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Cuba Latino

La Radio premió a Pancho

La Radio premió a Pancho

A Pancho de joven le gustaba cantar, y cuando no lo hacía pasaba los ratos silbando bolerones de moda. Convertirse en intérprete profesional sería para él como tocar el cielo con la mano y, de paso, aliviar las penurias familiares. En aquellos años de su mocedad Pancho era muy humilde. Vivía con sus padres y sus hermanos en el barrio La Juanita en Cienfuegos, y su único patrimonio era una bicicleta. Añoraba comprarse unos zapatos de dos tonos, una guayabera de hilo y un pantalón de dril 100. En casa de Pancho lo que más abundaba entonces era las necesidades. Su papá, algo entrado en años, se dedicaba a vender tinajas de barro, y por eso se ganaron el calificativo de “los tinajita”; así que no era raro que sus amigos y quienes no lo eran, al referirse a él lo llamaran Pancho Tinaja.

Créanme, tener una tinaja era tan bueno como un refrigerador, por lo menos servía para conformarse. Cuando en mi casa por fin hubo uno, mi abuela decía que a ella la dejaran con su tinaja, pues, según ella, el agua se mantenía allí más fresca y deliciosa. Afirmaba abuelita que nada mejor que tomar agua de una tinaja. Pero, volviendo a la historia… A Pancho le gustaba cantar, y en eso su mamá veía la perspectiva de salir un día de tanta miseria.

Hacía varios años que Cienfuegos tenía radioemisoras y ¡eso tal vez haría realidad sus sueños! En 1952 salió al aire la CMHX Radio Circuito Sur, con sus estudios ubicados en Santa Isabel entre Argüelles y Santa Clara. Su propietario Geno Pérez  la hizo renacer, pues ya había estado en el  aire por la década del treinta, aunque en otro lugar de la ciudad. Vale encomiar la labor de Radio Circuito Sur, que llegó a tener programas dramatizados en vivo, así como otros dedicados a difundir cultura. En aquellos tiempos eso de grabar y editar programas, ¡ni soñarlo!

La oportunidad del éxito tocó a la puerta de Pancho Tinaja, pues Radio Circuito Sur puso en el aire el programa Buscando Estrellas, transmitido desde su estudio-teatro. Era la versión cienfueguera de La Corte Suprema del Arte o El programa de José Antonio Alonso, para que los aficionados pudieran medir fuerzas. El joven Pancho salió disparado para anotarse, y allí mismo le dijeron cuándo sería su debut. Buscando Estrellas tenía carácter competitivo.

 

Llegó el día señalado y le tocó su turno a Pancho. Lo acompañó al piano Pepito Palma, pianista de la orquesta Aragón. El no se acuerda el título de lo que cantó, pero sí que su presentador fue el locutor Humberto Duarte. Toda la familia de Pancho estaba en casa en torno a su pequeño RCA Víctor, a la espera. ¡Vibraban de emoción…!

Por fin el momento esperado de las premiaciones. El tercero… el segundo… y el primero para… ¡Francisco…….! Todos en la casa aplaudían y gritaban de júbilo por la consagración del muchacho. La gran esperanza artística de la familia había triunfado.

Y ahora… ¡el premio! ¿Dos pesos? ¿Un peso? ¿Una visita a La Habana para ver el Capitolio? ¡No! ¡Una taza nocturna! Inesperadamente su mamá, de un salto y sin poder contenerse dijo: “¡ay, hijo mío, mi niño, qué lindo, una taza nocturna para tomarme el chocolate caliente cuando haga frío!” Una de sus hijas le sugirió: “Mama, a lo mejor se puede vender, quizás sea de porcelana china legítima y con el dinero compramos una columbina o le quitamos el guano a la casa y le ponemos tejas”. “Ay, hija, verdad que sí” – respondió la madre todavía emocionada. “A lo mejor ya no tengo que salir más a vender tinajas”, exclamó el padre.

Aquella noche toda la familia esperaba el regreso de Pancho con su premio. Dos de sus hermanos avanzaron unas cuantas cuadras, no fueran a asaltarlo. Al fin lo avistaron con su bicicleta Niágara de uso, sosteniendo con una de sus manos el estuche envuelto en papel de regalo. Ahí sostenía – comentaban ellos – la solución para buena parte de las penurias familiares.

- ¡Mira, mama, esto es para ti! – dijo emocionado tan pronto vio a su madre.  – Ay, hijo mío, cuánto te quiero, dame esa cosa tan linda que me traes…”

Desesperada y llena de ilusiones le quita la envoltura; bajo el papel había una caja de cartón, que casi le rompe la tapa con su impaciencia, hasta que ya contempla su flamante taza nocturna, la esperada solución de tantas necesidades, la consagración del intérprete de la familia… ¡un tibor esmaltado!

Ramón Lobaina: Radioperiodismo y vocación pedagógica

Ramón Lobaina: Radioperiodismo y vocación pedagógica

Es un hombre de mediana estatura y pensamientos altos. Tengo la experiencia de haber trabajado juntos. Recuerdo los tiempos cuando quien escribe dirigía la revista informativa A Esta Hora en Radio Ciudad del Mar. Para entonces ya Ramón Lobaina Consuegra encabezaba la Subdirección Informativa. De aquellos tiempos me consta el rigor que sigue identificándolo hasta el presente. Por las mañanas, al término de cada emisión, él tenía programada una reunión del colectivo. En ella analizábamos qué funcionó bien en el programa y dónde estuvieron los fallos; la ocasión era propicia para la perspectiva del siguiente día. Lobaina, incansable y sin iras, señalaba lo bueno y lo desacertado. Eso nos estimulaba a todos. Nuestra meta siempre fue hacer una radio-revista cada vez mejor. No se me olvida, en sus reuniones con todos los periodistas, el llamado que hacía por la variedad de géneros informativos.

Como profesional iniciado en la prensa plana, sería de pensar que su cambio al medio radial le acarreó algún inconveniente, pero él asegura que no fue así.

-El paso de la prensa plana a la radio no me resultó un trauma ni mucho menos, porque soy graduado de Periodismo en la Universidad de La Habana desde 1974, y durante la carrera nos entrenamos mucho, tanto de forma teórica como práctica en los diferentes medios: prensa escrita, radial y televisiva. 

Pero me parece que en un principio tuviste más inclinación por el periodismo impreso, ¿me equivoco?

-A mí siempre me gustó la prensa escrita, había trabajado en el periódico de Holguín, allá fui periodista y jefe de información; desde los 45 días de graduado ya me habían asignado esa responsabilidad. Después me trasladé para Cienfuegos y formé parte del grupo que fundó el periódico Cinco de Septiembre, allí estuve desde el 20 de septiembre de 1980 hasta 1985 cuando fui trasladado al Comité Provincial del Partido para atender los medios de difusión masiva.

¿Cuánto tiempo asumiste esa tarea?

