarme a ella por entero, y Artiles fue junto a otros compañeros y compañeras de la otrora Radio Tiempo uno de los más directos conocedores de aquel viejo sueño hecho realidad.
Como me sucedió en mi época, Artiles también fue un soñador; llegó a la Radio con la aspiración de ser un profesional del medio. Un día, mucho antes que yo, ya él lo había logrado. Lo recuerdo cuando comenzó a mitad de los 60s haciendo locución por las tardes en un programa de danzones, al tiempo que operaba los controles, porque en aquel entonces los locutores realizaban esa doble función; un día recibió en los Estudios a Barbarito Diez, quien  se presentaba frecuentemente en la Perla del Sur. Más tarde, junto a la locución, sumó el quehacer de radioperiodista. Todo un personaje de pueblo andando en su bicicleta a la caza de noticias, sin importarle distancias. Iba dándole a los pedales, impulsado por el amor a su trabajo, hasta otros municipios de la entonces región Cienfuegos: lo mismo al central “Pepito Tey” o a Palmira, pero allá iba grabadora en mano o con su sencilla libreta de notas en busca de noticias.  
Un día conversamos y fue de mucha alegría, pues la UJC Regional promovía la creación del programa “Escuela y Juventud”, cuya primera salida se realizó en junio de 1969. Nunca olvidaré aquella presentación en voz de Artiles… “con dinamismo juvenil comienza… ¡Escuela y Juventud!” Entonces éramos todos muy jóvenes: Lázaro  Aguiar, Humbertico Duarte, Pedrito Martínez, José Lamadrid, Jorge Pino… ¡Alberto Artiles! El fue uno de los pilares en aquel grupo de muchachos que dimos inicio a un proyecto que salía al aire de lunes a sábado a las siete de la noche con media hora de duración.
Además de sus turnos en la locución, no había espacio informativo en el cual no apareciera su impronta, fuera en una noticia o en alguna entrevista.
Transcurrido algún tiempo comenzó a trabajar en el Sindicato Agropecuario para atender la divulgación. Incansable como siempre fue, organizaba controles remotos para el programa “Siete Mil Musical”, lo mismo en cooperativas, granjas y otros centros agropecuarios. Un día fuimos juntos - entonces dirigía yo el Siete Mil – al criadero de búfalos en Galeón, del municipio Aguada de Pasajeros.
Siempre se mantuvo cercano a la programación de música mexicana, de la cual durante algún tiempo fue locutor; años más reciente colaboró con nosotros durante las visitas de la intérprete mexicana Lilia Santaella y su grupo, programándoles actuaciones, entre ellos el Plan de Horquitas. Para él siempre hubo tiempo y entusiasmo, esto segundo con lo cual siempre nos contagió a todos.
Su labor en el radioperiodismo fue constante. Cada día la radio-revista informativa “A Esta Hora” contó con sus valiosas colaboraciones; así fue hasta muy poco antes de su deceso.
Hace menos de un mes nos encontramos en Radio Ciudad del Mar y hablamos de muchas cosas, él proponiéndome un programa especial de música mexicana para recordar al Charro Cubano Dagoberto Sánchez; ahí le dije: “quiero entrevistarte para el Portal de la Radio Cubana”. Quedamos en vernos y días después me avisó que el sábado que teníamos previsto para el encuentro no podía ser debido a compromisos familiares, que posteriormente me avisaría. La entrevista quedó pospuesta para siempre. Por esa razón no me permito que pasen 24 horas sin redactarle estas líneas como homenaje póstumo.
Alberto Artiles Mendoza ha muerto, y nos dejó el recuerdo de su dedicación plena a la Radio que tanto amó y por la que entregó la mayor parte de su vida. Nos dejó su entusiasmo, sus sueños realizados y otros que no llegaron a materializarse. Al evocarlo sentimos el deber de recordarles a los más jóvenes que la Radio ha sido siempre apasionamiento, no permite treguas ni consiente la pasividad.
Cuestión de vocación, amor y desvelo, esas tres virtudes acompañaron a alguien que, a pesar de su penosa enfermedad, pero de pie y sonriente, dijo sí a la Radio, a la vida, los sueños y al optimismo.
Descansa en Paz, Artiles.