-Eso fue hasta 1990, cuando me dieron la tarea de pasar a la radio provincial. Aquí comencé como periodista, luego jefe del Departamento de Información y desde 1993 asumí la responsabilidad de Subdirector de Información. Prácticamente desde que entré a la radio, eso sí te lo puedo asegurar, constituyó un gran esfuerzo para mí porque comenzó el periodo especial, una etapa muy difícil para todos los cubanos, tuvimos que hacerle frente a muchas escaseces, adecuarnos para sobreponernos a aquella situación. También porque, paradójicamente, mientras la prensa escrita fue reduciéndose por las carencias materiales, la prensa radial incrementó su papel. Nos hemos mantenido con bastante tiempo de transmisión que volvió a aumentar hasta 24 horas, y eso ha implicado retos cada vez mayores.

Sé que promoviste espacios nuevos, como por ejemplo la estructura actual del Resumen Semanal y Al Concluir el Día.

-Sí, durante esa etapa surgieron nuevos programas informativos, se complejizó la labor de información, empezaron espacios de opinión, crítica y análisis de los problemas y realidades que nos circundan. Luego se fortaleció el sistema de información de la radio con nuevas emisoras, aunque ya eso es parte de la historia de este nuevo siglo, pues este siglo XXI también ha traído sus retos. Es cuando surge un Sistema Provincial de Radio, primero con la emisora de Cumanayagua y posteriormente Cruces y Aguada de Pasajeros. Hubo que formar a todo el personal, y en el caso del personal periodístico me tocó directamente la tarea, me hicieron la propuesta y la asumí.

Acabas de mencionar la preparación del nuevo personal mediante cursos de habilitación, pero has hecho más…

-En ese sentido he organizado e impartido como profesor principal tres Diplomados de reorientación al periodismo para readecuar el trabajo de muchos compañeros que procedían de otros sectores y dotarlos con las herramientas técnicas del periodismo, específicamente del periodismo radial, que aunque tiene mucho en común con los demás medios, también posee sus especificidades como tú bien  conoces. Estos Diplomados los auspiciaron la Unión de Periodistas de Cuba y la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

¿Cómo defines tu vida en esta profesión?

-Pienso que mi trayectoria profesional tiene dos grandes vertientes: Por un lado, nunca me he negado a ocupar una responsabilidad; por tanto, he sido cuadro de dirección en todos los órganos de prensa donde he trabajado. Eso, me ha obligado a seguir superándome, no podía conformarme quedándome con lo que logré aprender en la universidad, sino también actualizarme en el periodismo y sus nuevas tendencias, junto con los clásicos, viendo nuevos libros, nuevos autores del país y de otras partes del mundo para poder transmitir los conocimientos adquiridos a los compañeros que ingresan nuevos al medio.

Ahora que eres un soldado de filas en el radioperiodismo, ya que trabajas como redactor reportero, ¿has hecho un balance de tu quehacer profesional desde entonces hasta hoy?

-En ese sentido me siento satisfecho, pues no sólo me he superado por una situación personal, sino que he podido contribuir a que otros compañeros desempeñen el papel que deben en el periodismo. Con este siglo surgió la Batalla de Ideas y como parte de ello la Universalización de la Enseñanza Superior, la apertura de nuevas carreras, un nuevo modelo pedagógico, las sedes municipales universitarias donde soy profesor desde su fundación en el 2001. Ahí he impartido clases de diversas asignaturas, principalmente Fundamentos del Periodismo en la carrera de Comunicación Social.

¿Cuál consideras que ha sido el mayor desafío al frente de un colectivo de periodistas, y la mayor aspiración ante tus compañeros?

-Primero hay que demostrar que lo que mandas hacer a los demás tú puedes también hacerlo. Eso he tratado de cumplirlo, he participado en eventos, Festivales de la Prensa y en algunos he obtenido reconocimientos. También he tratado de promover la investigación, participando en todos los Foros de Ciencia y Técnica desde su creación en Radio Ciudad del Mar, algunos también a nivel municipal y en la propia universidad. En algunos de ellos he obtenido reconocimientos, incluidos los eventos teóricos de los Festivales de la Radio Cubana. A nivel nacional he presentado ponencias.

¿Y en cuanto al desafío…?

-El desafío principal, pienso yo, ha sido constituir un ejemplo para los demás compañeros; por tanto he tratado de ser uno de los primeros en llegar cada día a mi jornada laboral y de los  que más tarde se va. Creo que uno de los secretos de una buena dirección está en eso, que la gente vea que le dedicas el tiempo esencial de tu vida a tu labor y que lo haces con amor, dedicación, sin perder tiempo, aprovechándolo al máximo los recursos que ponen en tus manos, así como alegrarse y ser amigo de los compañeros, sentir como ellos sienten y padecen y alegrarte con sus virtudes y resultados, cuando presentan una buena crónica, un buen reportaje, una investigación, cualquier género bien hecho, bien argumentado, que desempeña un papel en el bienestar de la sociedad para que se desarrolle la formación de valores, contribuir a la educación de nuestro pueblo, eso es una tarea esencial y han sido retos para mí. Por otro lado, tratar de mantener la unidad en el colectivo. Eso siempre me lo he propuesto. Durante el tiempo que estuve al frente de la subdirección nos reuníamos todos los meses tratando de hacer algo nuevo que a todos nos resulte, además de importante, que el examen de lo hecho resulte útil, que sea como una enseñanza.

Eres un defensor de la variedad de géneros de opinión en el radioperiodismo, me consta que ha sido una de tus grandes luchas. ¿Cuáles consideras los géneros más importantes y dónde crees que todavía se debe seguir trabajando?

Para explicarme al respecto, en la aplicación de la política informativa se ha avanzado. Tenemos el respaldo de los órganos del Partido a todos los niveles, documentos que plasman la política trazada, y eso es importante; es una ayuda grande para nuestra profesión. El pueblo también nos respalda y pienso que con el trabajo se ha logrado un mejor resultado, con mayor argumentación, sobre todo lo relacionado con la educación, el rescate de valores, pues algunos se resquebrajaron por la misma influencia de etapas difíciles atravesadas. En este sentido el género Comentario ha sido muy profuso, y siempre es muy bueno porque permite analizar, emitir un juicio, una opinión, llegar a conclusiones y de ser posible plantear soluciones a los problemas.

En la radio tenemos un lenguaje diferente a la prensa escrita, hay que ser más esmerados a la hora de escribir…

Pienso que nuestro trabajo, sobre todo en la radio, como digo yo, la palabra se la lleva el viento, el radioyente no tiene posibilidad de darle marcha atrás a lo que el locutor o el propio periodista lee, entonces eso nos obliga a hacer un periodismo de mayor investigación, cerrar el círculo. No sólo quedarnos en el plano de la denuncia de los problemas, sino darles seguimiento hasta lograr una respuesta o una solución. Muchas veces los problemas no tienen una solución inmediata, no tienen una explicación. Pienso que hay una cierta semejanza entre nosotros y los delegados del Poder Popular que son elegidos por las masas, podemos sentirnos como delegados del pueblo en ese sentido, y hay que ir a las fuentes administrativas, recabar, tocar puertas, poner el micrófono, que muchas veces eso nos falta, quizás por problemas de rutina, de trabajo, también a veces de escasez de recursos como transportación y otros, pero creo que cada periodista debe proponerse eso, tanto con las fuentes tradicionales, ya que estamos organizados por sectores, y eso puede tener su desventaja. Hay que enfrentarse con una ética a las fuentes, con los valores éticos que deben caracterizar las relaciones de periodismo y comunicación institucional. Respetar las fuentes para ser respetado. Tratar de recabar de ellas una información oportuna, objetiva, veraz. En la medida que ganes ese respeto y confianza, las mismas fuentes te abren las puertas y eso es al final lo que necesita el pueblo. Que las personas que tienen la información no se queden con ella, sino que esclarezcan los asuntos que se aborden.

Has sido nominado en alguna ocasión para el Premio Nacional de Periodismo “José Martí”. De por sí eso representa mucho para un profesional de la prensa.

-Sí, fui nominado en el año 2009. Para cualquiera de los compañeros que lo hemos sido en cada ocasión es un sano orgullo, pues todos son siempre destacados en la esfera del periodismo en general y en sus muchas vertientes, desde soldados de fila hasta cuadros de la prensa o combatientes internacionalistas, profesores, es decir, los múltiples aspectos en que se desenvuelve la vida, la trayectoria, hay resultados y formar parte de esa cantera grande es un orgullo.

Con la experiencia que acumulas como periodista, y también como profesor de la asignatura, ¿qué consejo das a las nuevas generaciones que se están formando?

-Les aconsejo que siempre hagan su trabajo teniendo en cuenta las realidades que vive nuestro país, siempre caracterizada por un enfrentamiento ideológico al Imperialismo y sus satélites que cada vez son menos porque los pueblos, sobre todo en nuestra región, tienen un despertar y se vislumbran nuevas fuerzas progresistas que son un apoyo mutuo. Y sobre todo poner siempre los pies sobre la tierra, pensar que lo que escribimos es para ayudar al pueblo, a la Revolución. En esa conjunción buscar siempre las mejores soluciones, ir detrás de la noticia, que la rutina no nos mate la iniciativa, buscar aristas nuevas, investigar, confrontar las fuentes de información, no irnos con la primera bola. Hay veces que se piensa que lo dicho por una persona es la verdad absoluta, y muchas veces no es así cuando encuentras nuevas aristas que te ayudan a redondear un trabajo.

Ramón Lobaina continúa activo en la emisora que es para él un segundo hogar donde, además de su labor actual como redactor reportero, pone sus más de 35 años de experiencia en el Periodismo al servicio de los más jóvenes. Es motivo de elogio verlo involucrado en la tarea de transmitir experiencias a quienes optaron por la responsable y hermosa profesión del periodismo.

Lobaina cuenta entre los fundadores del diario Cinco de Septiembre. Graduado de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana, casi siempre le han tocado tareas de dirección. Ese es el precio que deben pagar los profesionales responsables.

Ha integrado el Jurado del Festival Nacional de la Radio Cubana, y expuso una ponencia en el Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación este año en La Habana al que participó como delegado.

Miembro de la Cátedra de Radio del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, es también Profesor Asistente de la Universidad “Carlos Rafael Rodríguez” de Cienfuegos, donde desempeña su labor con estudiantes de Comunicación Social en el Centro Universitario Municipal. Buena noticia para quienes lleguen a ser alumnos suyos.

Manuel Varela: La radio es la que llega más lejos

Manuel Varela: La radio es la que llega más lejos

Llegar a los 80 años es motivo para celebrar. Mucho más si se cumple esa edad con realizaciones, activo y en pie de lucha. Eso le sucede a mi amigo el periodista cienfueguero Manuel Varela Pérez, quien este 26 de agosto celebra sus primeras ocho décadas de existencia.
Manolo, como le decimos con cariño, es un hombre optimista, en ello mucho tiene que ver el espíritu de trabajo que le identifica. Hace más de un año quise entrevistarlo, y por ser tan humilde siempre se me escabullía. Al fin una noche sonó el teléfono y era él para decirme que accedía a mi petición. Lo hizo con toda su entrega y al visitarme dijo: “es que nunca me ha gustado hablar de mí”.
No sé por qué sucede esto, pero casi siempre quienes no quieren hablar de sí mismos son los que tienen algo interesante que contar. Lo confirmé todo cuando conversamos aquella calurosa mañana, y la plática nos sorprendió pasado el mediodía. De las historias reveladas por él me dispongo a publicar algunas relacionadas con su vida en el radioperiodismo.

AC: Al principio de conocerte supe que habías sido maestro. Por eso me asalta una duda: ¿Pasaste del magisterio al periodismo?

MV: Es casi al revés de cómo tú dices. Llegué al magisterio después de estar en el periodismo. Mi aspiración primera fue ser abogado; entré a la Universidad con mil trabajos, como le sucedía a un pobre en esa época, pero mi papá se enferma, no había Revolución y tuve que dejar de estudiar para trabajar y mantener a mi mamá y a mi hermano, ¡y mantenerme yo! ¿Qué sucede entonces? Por suerte también porque conseguir trabajo en aquel momento no era fácil, pero algunos amigos míos lograron que el dueño de la tienda de ropas El Siglo me diera trabajo. Siempre desde que estuve en el Instituto tuve la idea de participar en los periódicos estudiantiles, sinceramente, no porque me interesara mucho el periodismo en aquel momento, sino porque me interesaba participar en la vida estudiantil y los periódicos eran una vía para eso. Entonces teníamos el periódico. Finalmente un día creamos en la antigua emisora CMHJ una radio-revista que se llamaba “El Estudiantado Habla”, donde estaba Esteban Suárez, que después fue locutor de radio, Alberto Farray, Glauco Duque y yo. Nosotros teníamos esa hora en la radio, que era comprada para ese espacio.

AC: El nombre de Alberto Farray me hace recordar a Sergio Farray, quien fue locutor de Radio Ciudad del Mar y de Radio Cadena Habana. ¿Te referías a Sergio, entonces?

MV: Me refiero a Alberto Farray, tío de Sergio.

AC: Gracias por la aclaración.

MV: Y mencioné también a Esteban Suárez, que aparece en la historia de nuestra radio porque fue durante mucho tiempo locutor de Radio Cienfuegos. Algo que debo decirte es que aquella hora en la radio no la manteníamos con espíritu económico, no era para ganar dinero, sino para hablar de la vida estudiantil y también enfrentar algunas cosas que pasaban en esta ciudad y que los estudiantes criticábamos.