Beatriz Márquez: La Musicalísima

Beatriz Márquez: La Musicalísima

Cada vez que Beatriz Márquez se presenta en un escenario cubano o mundial o se le anuncia en Radio y Televisión, es acostumbrado llamarle también “La Musicalísima”, al extremo de que en cualquier lugar de habla hispana, con solo mencionar esas dos palabras es sabida la alusión a esta intérprete cubana que desde los años 60s ha llenado de gloria el pentagrama cubano. Gracias a esas cualidades de su voz privilegiada, muchas de nuestras mejores composiciones musicales se han dado a conocer y gozan de preferencia en el ámbito internacional.
Beatriz Márquez no es un acontecimiento fortuito: cierto que su talento innato y esa voz de la que ella consigue cuanto se propone - ¡y lo consigue brillantemente! - devinieron piedra angular de lo que llegó después, pero junto a esas cualidades hay un entorno familiar muy vinculado con el arte a lo que se suma la consagración desde su niñez.
Aunque nacida en La Habana, es hija de un afamado compositor, intérprete y ejecutante de la guitarra, el remediano  René Márquez, quien formó parte de varias orquestas de prestigio y en un momento dado compuso piezas interpretadas por su propia hija.
Graduada de la Escuela Nacional de Arte, muchos la recordamos cuando empezó a cantar con Los Barba hasta que probó suerte como solista con piezas del repertorio internacional. Todavía resuena su Premio en el Festival de la Canción en Sopot, Polonia.
Mucha gente suspiró, y todavía lo hace, al escuchar piezas tan preciosas como “Sería tan fácil” y “Mejor concluir”, que en su voz adquirieron un sello tal que las hacen indisolubles de esta artista cubana excepcional. Beatriz Márquez se mantiene en sus buenos tiempos, continúa en la plenitud, ahora con esas experiencias vividas a lo largo de su carrera, algo que la capacita más para opinar con autoridad acerca de nuestra música, sus intérpretes y compositores. Por ello aproveché una visita suya reciente a Cienfuegos para conversar un poco sobre estos temas. Nuestra plática transcurrió como sigue…

¿Qué representan para Beatriz Márquez estas décadas exitosas como intérprete de la canción cubana?

-    Representa el reconocimiento de mi trabajo de muchos años, he hecho un recorrido, así como la participación y aceptación del público, son muestras del trabajo que he realizado.

¿Pudiera considerarse que haya que exista "decadencia" en la composición de boleros en Cuba y América Latina?

-    Yo pienso que debemos tener cuidado en la manera de componer, y creo que no solo aquí, sino en América Latina como decías tú hemos tenido que renacer temas del pasado para que la juventud sepa lo que es un buen bolero, y como en todas las épocas siempre ha existido boleros buenos y boleros malos, o sea, que debemos saber cuáles son los que tenemos que dar a conocer porque eso va a ser así para toda la vida.

¿Por qué tantos artistas actuales retoman viejos boleros para incorporarlos a sus repertorios?

-    Los retoman precisamente por eso, por la calidad que tienen.

Es que muchas veces cuando les escuchamos, sus boleros pertenecen a consagrados de otras épocas, de acuerdo, pero… ¿qué de los nuevos compositores de ese género?

-    Pienso que tienen que haber compositores de boleros jóvenes que sean buenos, lo que también si no se les da la posibilidad de dar a conocer su música, no puede llegar a los intérpretes y hay que apoyar eso también, tenemos que hacer un estudio para saber qué hacen los nuevos valores y a partir de ahí darles la posibilidad de que su música también se pueda dar a conocer.

En su opinión, ¿qué aporte hacen los festivales Boleros de Oro al género tanto en Cuba como en Latinoamérica?

-    Lo principal es apoyar el género que, como sabes, es importante para nuestro patrimonio, para nuestra música cubana. El bolero nació en Cuba.

¿Qué pudiera decirme acerca de la fusión del bolero y la canción con otros géneros, ¿es una buena estrategia para identificar a los más jóvenes con el bolero?

-    Todo está en la forma como se escriba y se haga, no importa que sea una fusión; yo soy una persona ya mayor, pero me gusta la fusión bien hecha, todo está en la manera en que se escriba, o sea, el trabajo que haga un arreglista o un intérprete; todo va en la calidad y en el resultado del trabajo.

De sus compositores preferidos, cubanos y extranjeros, algunos nombres…

-    Eso es una pregunta muy difícil para mí porque son tantos, llevo una carrera muy extensa y amo mucho los compositores de nuestro país y también otros géneros de la música internacionales como el jazz, y hasta un son cubano, ¿por qué no? Todo está en la calidad que tengan.

¿Qué opina en cuanto a la identificación entre el intérprete y el compositor? Esa empatía que pudiera o debiera existir…

-    Pienso importante que el intérprete tome la obra y un poco que sueñe y se ponga en el lugar de la creación, del personaje que está escrito en la canción, para que el número llegue al corazón de las personas, para poder transmitir, eso es muy importante. La interpretación es importante para el creador.

¿Se ha dado el caso de algún compositor que haya creado algo específicamente para usted?

-    Sí, son muchos, de verdad que sí.

¿Recuerda algunos?

-    Mi padre René Márquez, Juan Almeida Bosque, Rembert Egües, Rolando Vergara… Hay otros también que quizás no sean muy conocidos, pero me han llevado canciones muy lindas, y sigo esperando porque le doy la posibilidad a los jóvenes también.

Acerca de alguna experiencia o detalle inolvidable en su vida artística.

-    Bueno, he tenido muchas experiencias, yo creo que he sido una intérprete de mucha suerte, lo que he sido desde niña, a los ocho años, muy estudiosa y he tenido la dicha de estar en festivales internacionales, de los Guzmán donde he salido a defender obras en esa etapa de mi vida que fue muy importante, y en que a mí me gustaba realmente competir, me gustaba mucho eso y tengo muy buenos recuerdos.

Cómo se autodefine en su condición de intérprete: ¿bolerista, del filin o de la cancionística en general?

-    De la cancionística porque la cancionística abarca todos esos géneros.

¿Cree que el bolero algún día pueda extinguirse lo mismo que otros géneros arrinconados en las antologías como piezas museables?

-    No, el bolero es filin, es sentimiento, es lo que vive en el corazón de todos los seres humanos, y pienso que va a existir siempre.

¿Qué pudiera decirme acerca de la cancionística cubana y de su futuro a mediano o largo plazo?

-    Acerca de la cancionística puedo decir que trato de darles un consejo a los jóvenes intérpretes, que escuchen nuestras raíces, que cuando se habla de la canción, como te decía, son muchos géneros: la trova tradicional, la trova nueva, el danzón, una balada… la canción abarca muchos géneros y pienso que deben escuchar las raíces y a partir de ahí pueden hacer fusiones, pero sobre todo entender el valor que tiene nuestra música.  

Soy un convencido de que los artistas más jóvenes son afortunados al contar con un paradigma musical como Beatriz Márquez, de quien pueden aprender para luego, con sus peculiaridades, crecer en su arte; como afortunados nosotros todos los cubanos, por seguir disfrutando las interpretaciones de quien es figura emblemática de la cancionística en nuestro país.