AC: ¿Cómo se las ingeniaron para mantener aquel espacio en una radio privada?

MV: Para pagar nuestra hora radial les vendíamos anuncios a los comerciantes. No recuerdo exactamente cuánto pagábamos, pero nos daba para eso y poner algunos anuncios nuestros del “El Estudiantado Habla”, para la autopromoción como revista juvenil al servicio de las causas populares.

AC: ¿En qué año salió al aire aquel programa?

MV: Eso fue alrededor de 1948, por ahí…, un poquito más o menos.

AC: Pero tengo noticias de que también escribías…

MV: Así fue. En aquel tiempo, a la par entonces, a través del periodista Roberto González Quesada, que era jefe de información del periódico El Comercio, empiezo a escribir una sección titulada “Retablo Estudiantil”, que yo firmaba con el seudónimo de “Estudiantico”. Ahí escribía sobre cuestiones sociales de los estudiantes, de la ciudad, protestas estudiantiles, bueno, era algo diverso que salía casi todos los días. ¿Qué pasó? Que eso era un poco anónimo, ¿no?, pero una muchacha descubrió que yo era quien escribía y entonces me dijo: “¿Tú sabes que yo tengo recortados todos los retablos estudiantiles de alguien que se oculta ahí para hablar, y yo creo que eres tú?” Desde entonces decidí no escribir más con el seudónimo y empecé a firmar con mi propio nombre. Esa fue casi la primera vez que el nombre mío sale en la prensa.

AC: Y en cuanto a la radio, ¿hubo más por aquel tiempo?

MV: Por la década de los 40s comencé a escribir comentarios estudiantiles para la CMHJ de Cienfuegos, y que una vez a la semana salían por Unión Radio, pues la CMHJ pasó a ser filial de esa otra emisora que tenía alcance nacional. Y fíjate, Cadalzo, que tuve el honor, de que el profesor Arnaldo Díaz Pérez publicara en La Correspondencia un comentario acerca de mis escritos, diciendo que estaban muy bien, que escuchaban muy bien. En aquella época Arnaldo no era todavía amigo mío; había sido mi profesor en el Instituto de Segunda Enseñanza, pero no teníamos relaciones de amistad.

AC: Entonces imagino que emprendiste nuevas actividades en este quehacer…

MV: Sí. En 1951 comienzo como corresponsal en Cienfuegos de “La Voz del Aire” de la CMCX, del Palacio Blanco de La Habana, que tenía un Noticiero ya de carácter nacional. Hoy guardo como recuerdo los carnés de esos años. A la vez me entero de que existía una Federación Nacional de Corresponsales Voluntarios de la cual yo no oía hablar mucho, que radicaba en la antigua provincia de Oriente. Escribí allá solicitando mi ingreso, diciéndoles de la emisora que yo era corresponsal y entonces me admiten y paso a ser el número 115 de los corresponsales voluntarios del país. El secretario de aquella Federación de Corresponsales Voluntarios de Cuba era Sarmiento, reconocido periodista en el país. En aquel tiempo también colaboré para el periódico La Correspondencia y otras emisoras locales. Hubo dos espacios radiales de matiz político que yo dirigí, que fueron “La Voz de la Ortodoxia”, por la CMHJ y “La Tribuna Ortodoxa” en Radio Tiempo, que pensando en aquello de una revista al servicio de las causas populares también le llamamos a ese segundo programa “Tribuna Juvenil al Servicio de las Causas Populares”. Desde ahí se hacía periodismo, radioperiodismo, un periodismo partidista, orientado hacia la doctrina política de Eduardo Chibás y del Partido Ortodoxo.

AC: Manolo, en todo ese camino recorrido por ti el tiempo fue transcurriendo; me dijiste que eso fue por los años 50s, así que finalmente triunfó la Revolución. Quisiera conocer de los comienzos hasta hoy en esta nueva etapa de la historia cubana.

MV: Pues triunfa la Revolución y continúo colaborando con la prensa. A petición de la dirección de la Revolución en Cienfuegos me piden que colabore con Radio Rebelde. Comenzaba Rebelde su labor, era su directora la compañera Vilma Espín, que le había acabado de entregar a Más Martín  la dirección de la emisora, y allí comienza mi presencia en una emisora nacional de modo permanente. Me mantuve en Radio Rebelde durante toda aquella época. Tiempo después desapareció el noticiero “Información Política” y entonces Rebelde empieza a transmitir “El Rápido de las Siete en Punto”, que necesitaba noticias muy breves. Yo, desgraciadamente, en esa época me caracterizaba por no tener la brevedad que tengo hoy, pero hay una persona en la radio de Cienfuegos que me ayudó muchísimo en eso: Alcides Cuesta Suárez. Ese poder de síntesis para decir en dieciséis líneas muchísimas cosas. El me entrenó en eso, cogía mis trabajos, me sugería cambios, y eso me ayudó a consolidar mi trabajo en Radio Rebelde.

AC: Y de tu labor como maestro, ¿qué me puedes decir?

MV: Al triunfo de la Revolución yo había estudiado en la Escuela Normal de Maestros, era uno de los maestros sin plazas y se crea aquella idea genial de Fidel de comenzar con los maestros a medio sueldo para que todos tuviéramos oportunidad de trabajar, y que fue el inicio de la Revolución Educacional en este país. Entonces simultaneaba con el periodismo; por eso, como te aclaré al principio, no sé decirte dónde comienza el Varela periodista y dónde comienza el Varela maestro y se armó una liga ahí que me ha confirmado en el pensamiento sobre esta simbiosis lograda. El periodista tiene mucho de maestro, y el maestro debe tener mucho de periodista para llevar a los alumnos los conocimientos de forma amena y directa. Así fue hasta que me jubilé como maestro, pero sin dejar el periodismo.

AC: ¿Qué pasó cuando te jubilaste del magisterio?

MV: Al jubilarme de maestro había pocos periodistas, y colaboraba lo mismo para Radio Rebelde que para Radio Reloj, como Radio Ciudad del Mar. Hoy no es así, hay muchos jóvenes recién graduados, una cantidad de nuevos profesionales que han surgido, que son muy preocupados y muy capaces, y traen eso nuevo que identifica a la juventud.

AC: ¿Y…?