La radio y sus asesores

La radio y sus asesores

En mi presencia se ha debatido en ocasiones acerca de la función y utilidad de los asesores en la radio; ello me da la posibilidad de obtener pautas para el análisis de la cuestión lo más objetivamente posible, aunque seamos conscientes de que en toda valoración, por más objetiva que pretenda ser por lo general se imponen condicionamientos individuales basados, unas veces en la simpatía hacia lo que se discute, y siempre a partir de experiencias propias.
¿Son necesarios los asesores en la programación radial? A priori me atrevo a responder que la necesidad de contar con ellos, así como su utilidad, están en dependencia del tipo de espacio en cuestión. No es válido caer en extremos: ni en el despiadado “asesoramiento” – a ese punto hasta pudiera llamársele “asesorismo” que todo lo tutela aunque no tenga sentido – ni tampoco la indolencia que conduce a disparates léxicos, gramaticales, semánticos y de contenido, incluyendo en esto errados criterios de realización. Opino, en primer lugar, que tanto asesores como directores-realizadores precisan conocer lugar cuáles son sus funciones, deberes y prerrogativas.
El director-realizador es el máximo responsable de la transmisión de su programa, por ello el asesor no debe tener sobre este un poder de “tutelaje” que en ocasiones deviene función redundante de lo que compete únicamente al primero. El binomio armoniza cuando entrambos establecen un vínculo de cooperación y apoyo mutuamente receptivos. No es cuestión de ver quién somete o domina al otro, sino de cómo hacemos las cosas bien o, si lo están, mucho mejor.
Asesorar un programa no es la mera revisión del guión; no es revisar la ortografía; sí es revisar gramática, redacción, puntuación, distribución del contenido y calidad del contenido en sí mismo. La asesoría abarca los aspectos conceptuales del mensaje radial; eso significa que en muchos espacios los asesores deben ser especialistas en lo que van a revisar, y de ese modo sus recomendaciones serán certeras. Pongo como ejemplo un programa dedicado a un aspecto de la ciencia y la técnica, digamos relacionados con la agricultura: ese contenido deberá ser asesorado por un conocedor de la materia, digamos un agrónomo. En un programa acerca de la música – en cualquiera de sus manifestaciones – si este va a ser asesorado, se precisa la participación de un musicólogo o, por lo menos, un músico profesional o profesor. Sería redundante que un programa especializado lo asesore una persona con conocimientos generales a los del escritor o del director-realizador. En muchos casos basta con la capacidad de quienes escriben y dirigen para determinar los mejores derroteros. Otras veces, lamentablemente, aparecen errores tan garrafales que no hay que ser asesor para hallarlos. La premisa necesaria para expresar ideas en un guión de radio – así como puntos de vista en materia de realización – consiste en dominar el tema.
Lamento mucho los usos a pie juntillas de las Enciclopedias multimedia y las en línea. En ellas escribe todo el que quiere, sabemos que eso mismo que pone a Internet en ventaja sobre otros medios es también ocasionalmente su talón de Aquiles. Las Enciclopedias son muy buenos materiales de consulta, aunque a fin de cuentas son portadoras de los puntos de vista de sus creadores. Como su uso es uno de los más tristes facilismos conocidos, cualquier asesor se anota puntos como inquisidor con solo cotejar el texto del guión y descubrir que no pasa de ser un “copia y pega”.
Los programas dramatizados son otro ejemplo de espacios con obligado asesoramiento. En el caso de la radio, particularmente, tales profesionales deben ser conocedores de dramaturgia; son los encargados de estudiar los textos y plan de realización para sugerir vocablos, modos de expresión y empleo de la música lo más fieles posible con época, atmósfera y situaciones. Muchas veces el trabajo del asesor concluye cuando le entrega al director-realizador debidamente firmado con las tachaduras “reglamentarias” y una que otra tímida sugerencia. Los asesores forman parte del colectivo para el cual trabajan y eso significa que deben acompañarlos en el proceso de producción aunque, reitero, la última palabra pertenece al director-realizador.
Existen programas donde no hace falta el asesor. Hay programas en vivo de continuidades simples y locución “ad libitum” donde es difícil determinar qué función jugaría un asesor aparte de “nada”. Si en esos programas se cometen errores, imprecisiones, incoherencias, en fin, que el producto carece de calidad, no es por falta de un asesor sino por la ineptitud del colectivo. Se da (o debiera) darse por descontado que guionistas, directores-realizadores, locutores y técnicos de sonido son personas con un vasto conocimiento de sus funciones y una cultura radial y general que los capacita para llevar a cabo sus espacios. Cuando un programa no es capaz de vivir sin el asesor encima, no es que éste haga falta, sino que los demás factores adolecen de la capacidad requerida para desempeñarse.
Debo apuntar que sería saludable el trabajo de asesores en conjunto, laborando por las llamadas “tiras”, es decir, programación de la mañana, la tarde y la noche. Si todos los asesores lograran encontrarse frecuentemente, debatir entre sí  y ponerse de acuerdo, digamos, en cuanto a las producciones musicales y la línea editorial de la emisora, las cosas irían aun mejor. No es la primera vez que se orienta un plan temático, digamos, por el Día de las Madres, y prácticamente todos los programas, uno tras otro, abordan el mismo tema para convertir la programación de la fecha en una horrible letanía, en un martilleo que, lejos de dar a la celebración su merecida relevancia, pueden convertirla en algo redundante y aburrido; incluso los temas que pudieran variar en forma y contenido, se tratan desde una misma arista, ¡y después nos felicitamos por lo hecho!
En mi caso he tenido la suerte de apreciar la utilidad de los asesores; en primer lugar porque muchos de los espacios que realizo requieren de ellos y en segundo, porque han sido y son gente conocedora, bien preparada y con agudeza para encontrar los más mínimos detalles. Hemos aprendido a establecer relaciones de mutua colaboración, no de enfrentamiento; de cómo podemos hacerlo todo de alguna manera mejor.
Volviendo a la pregunta del comienzo: ¿Son necesarios los asesores en la programación radial? ¡Pueden serlo según el caso! No ponerlos donde se requieren, como ponerlos donde sean innecesarios, en ambos casos conlleva al despilfarro económico mientras se amenaza la calidad del producto radial. El asesor no es la persona formada en un cursillo de habilitación; es, en primerísimo lugar, un especialista y amplio conocedor del medio de punta a cabo.
Lo otro elemental es que las subdirecciones de programación y las direcciones mismas de las emisoras posean la suficiente sabiduría para discernir dónde faltan y dónde sobran. He ahí el principal reto.

La radio y el ensayo de mesa

La radio y el ensayo de mesa

La improvisación no es buena consejera y por eso no me explico como es posible que tanta gente se confíe a ella. Es verdad que algunas veces las cosas salen bien, aunque a pesar del riesgo y la consecución del éxito, temo no equivocarme si afirmo que con una correcta previsión y ensayo las cosas salen mejor.
En todos los programas de radio, sean grabados o en vivo, se impone la necesidad del llamado “trabajo o ensayo de mesa”, término que probablemente muchos colegas de otras latitudes ignoren o menosprecien. Sin embargo, una vez sistematizado como parte de la labor de los radialistas, caemos en la cuenta de su efectividad.
A mucha gente de la radio le da como urticaria la teorización a ultranza, cuestión que comparto con ellos siempre y cuando no esté acompañada por un sustento práctico que la origine. La teoría es consecuencia de la experiencia práctica, de una vivencia observada hasta en sus más mínimos detalles. Poner la teoría por delante de la práctica es un error. En el caso del ensayo de mesa no es, ni mucho menos, un intento teorizante el que lo sustenta; al contrario, es la práctica misma la que lo confirma.
He observado como algunos radialistas desde locutores, directores o realizadores de audio de programas en vivo llegan a sus emisiones apenas uno o cinco minutos antes de la salida al aire. La agitación, los saludos obligados a la llegada y un total despiste en cuanto a “qué voy a hacer” ponen a esa gente como sobre una cuerda floja, lidiando con dudas y propósitos de la tarea a realizar. He ahí la importancia del trabajo o ensayo de mesa.
Conozco muchos profesionales de la Radio que están presentes y en función de sus programas con una antelación de 30 minutos a su salida al aire, tiempo suficiente para refrescarse del viaje, tomar el guión, dialogar con los demás integrantes del colectivo y de conjunto enmendar cualquier aspecto, precisar detalles y ensayar el contenido del espacio.
Antes del comienzo  del programa los locutores necesitan hacer una lectura en silencio del guión o las notas; ser informados por el director-realizador de los objetivos propuestos para la emisión; realizar el marcaje de vocablos de difícil pronunciación y dado el caso hasta sustituirlos por otros con los cuales se identifiquen más; aclarar cualquier duda y, acto seguido, llevar a cabo una lectura total en voz alta, tal como será durante la salida al aire.
Durante el ensayo de mesa el director-realizador hace saber a los locutores cuál debe ser la intencionalidad de las notas y textos del guión, la atmósfera que predominará en el programa, su hilo conductor y la impresión que se propone dar a la radioaudiencia.
Tal vez alguien riposte este criterio al decirme que su programa en vivo no lleva guión, sino una simple escaleta. Aunque los locutores “improvisen”, siempre es necesario que se autopreparen para esa “improvisación”. La improvisación en la radio tiene apellido: “improvisación intencional”. Si se trata de un programa que cuenta con invitados – sean músicos, escritores o especialistas – el trabajo de mesa resulta esencial. Para esa clase de programas hay que prepararse antes y durante el ensayo. Es imprescindible documentarse previamente del tema a tratar y de quién será la persona con la que dialogará. Cuando vayamos al trabajo de mesa – previo al programa – allí deberá estar el invitado, a quien daremos a conocer nuestras preguntas al tiempo de pedirle sugerencias en cuanto a otras aristas a abordarse, ya que ella es la especialista, no nosotros.
Si el trabajo de mesa o ensayo de mesa, según el caso, tiene lugar sin prisa y conociendo el contenido total del espacio a transmitirse, podemos tener la certeza de que todo saldrá bien. La prisa, la improvisación y la no preparación previa al programa no son buenas consejeras, como afirmé al principio. Dar la impresión de que se improvisa es válido – como lo es improvisar en el más amplio sentido en determinadas circunstancias, hecho posible cuando hay bagaje cultural suficiente para hacerlo – pero encararlo por mera ínfula protagónica como “gran estrella del show” puede llevar a la imprecisión, el descalabro y el ridículo.
Por la salud del programa y el prestigio de quienes lo realizan, lo recomendable es el trabajo o ensayo de mesa.