MV: Jubilado, tras 34 años de trabajo, ya Radio Rebelde tenía a Mireya Ojeda, quien con el período especial, como muchos otros compañeros y compañeras, pasaron de la prensa escrita a la prensa radial. Fue cuando pensé retirarme de Rebelde,  jubilarme a tiempo completo, como dice la gente “retirarme de verdad”, pero la vida le depara a uno muchas sorpresas; en aquel momento me llamó el compañero Manuel Menéndez Castellanos, entonces Primer Secretario del Partido en la provincia de Cienfuegos, quien siempre fue muy atento conmigo y me dijo: “¿quién le dijo a usted que va a jubilarse del periodismo?  ¡No, hombre, no! Mire, Radio Progreso no tiene corresponsal en Cienfuegos, hace falta que Cienfuegos esté en todas las emisoras del país y hace falta que usted sea el corresponsal de Progreso”. Yo le dije: “Secretario, a mí en Progreso nadie me conoce, ¿qué pinto yo allí?”. Bueno, pasó aquello y como a los tres días me dicen que él quería que fuera a su oficina, y cuando me reúno con él me dijo: “Mire, dice Viñas Alfonso que si usted no recuerda que él fue jefe suyo en Radio Rebelde, y que ahora está en Progreso como jefe de información. Estos son los teléfonos y mañana usted comienza a enviar informaciones. Me dijo Viñas Alfonso que él no tiene que darle explicaciones, que usted sabe cómo se hace eso”.

AC: Entonces no te jubilaste, como me decías, “a tiempo completo”, pero la confianza que depositaron en ti fue un estímulo mayor que estar sentado en casa.

MV: Esos detalles representan mucho para un ser humano. Son cosas que no están en ningún diploma, pero que lo estimulan a uno a continuar trabajando a pesar de la edad. Y lo mismo con los corresponsales de Rebelde como con los de Progreso me llevo de maravillas, ellos tienen muchas deferencias conmigo, todos los años el día de los padres me llaman, lo mismo que a fin de año y no se les olvida mi cumpleaños, aunque no fuera a cumplir 80 como ahora, y eso estimula. Cuando de Progreso me llaman para darme instrucciones, lo hacen con una delicadeza que tal parece  que me están pidiendo un favor, cuando es un deber mío, ¿no? Es mi deber laboral.

AC: Me gustaría que hables de esas otras tareas que realizas y que complementan tu actividad como periodista.

MV: Desde hace un tiempo trabajo con el Gobierno en Cienfuegos para apoyar la divulgación de los municipios; también colaboro con la dirección de Cultura municipal para divulgar actividades, pero más la cultura comunitaria que la del espectáculo, o sea, lo que se hace en las comunidades, que no tiene mucha promoción y son extraordinarias, cosas interesantes en los barrios que no se conocen. También voy al programa “Con Todo Detalle” de Radio Ciudad del Mar, para hablar actividades culturales.

AC: Varias veces he entrado a tu Blog.

MV: De informática y esas cosas no conozco mucho, pero ante la necesidad de que la verdad de Cuba se conozca, pues yo tengo mi Blog “Brújula al Sur”. ¿Por qué ese título? Porque la brújula de la Revolución, de la felicidad, de las realizaciones indica al Sur, no al norte. Lo hago con muchas dificultades, pero ya estoy incursionando también en las Redes Sociales, eso es poco a poco. Ahí quiero hablar de la realidad de Cuba a partir de mis propias experiencias, de hablar de los avances de este país tomando como referencia lo que he vivido. Cómo es que hoy todo el mundo puede estudiar y realizarse.

AC: Como hombre de radio, ¿qué puedes decir a tus colegas?

MV: Lo primero es decirles que no se sientan a menos por ser trabajadores de la radio pues para mí, con perdón de los demás medios, la radio es la que llega más lejos, cuando la gente descansa en la cama, cuando se están bañando, en todo momento. La gente va con su radio receptor a todas partes. A ver, que me digan… ¿qué otro medio puede hacer eso? La televisión y el periódico claro que son importantes; la televisión es impactante, pues la mayor cantidad de conocimientos se reciben por la vista, y esas cosas quedan en los archivos mientras la radio es efímera; haces un trabajo hoy y posiblemente desaparezca a las pocas horas, no conozco mucho de eso, pero me parece que los archivos de la radio no son tan eficientes que digamos, y desaparecen muchos trabajos valiosos, como por ejemplo entrevistas. Y les digo a mis colegas de la Radio que este medio ha sido el baluarte mayor para hacer todas las revoluciones en el mundo.

AC: Por último, un consejo a los nuevos radialistas y aquellos que piensan algún día serlo.

MV: Que es bueno que la Radio se convierta en educativa, pero que piensen que requiere un lenguaje directo. No se puede rodear mucho ni tratar de embellecer mucho las imágenes porque entonces se pierde el mensaje fundamental. No digo que no se use un mensaje bello, pero con el propósito de que la idea central esté ahí. A veces yo mismo lo escucho y pregunto qué me dijeron. No es como el periódico que puedes volver al párrafo anterior. Para mí en la Radio no se puede hacer literatura informativa. Hay algunos espacios para eso, pero no hay que ir a los noticieros a hacer Literatura, para eso hay sus espacios, la forma noticiosa tiene que ser directa para que el mensaje llegue y quede en el corazón de la gente. Y al que no le guste la Radio, que cambie de trabajo y deje ese espacio a otro que sí le guste porque como en todos, hay que hacerlo con amor. Quien no sienta amor por la radio jamás será ni un buen radialista, ni un buen periodista de radio.

AC: Muchas gracias, Manolo, por darme la oportunidad de entrevistarte y te deseo un Feliz Cumpleaños, siempre junto a nosotros tus compañeros y compañeras del radioperiodismo.

MV: Gracias a ti también y al Portal de la Radio Cubana en Internet. Un abrazo.

Con el Benny hoy como ayer

Con el Benny hoy como ayer

Este 24 de agosto Benny Moré hubiera cumplido 91 años. Hace 47 que empezó a vivir de un modo definitivo y más presente en el corazón de Cuba y de quienes le admiran en todo el mundo. ¡Y cada día canta mejor!
El Bardo Lajero es y será en nuestra música popular, su figura más representativa. Además de aquella voz insuperable y capaz de alcanzar los tonos, timbres y modulaciones que le vinieran en gana, continúa siendo el intérprete cubano más versátil. Como aquella pieza que le dedicara Joseíto Fernández: “Elige tú que canto yo”, con el Benny no había arreglo de que no cantara guarachas, boleros, sones, mambos, lo mismo que un Afro y un guaguancó. Si nuestro Bárbaro del Ritmo todavía viviera, con sus 91 años, no tengo la menor duda de que hubiese sido capaz de cantarnos magistralmente cualquier género actual.
Cubano criollo, negro y guajiro de pura cepa, queda mucho por estudiar de esta figura cimera del canto popular cubano. Más allá del Benny como intérprete genial y compositor de talento, está el Benny poeta, el de la décima, el del verso límpido y claro como el arroyo que se desliza entre las palmas en las letras que escribió para muchas de sus canciones. Está el Benny repentista, con esa cubanísima elocuencia sacada quién sabe de dónde, que identifica a lo mejor de nuestra poesía campesina. Está el Benny amigo franco, generoso, con un alto sentido de la amistad y la familia que hace saltar las lágrimas de quienes lo conocieron de cerca, cuando se les pregunta sobre él.
Nuestra Radio Cubana mantiene en muchas de sus radioemisoras espacios dedicados al más integral de nuestros cantantes, y como radialista cienfueguero, en especial, viene a mi memoria el año 1995, cuando contamos con la visita del inolvidable Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, por añadidura uno de nuestros más talentosos y cubanísimos compositores. Aquella vez, conversando con los trabajadores de Radio Ciudad del Mar, él preguntó si teníamos una programación dedicada al Benny, y se le respondió que había un programa de fin de semana. Con su mirada amistosa y firme de soldado de la Patria inquirió cómo era posible que Cienfuegos, la ciudad del Bárbaro del Ritmo, no tuviera un espacio diario dedicado al Benny. Allí, rodeado del afecto de parte de nuestro colectivo, pues su visita fue inesperada, dejó plasmado su parecer en una carta que se conserva en Radio Ciudad del Mar como un tesoro patrimonial de la radio en la Perla del Sur.
El Licenciado Armando Sáez Chávez, entonces director general de Radio Ciudad del Mar y hoy periodistas del semanario Cinco de Septiembre, me dijo textualmente hace poco al respecto de la visita del Comandante Almeida y la figura del Benny: “La visita del Comandante de la Revolución Juan Almeida a RCM en lo personal resultó un privilegio y una experiencia. En ella se puso de manifiesto la sensibilidad musical del autor de La Lupe, pero además su admiración por el Benny. En este sentido, aunque supo que teníamos un espacio fijo, insistió en que merecía mayor dedicación en la programación radial, incluso se comprometió a facilitar discos suyos para enriquecer el acervo de la Emisora”.
Hoy, a la distancia del tiempo, me siento hondamente comprometido y satisfecho al evocar estos nombres que tanto representan para nuestro pueblo. Sin ninguna duda, por saber lo que el Benny representa para nuestra cultura nacional, el Comandante Juan Almeida nos sugirió que jamás dejáramos perder esa herencia que, como provincia que alberga el terruño donde reposan los restos mortales del Benny, por deber, derecho y honor nos corresponde defender.
Hoy como ayer el Benny sigue entre nosotros, y su música la retoman nuevos creadores. Del Benny se aprende cada día. Hoy como ayer su voz, sus inspiraciones y la modestia que lo caracterizaron, vibran al unísono en soneros, trovadores y poetas. Que no haya duda: El Benny cada vez canta mejor.

Roberto Cantoral: Romántico, bohemio, sentimental

Roberto Cantoral: Romántico, bohemio, sentimental

Roberto Cantoral ha muerto. Con su vida se cerró la última página del tal vez más romántico rosario musical que haya dado México durante el siglo XX. Conocimos la noticia el mismo día de su deceso, 7 de agosto de 2010, acaecida en su residencia de Toluca de Lerdo, capital del Estado de México. Ese día su corazón de 75 años se detuvo para siempre. México, Latinoamérica y el mundo entero le dicen adiós a uno de sus más prolíficos compositores quien deja tras de sí un legado que tradicionalmente, desde sus comienzos y hasta nuestros días, todo intérprete romántico – escasos ya, pero que aún quedan – sabiamente incluye en su repertorio.
Roberto Cantoral García compuso boleros tan descollantes como “La  barca” y “El reloj”, concebidos ambos en 1956 y popularizados un año más tarde por el chileno Lucho Gatica. Anteriores y posteriores a estas composiciones son “Te perdono”, “Demasiado tarde”, “Noche no te vayas”, “Yo lo comprendo” y “Soy lo prohibido”. Con la balada “El triste”, hizo su debut triunfal José José en el 2º Festival Internacional de la Canción Latina, de 1970, premiada en Bulgaria en el Festival “Orfeo Negro”. Al año siguiente – 1971 – su pieza titulada “Yo no voy a la guerra” se alzó triunfadora en el Festival de la OTI, victoria repetida en 1973 con la canción “Quijote” en la edición de aquel año del mismo certamen.
Nació en Ciudad Madero, Estado de Tamaulipas, frente al golfo de México. Antes de consagrarse al bolero, alrededor de 1947 fundó junto con su hermano Antonio el grupo “Los Cuatreros” para cantar música ranchera. Pocos años después apareció su canción-huapango “El crucifijo de piedra”, del que Miguel Aceves Mejía hizo una grabación espectacular, y en 1955 vio la luz “El preso Número 9”, incluida en diversos repertorios. Cuando viajó a Ciudad de México formó parte del tío “Los Tres Caballeros”, acompañado de Chamín Correa y Leonel Gálvez, hasta que decidió su carrera como solista, pues además de un compositor genial, desarrolló sus dotes interpretativas, aunque menos reconocidas.
Mucho del mexicano Roberto Cantoral lo unió a Cuba: desde el éxito de sus creaciones, la enorme cantidad de amigos que en nuestro mundo artístico compartieron junto a él tertulias y escenarios, hasta idílicos romances que, una vez terminados, dejaron cifradas una amistad. En su país fue un incansable luchador por los derechos de la propiedad intelectual, llegando a presidir el Consejo Directivo de la Asociación de Autores y Compositores de México hasta el día de su deceso, a la cual perteneció desde hace más de medio siglo. Cinco veces fue nombrado también Presidente del Comité Iberoamericano de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores, conocida por su sigla CISAC.
Fueron incontables los premios y reconocimientos de que fue acreedor dentro y fuera de su patria, todos merecidos por su vocación y entrega, tanto a la creación musical como a la defensa de los derechos de sus colegas.
El mundo del espectáculo, en particular dramatizado, también debe mucho a este ilustre tamaulipeco, quien musicalizó telenovelas memorables como “El derecho de nacer”, “Pacto de Amor” y otras. En octubre del 2008 la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión de México, en la celebración de su aniversario cincuenta, le otorgó el Premio “Antena”, que recibió de manos del Presidente mexicano Felipe Calderón. Distinciones tan relevantes le llegaron de diversos confines, de países como Argentina, Venezuela y Perú, sin dejar de incluir a Yugoslavia, Estados Unidos, Italia y Japón.
Como en la letra de “El reloj”, su canción más popular, Roberto Cantoral García, se fue para siempre; desaparece con su presencia física la persona de un artista romántico, bohemio y sentimental y, lo mismo que la letra de ese memorable Bolero, su presencia espiritual y musical se hará perpetua aunque siempre haya nuevos amaneceres.

Cubanísimo laúd

Cubanísimo laúd

Hace varios días entré a la fonoteca y me senté en la salita de escucha. Fui al apartado de los instrumentales y tomé una cinta con piezas ejecutadas por las guitarras de Miguel Ojeda (Cárdenas, 1921 – La Habana, 2010), reconocido guitarrista y laudista que marcó una impronta en nuestra música campesina. La breve escucha me fue estimulante al tiempo de ponerme a pensar. El sonido del laúd, con ese claro “gemido” oriental – del Lejano Oriente –aplicado a la idiosincrasia del arte y temperamento cubanos, es una de las sonoridades que – con el tres – identifican “lo cubano”. Habría que preguntarse el cómo y porqué de ese fenómeno, de esa feliz adopción que ha hecho del laúd “plato fuerte” en nuestro pentagrama. Cierto que las agrupaciones cubanas de música campesina no pueden prescindir del laúd, instrumento de cuerdas pulsadas, provisto de una gran caja de resonancia. Por supuesto, el laúd tiene una historia muy lejana…
En Europa llegó a convertirse en uno de los más importantes instrumentos musicales durante trescientos años a partir del siglo XV. En el XVI, con la llegada del movimiento barroco, experimentó sus primeros cambios al añadírsele las cuerdas que emiten sonidos graves. Fue cuando empezaron las innovaciones occidentales. También cambió de tamaño; empezaron a fabricarse laúdes de mayores dimensiones con cuerdas más largas; así le nacieron variantes conocidas como la tiorba, el chitarrone y el archilaúd.
Los laúdes típicos del siglo XVIII son de clavijero doblado y mástil ancho, sobre el que hay de cinco a siete cuerdas metálicas con seis cuerdas dobles. La fuerza de la costumbre hace considerar este instrumento como de origen europeo y por extensión ibérico,  aunque lo cierto es que el laúd data de un pasado remoto.
Algunas evidencias remiten su origen a Mesopotamia, región  importante en el desarrollo de la civilización, cuyo centro descansó en ambas orillas de los ríos Tigris y Éufrates. Así que la génesis del laúd pudiera yacer en el siglo III anterior a nuestra era.
Las migraciones desde Mesopotamia llevaron consigo costumbres, hábitos e instrumentos para ejecutar la música. Por eso tuvieron en cuenta andar con el laúd a cuestas, y así llegó a Egipto para desde allá extenderse por todo el Medio Oriente. Los árabes llegaron a estimarlo como el más perfecto de todos los instrumentos musicales entonces conocidos. Su finalidad era servir de acompañamiento a las narraciones que contaban hazañas de guerra. Durante la Edad Media los europeos le tomaron mucha estimación, y fue por aquellos tiempos cuando llegaron los primeros modelos a tierras de América. Pasado un tiempo, la moda del laúd pasó hasta quedar casi olvidado, pero en el siglo XX volvió a interesar a muchos, al extremo de ser retomado para el acompañamiento musical.
Sorprenden los diversos destinos geográficos recorridos por el laúd. En cada lugar adoptó características propias. Por eso hoy puede hablarse de parientes del laúd como el pipa, de China, o el biwa, oriundo de Japón. Dos mil años antes de nuestra era ya había laúdes con cajas de resonancia no muy grandes y mástiles largos; uno de sus modelos era tocado en la Antigua Grecia, el bouzouki, y otro en Japón, conocido éste como samisen. Variantes europeas son la cobza rumana, la mandolina y la mandola medieval.  
Los laúdes de mástil corto aparecieron en el Cercano Oriente a partir del año setecientos antes de nuestra era. Evidentemente, el laúd llegó a la Europa medieval desde la cultura árabe, y era entonces un instrumento de púas con cuatro pares de cuerdas. Llegó a la España ocupada por los moros y más tarde a América tras la conquista; es obvio que la cultura traída a nuestras tierras por los españoles trajo la huella del mestizaje.
En cuanto al nombre del laúd, su antecedente es el “ud” - también “ood” - expresión de origen balcánico, y es en la actualidad un instrumento desprovisto de trastes,  con dos a siete cuerdas dobles, y pulsado mediante un plectro. Al parecer, la castellanización  dio lugar al nombre por el cual lo conocemos hoy.
Pero lo que hace del laúd un instrumento esencialmente cubano – aunque por adopción – es su capacidad adaptativa a las sonoridades cubanas, caso no raro cuando España, país colonizador y componente de nuestra cultura, manifiesta un aire morisco en buena parte de su música; aunque eso no es todo. Si me referí al principio al maestro Miguel Ojeda, hoy debo mencionar a Barbarito Torres (Bárbaro Alberto Torres Delgado, Matanzas, 1956) llamado por muchos el Jimmy Hendrix del laúd cubano.
Barbarito es un virtuoso del laúd; gracias a su talento y capacidad interpretativa, el laúd desbordó su esencialidad campesina para amoldarse a otros géneros igualmente cubanos. Sones, guarachas y boleros, lo mismo que música clásica, tradicional, jazz latino y bossa nova,  toman una nueva dimensión sonora con el laúd y sus ejecuciones magistrales cubanas y universales.  
La capacidad de readaptarse y armonizar con otros instrumentos y ritmos, reafirman al laúd como elemento consustancial de la música cubana tradicional y contemporánea.  

Tía Rosa, la radio y los niños

Tía Rosa, la radio y los niños

La tía Rosa se parece a las fresquitas mañanas. Así lo creen muchos niños y niñas porque ella les amanece cantando de alguna manera. A los pequeñines de Cuba a través de las notas musicales que identifican la sección infantil del programa “Buenos Días” de Tele Rebelde. A los de Cienfuegos tempranito, igualmente de lunes a viernes, cuando la Tía, personalmente, les hace partícipes de su rincón de fantasías, maravillas, sueños  y canciones. Esa relación con el sol no es casual: ella se la ha ganado. Su tema “Amanecer Feliz” fue canción laureada nacionalmente en el Festival Cantándole al Sol. A través de sus programas radiales y presentaciones en público con la participación de sus niños y niñas, le han reconocido un espacio indiscutido en que quehacer artístico, donde van de la mano el sobrado talento, la constancia y ese amor maternal que caracteriza a toda su obra y a su quehacer cotidiano.
Para Rosa Campo Pérez, trabajar para y con los niños es un regalo; son ellos la fuente de sus inspiraciones, los que motivan esas ocurrencias que siguen haciendo de ella la muchachita enamorada de la música que en su Sancti Spiritus natal hizo que su papá le comprase una guitarra. Y es que Rosa tiene un talento innato y sus ocurrencias infantiles diría yo que son canciones sin música, cosas tremendas, como aquello de construirse una guitarra con un viejo palo de poner la bayeta, una caja vieja de talco Alborozo como caja de resonancia y unos cordeles de nylon que su papá utilizaba para pescar en el río Zaza, algo que admiró a Rafael Rodríguez, su primer maestro de música. Y otra guitarra con una tablita de queso crema, a la que le pintó los trastes y las cuerdas. Ingeniosidades tan elocuentes solamente caben en la imaginación de alguien que tiene a las musas como patrimonio personal.
Visitarla, como lo hice recientemente, y oírla hablar, es como empezar uno a sentirse niño de nuevo, porque a la Tía Rosa se le ocurren cada cosas… No se me olvida la anécdota de una noche – me contó – que en Cienfuegos había un apagón, y desde su balcón vio a una persona con una lámpara recargable puesta en la barbilla; aquello proyectaba una luz que le deformaba el rostro. Ella jamás supo quién era aquel sujeto, si hombre o mujer, pero la imagen que proyectaba se le ocurrió como un duende, y tan pronto vino la luz se puso a escribir para la radio sobre aquel personaje.  Lo mismo cuando la asesora Ibis Machado le sugirió de hacer un programa de radio, y ella le dijo: - “¿yo, hacer radio?, ¡si jamás se me había ocurrido!” – Ibis le insistió; Rosa, entonces, su puso a pensar y le dijo: - “¿sabes?, con una ropa vieja de mujer me salió una muchachita llamada Trapina, y con lo que fue un pantalón de hombre se me apareció Retazo. ¿Qué te parecen Retazo y Trapina? Oye, son magníficos amigos”.  
-    “¿Ya ves? – le respondió Ibis. “Y me decías que no aparecerían personajes para la radio”.
Aunque talento le abunda, Rosa se toma muy en serio la radio. Ella estima el medio y le siente gran respeto. No vacila al decir que cada vez que hace radio, lo mismo que al presentarse en público, vive una carga emocional increíble. Eso es normal para una artista que se propone dar – y lo consigue – dar lo mejor de sí con su obra.
Su primer programa en la radio fue “Pensaturno”, acá en Radio Ciudad del Mar, por el año 1993. Dos años más tarde ya estaba en el aire “Amanecer Feliz” para el cual escribió el tema que lo identificó, más tarde laureado y hoy reconocido dentro y fuera de Cuba. En 1997 comenzó “El rincón de la tía Rosa”, donde además de guionista, es conductora. Este programa tiene la particularidad de que los niños participan con ella, y generalmente se basa en los cuentos que narran sus canciones, siempre con una enseñanza, con una moraleja, porque formar futuros hombres y mujeres de bien constituye una meta del arte desarrollado por Rosa Campo.
Es una artista de talla completa. Premiada en varias ocasiones en eventos nacionales, como el Festival “Cantándole al sol” con su canción: “M con a, N con i, Maní”, obra con la cual recibió ocho importantes premios, entre ellos: Premio de composición, Premio de Cultura Comunitaria, Premio de la Radio y la Televisión y Premio a la Cubanía del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana. En 1997 participó en el Tercer Encuentro Taller Internacional de Experiencias de Trabajo con niños y adolescentes efectuado en la Habana; allí presentó muestras de su taller: “Rosa nacida de los niños”, con los temas musicales que hasta el momento había compuesto a los infantes; una de sus canciones, titulada: “Monigoteando” se tomó como tema del evento y para un spot de la televisión.
En el acto inaugural del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, un coro gigante infantil interpretó su canción: “En aras de vivir”. Por petición de la guionista de la compañía infantil “La Colmenita” creo  una institución similar: “La Colmena azul”, posteriormente: Compañía infantil: “Parampampín”.
En 1999, invitada por el Instituto de la Música y acompañando al Coro Infantil: “Solfa” de la ciudad de la Habana asistió a las actividades por el Día del Árbol en la hermana República de Venezuela.  Fue invitada como personalidad de la Cultura al Espectáculo “Cantoría 2000” realizado en el Teatro Karl Marx. Como trovadora participó en la Tribuna Abierta Antimperialista reclamando el regreso del niño: Elián González. En el Festival Nacional de la Radio obtuvo el Segundo Lugar con el programa infantil: “El Rincón de La Tía Rosa”. Asistió como delegada al Primer Congreso de Cultura y Desarrollo realizado en el Palacio de Convenciones, y allí le fue entregado un diploma de asistente y tallerista como autora del tema: “El Rincón de la Tía Rosa”. Su presencia fue grata en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Jalisco, México en noviembre del 2002.
Rosa Campo ha trabajado para la televisión local, el telecentro Perlavisión, como guionista y conductora de espacios infantiles, pero no niega su predilección por la magia de la radio. Promotora de proyectos para niños, compositora, guionista, conductora, excelente intérprete y un ser extraordinario, ante todo, hacen de esta infatigable trabajadora del arte una personalidad a quien se le admira y respeta dondequiera que su obra llega y deja el sello duradero que la identifica.  La Tía Rosa, como todos la llamamos, es Rosa de los niños, de la música, la radio y de toda Cuba.

Locutores hispanoamericanos: Feliz 27 de Julio

Locutores hispanoamericanos: Feliz 27 de Julio

Este 27 de julio los profesionales del micrófono en lengua castellana celebran su día. La festividad culmina una aspiración legítima que se soñó por vez primera en 1952, y es la fecha que estrena ese deseo. Décadas de labor,  quehacer incansable de quienes con sus voces llevan a cada rincón del mundo noticias, mensajes y todo tipo de información.
La locución, legítima heredera de la retórica, nació junto al surgimiento de la radiofonía y es inseparable de ella. A partir de entonces sus precursores, continuadores y estudiosos la han convertido en objeto de estudio; establecieron técnicas y estilos que la dotan de ese rango indiscutible como meritoria, inicialmente consustancial a la radio, y luego a otros medios como la televisión y las más actuales tecnologías.
Ser locutor no es, simplemente, hablar ante el micrófono. La voz, el tono, timbre e intencionalidad integran elementos de la herramienta valiosa que es la voz humana. Sugerir representaciones pictóricas, situaciones y estados anímicos mediante el sonido articulado transformado en ondas sonoras es, ante todo, un sano ejercicio de la imaginación y el intelecto. Por eso la radio – y su principal herramienta, la palabra – sigue siendo el recurso por excelencia para la información y comunicación entre los seres humanos.
Se redime así una profesión cuyos ejecutantes la asumen en lo cotidiano como uno de los más serios compromisos en la orientación y formación de generaciones de ciudadanos en sus países respectivos, y más allá de sus fronteras.
Con esta primera celebración del Día del Locutor Hispanoamericano, se rinde homenaje a hombres y mujeres que como profesionales de la palabra, desde generaciones anteriores hasta las actuales, han sido y son parte de las realidades de su época. Más que el culmen de un propósito merecido y justo, establece el punto de partida para la necesaria labor integradora de los colegas de habla hispana, de intercambios académicos, la superación constante y la tan seria y responsable misión de forjar nuevas generaciones de locutores y locutoras a la luz de los principios éticos y estéticos que hace más de cien años le dieron origen.
A los profesionales del micrófono –  sabemos que cada día serán más quienes de ellos se sumen a la naciente Federación de Locutores Hispanoamericanos - les deseamos renovados frutos en su quehacer, seguros de que su unión multiplicará resultados ya hoy realidades, y muchos otros a los cuales aspiran; convencidos de que el arte de la locución es un quehacer digno y elevado, un mérito humano y social para todos los tiempos.